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Guzmán Acosta y Lara: “Es la primera elección en la que creo que hay una oportunidad histórica para el Partido Colorado”

Nombre: Guzmán Acosta y Lara Edad: 53 • Ocupación: Abogado, director nacional de Telecomunicaciones y Servicios de Comunicación Audiovisual del Ministerio de Industria, Energía y Minería • Señas particulares: Le encantan las plantas y el contacto con la naturaleza; tiene una perra llamada Lara con la que está “fascinado”

Su padre, también llamado Guzmán Acosta y Lara, fue tres veces diputado por el departamento de Durazno, ¿usted lo acompañaba en su actividad política? Sí. Y él me anotó en Durazno, nací allí, pero viví en Montevideo. De chico acompañaba a mi padre en la época de la dictadura. Él iba mucho al interior, además, porque era ingeniero agrónomo.

¿Qué recuerdos tiene de esa época? En aquellas reuniones durante la dictadura, que eran clandestinas, yo a veces participaba. A mí me daba intriga, con ocho o nueve años, por qué esa gente hablaba bajito, a escondidas. Conocí a muchos políticos que iban a mi casa y después entendí quién era Julio María Sanguinetti, quién era Jorge Batlle.

¿Cuándo empezó a militar? Empecé en 1983, pero cuando más milité fue a partir del 89 o 90. Después me integré al grupo de Washington Abdala en el 94. Pero perdí a mi padre de muy joven, a los 18 años. Yo era el mayor, mi hermano tenía 16, y mi madre era una exfuncionaria pública, jubilada. Entonces tuve que salir a trabajar y al mismo tiempo estudiar.

¿Su madre también se involucró en política? Sí. No solo trabajó con mi padre desde muy joven, sino que además fue secretaria de varios legisladores. Y en su momento me dijo: “Si te gusta tanto la política, ¿por qué no vas a Durazno a hacer actividad, que allí tu apellido por lo menos es conocido?”. Y empecé a ir. Me casé por primera vez en 1997 y empecé a ir a Durazno con 27 años. Solo conocía el Centro y a dos amigas de mi madre, no tenía vínculo con la sociedad. Mi idea era armar un estudio jurídico, y para eso fui a la casa de una vieja correligionaria, le alquilé un zaguán, iba los viernes de mañana y estaba todo el día. De noche me volvía en ómnibus. A los tres meses ya empezó a sonar mi nombre en Durazno. Después fui a hablar con algunas personas que conocían a mi padre con la idea de armar un grupo de jóvenes para tratar de estar en la Junta Departamental. Esa era la aspiración en ese momento. El tema es que cuando uno se mete en esto nunca sabe dónde termina. La vida tiene muchas sorpresas.

¿Qué sorpresas se llevó? Era la primera vez que había elecciones internas en Uruguay, en abril de 1999. En el 97 yo había empezado a ir a Durazno y nunca pensé que esto iba a crecer. Al tiempo ya éramos más que un grupito de jóvenes y decidimos participar en la interna. Gané por 650 votos la elección y fue algo del destino. Mi padre era de Montevideo y Luis Batlle lo mandó a Durazno también con 27 años. En el año 58, él también ganó la elección por 650 votos. ¡Es increíble! Por eso yo metí para adelante.

Tuvo un momento en el que se alejó de la política. Sí, sí. En 2005 y durante tres años. Antes de eso yo de lunes a jueves estaba en el Parlamento y de jueves a domingo en Durazno. En mi juventud todos salían, iban a bares y yo no sabía ni de qué me hablaban. Hacía una vida de viejo, que no era para un chico de 29 años. Después me divorcié, volví a Montevideo y dije: “Tengo que rehacer mi vida”.

¿Cómo surgió la idea de formar la nueva agrupación Viento de Cambio? Cuando pasó todo el lío del Ministerio de Turismo, donde hubo cosas en el sector que no me gustaron, fui a hablar con Sanguinetti para decirle lo que nadie se animaba: que me parecía que tenía que dar un paso al costado para no entorpecer la renovación. Al viejo no le gustó nada. Un grupo de gente que yo había reclutado en la elección me acompañó y empezó una guerra política feroz en el partido, porque yo soy el que está en contra de todo el resto. Todos están poniendo velitas al señor (Pedro) Bordaberry para que venga, y yo creo que si viene vamos a ser más de lo que fuimos hasta ahora. Es la primera elección en la que creo que hay una oportunidad histórica para el partido. Primero, va a ser una elección en la que, esta vez, no va a estar Sanguinetti, esperemos. No está Jorge Batlle. Tampoco van a estar los pesos pesados de la política: ni (José) Mujica, ni (Danilo) Astori, ni (Tabaré) Vázquez, ni (Luis) Lacalle Pou, ni (Luis) Lacalle Herrera. Es una elección en la que en la cancha somos todos aprendices, no hay ningún peso pesado.

¿Hoy sus hijos, María Elina (11) y Guzmán (8), muestran algún interés en la política? María Elina sí. Le dice a todo el mundo: “Papá va a ser candidato a presidente”, y yo a veces le digo que baje el perfil. Ella quería ayudar en la elección de jóvenes y yo le explicaba que era de 14 años para arriba. Las reuniones las hicimos en el parrillero de casa y ella quería participar. Yo le decía que no y me contestaba: “Me estás discriminando”. ¡Empoderada! (Se ríe). Es un personaje.

Además de la política, otra de sus aficiones son las plantas. Las cuida... ¿y hasta les habla? Sí. Las voy cuidando y florecen. Me gusta mucho el tema del contacto con la naturaleza, es una terapia personal. Cuando ando medio ahí me pongo a cortar el pasto o a podar alguna planta.

¿Qué rol ocupa Lara, su perra, en el hogar? Yo no era muy bichero. Es más, me crie en apartamento y no éramos mucho de tener animales. Maju (María Jesús Villagrán), mi mujer, sí, era de tener gatos, perros. En la pandemia nos mudamos a una casa en Pocitos y un amigo que tiene una protectora de animales nos ofreció a Lara. Realmente estoy fascinado, no solamente por su vínculo con los chicos, sino por el vínculo que generó conmigo. El que más me sorprendí fui yo. Es una chow chow negrita, cuando la encontraron le habían quemado toda la espalda y tenía un ojito medio ciego. Yo llego a casa a distintas horas porque me voy de gira y la que me espera en la puerta cuando llego es Lara.