Se sabe que Clara Royer murió asesinada. Se sabe que la prendieron fuego, que
la rociaron con alcohol y la quemaron viva. Se sabe que el crimen lo cometió un
hombre, pero lo que nunca se va a saber es qué hombre. Lo primero que aparece
en la película francesa La noche del crimen (La nuit du 12) es
una placa negra con letras blancas que advierte sobre eso: el espectador
llegará al final sin saber quién mató a esa mujer. Es un policial. Hay un
crimen, una víctima y un asesino. Pero lo que importa no es conocer la
identidad de este último. El objetivo del filme es otro.
El director y guionista de La noche del crimen, Dominik Moll, dijo
en una entrevista con el portal Cineuropa que su coguionista, Gilles
Marchand, fue quien “se dio cuenta de que el verdadero hilo conductor eran las
relaciones hombre-mujer y lo que no estaba del todo bien en ellas,
vinculándolas a la violencia masculina contra las mujeres”. Sin embargo,
quisieron evitar que ese hilo se sintiera “forzado” y que ellos se vieran como
“un par de hombres de 60 años tratando de unirse al movimiento Me Too y
fingiendo que son modernos”, agregó Moll.
Bastien Bouillon es uno de los actores protagonistas del filme. Su
personaje es el de Yohan Vives, un investigador policial de Grenoble (Francia)
que está a cargo del caso de Royer, un asunto que lo obsesiona y lo persigue
día y noche. Lo termina haciéndose cuestionar su propia masculinidad, sus
actitudes hacia las mujeres. Lo enfrenta a sus propias concepciones y prejuicios.
“¿Y qué si ella mantuvo relaciones con muchos hombres?”, increpa Nanie a
Vives en una escena del filme. El crimen lo cometió un hombre y quienes lo
investigan son también hombres. Por momentos se cuela en sus diálogos e
interrogatorios la idea de “culpar” a la víctima. Por sus vínculos, por sus
actitudes, por andar de noche sola, por confiar... en los hombres.
Bouillon visitó Uruguay para promocionar la película, que se estrena este
jueves 11, y conversó con Galería sobre la trama: los machismos cotidianos
y las consecuencias de llevarlos al extremo. “Esa placa que dice que no se va a
conocer al culpable permite ver otras cosas, abrir otros debates, por más que
uno quiera saber quién es el culpable del asesinato”, reflexionó el actor.
“Pienso que no transmite un mensaje, pero sí viene a traer preguntas. Interroga
no solamente la masculinidad de los protagonistas, sino también quizás la de
personas en la misma sala, en el público. Es una película que hace trabajar la
mente, que genera una continuidad después de su visualización, que dura”,
añadió.
La película parte del asesinato de Royer (Lula Cotton-Frapier), una joven
de 21 años, en la noche del 12 de octubre de 2016. Una noche en la que ella
salía de la casa de su mejor amiga, Nanie (Pauline Serieys), y después de
grabarle un video con su celular expresándole su cariño, fue interceptada por
un hombre encapuchado. Él dijo su nombre, le tiró un líquido inflamable y le
acercó un encendedor. En segundos, la joven salió corriendo mientras ardía en
llamas. Al otro día, la policía encontró su cuerpo calcinado. No hay testigos,
no hay cámaras que hayan registrado el episodio, nadie sabe quién era ese
encapuchado.
Todos los sospechosos del asesinato de Royer son hombres. Casi todos
ellos mantuvieron una relación sexual o afectiva con ella. El autor del crimen
pudo haber sido un trabajador de un bar que engañaba a su novia con ella. Pudo
haber sido un rapero con el que salió alguna vez y que le dedicó una canción
cargada de violencia y misoginia. Pudo haber sido un hombre que se obsesionó
con ella y visitó su tumba cuando ya había fallecido.
“Todos los hombres mataron a Clara”, concluye Yohan Vives en una escena
de La noche del crimen. Agrega que pudieron haberlo hecho todos los que
conoció, e incluso los que no. “Algo anda mal entre hombres y mujeres”, dice. Y
esa última frase lo resume todo.
Bouillon dijo a Galería que, como persona, no tiene “ganas de ir
en contra de esa frase”. “Al contrario, casi la entiendo y, por más terrible
que sea, es algo que refleja bien los problemas sociales que son de hoy y desde
hace mucho tiempo, ancestrales”, resumió. Para él, los casos de acoso, abuso,
maltratos y hasta femicidios en la actualidad quedan “muy evidenciados” en la
escena pública, algo que lograron campañas como la de Me Too, a la que
también aludió Moll. El movimiento surgió en 2017, cuando el diario
estadounidense The New York Times publicó una investigación sobre una
serie de denuncias de acoso sexual contra el productor de Hollywood Harvey
Weinstein. El artículo desató un tsunami de repercusiones mediáticas en todo el
mundo y logró que cada vez más mujeres se animaran a denunciar situaciones
similares. Pero no, el fenómeno no es nuevo.
El actor protagonista de La noche del crimen recordó la felicidad
que le generó el ofrecimiento del papel de Vives en la película de Moll. Lo
entusiasmó el personaje, pero también el “tema difícil” de la trama, que no se
usa “con fines comerciales, sino que se plantea y se cuestiona, se interroga.
No con un análisis superficial, sino desde una mirada más profunda e
interesante”, opinó.
Encarnar a Vives le resultó, además, un desafío a Bouillon. Según él, a
los actores les encanta “brillar, ser grandilocuentes” y mostrar varias caras
de sus interpretaciones. Pero no era eso lo que se buscaba en esta película y
en este personaje. Había que “ser humilde en la actuación, no ponerse en
evidencia y cargar con la historia”, reconoció. Además, el actor sabía que la
trama de La noche del crimen estaba inspirada en un hecho real, que
incluyó la escritora francesa Pauline Guéna en su novela 18.3 – Un año en la
Policía. “Debíamos, en cierta forma, rendir homenaje. Por eso elegí ser
recto con mi palabra pero sin ser aburrido”, comentó.
El resultado es un personaje que, si bien dirige una investigación de
suma importancia, muestra un perfil bajo. Pide ayuda, confía, incentiva el
trabajo en equipo y, sobre todo, se deja interpelar. En Vives, el espectador
encuentra una sensibilidad llamativa. Lo atraviesan las palabras, los
testimonios, los hechos. Una vulnerabilidad que de a ratos hasta pareciera
jugarle en contra en su rol de investigador.
Repercusiones. La noche del
crimen se proyectó por primera vez en la edición 75 del Festival de Cannes en
mayo de 2022 y tuvo una muy buena recepción por parte de los críticos de cine.
En febrero de este año, la película triunfó en los Premios César de la Academia
Francesa y se llevó seis premios: Mejor película, Mejor dirección para Dominik
Moll, Mejor guion adaptado, Mejor sonido, Mejor actor secundario para Bouli
Lanners y Mayor revelación masculina para el protagonista, Bastien Bouillon.
El personaje de Lanners en la película es muy cercano al de Bouillon.
Interpreta a Marceau, quien acompaña a Vives en gran parte de la investigación
y con quien mantiene diálogos que contribuyen a esas reflexiones sobre los
vínculos entre hombres y mujeres. Los dos actores y sus personajes logran una
perfecta armonía entre lo impulsivo y pasional que sienten desde su lado
humano, y lo fríos y racionales que tienen que ser en su trabajo. El vínculo
entre ambos acaba transformándose casi en una amistad.
Bouillon
recibió el premio César como “un honor”. “Es una película a la que le debo
mucho y con la que me siento en total adecuación, tanto desde el punto de vista
artístico y político como desde lo humano”, dijo a Galería. Además,
comentó que en Francia ya superó el millón de espectadores y que todo el
reconocimiento, “desde un punto de vista pragmático”, se traduce en “trabajo
que va a llegar”. Los resultados están a la vista: Bouillon anunció que dentro
de poco tiempo comenzará el rodaje de una biopic del expresidente
francés Charles De Gaulle, en la que tendrá un rol de reparto.