N° 2024 - 13 al 19 de Junio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstaba por concluir el último partido de Liverpool por la Premier inglesa del año 2014. Un defensa del Newcastle golpea a Luis Suárez, que queda en el piso tomándose la rodilla izquierda con un gesto de dolor en su rostro. Pocos días después viajó a Montevideo para sumarse al trabajo de nuestra Selección, que se preparaba para el ya inminente Mundial de Brasil. Pero en una práctica se resintió de aquella lesión y el cuerpo médico informó que tenía dañados los meniscos de la rodilla izquierda y debía ser operado de inmediato. Con el Mundial ya a la vista se pensó que su tiempo de recuperación lo dejaría al margen del torneo. Igual Tabárez incluyó a Suárez en la nómina mundialista, sin saber si podría finalmente contar con su concurso. Pero su inquebrantable voluntad y las manos mágicas del kinesiólogo Walter Ferreira obraron el milagro. Y aunque no llegó a tiempo para el partido inicial (derrota 1-3 ante Costa Rica), sí pudo hacerlo en el siguiente, marcando dos golazos inolvidables para la victoria ante Inglaterra. ¡Habían pasado apenas 28 días desde aquella operación!
Casi al cierre de la actual temporada en el Barcelona, Luis denunció tener problemas en una rodilla, ahora en la derecha. Tras los exámenes médicos de rigor se comprobó que tenía una lesión en el menisco interno, y finalmente el pasado 9 de mayo se le practicó una artroscopia. Hubo lamentos de su equipo, pues faltaría a los últimos partidos de la Liga (que ya era suya), pero más aún por su ausencia en la final de la Copa del Rey ante Valencia, la que finalmente perdió. Obviamente, la noticia también caló muy hondo en el Complejo Celeste por la cercanía del comienzo de la Copa América y el lógico temor de que no se pudiera contar con él en tan importante competencia.
Pero la otra noche —ya recuperado de su lesión y entre un mar de aplausos de las tribunas? Luis Suárez volvió a pisar la verde gramilla del Centenario, en el auspicioso partido despedida de nuestra Selección antes de marcharse a Brasil. Y le bastaron apenas tres minutos en cancha para renovar su íntimo idilio con las redes adversarias, anotando un verdadero golazo de tiro libre. Al igual que lo ocurrido previo al Mundial de Brasil, también ¡a 28 días de la operación!
¿Por qué este introito? Por la increíble demostración de entrega y sacrificio del salteño por la causa celeste, recuperándose en tiempo récord de su última lesión, para conformar en la próxima Copa América la clásica dupla ofensiva con su compadre Cavani (cuando esto no pudo concretarse en algún evento importante, la suerte celeste se vio seriamente afectada). Pero además, porque por simples razones etarias, este torneo puede ser uno de los últimos en que esta generación de excelentes futbolistas —varios bastante arriba de los 30 años? pueda darnos algún nuevo título importante a escala internacional.
Ocurre también que en esta oportunidad, a diferencia de otras anteriores, este plantel celeste cuenta con una camada de jóvenes futbolistas que pueden aportarle a la sólida base ya existente, mucho de lo que se le viene reclamando a las últimas formaciones del Maestro Tabárez. Por esta razón, pensamos que es el momento justo para que este fructífero ciclo de 13 años del Maestro al frente del proceso de selecciones pueda darnos algún título más, aparte del único que en definitiva se obtuvo en dicho lapso, en la Copa América del 2011 en Argentina.
¿Somos favoritos para esta nueva edición, como muchos sostienen? Sabido es que a los uruguayos no nos gusta que se nos adjudique esa condición (preferimos ser más “punto” que “banca”), pero no puede dejar de reconocerse que, en teoría, tenemos una buena chance de quedarnos con el título. En ocasiones como la presente —cuando el tiempo de preparación de todos los participantes del certamen fue inusualmente exiguo—, la extensísima continuidad de Tabárez al frente de las selecciones nacionales puede marcar una diferencia en nuestro favor. Es que muchos contendientes están atravesando una etapa de renovación, que suele ser sinónimo de inestabilidad en el rendimiento colectivo. Salvo Brasil (aún con la importantísima ausencia de Neymar), los técnicos de los demás aspirantes al título no parecen tener una formación más o menos estable que en lo previo pueda garantizarles un adecuado funcionamiento. En cambio, nuestra Selección tiene una base ya consolidada durante un tiempo bastante largo, conformada por 6 o 7 jugadores de probadas experiencia y jerarquía, lo que facilita grandemente la inserción de otros nuevos en la oncena probablemente titular. Quizás sea precisamente este el aspecto diferencial que —en opinión de muchos— nos coloque, en lo previo, algún escalón por encima del resto de los participantes.
Favoritos o no, estamos pues en condiciones de poder reconquistar la Copa América. Es que han aparecido últimamente varios jóvenes futbolistas “de buen pie” que, potencialmente, pueden aportarle a nuestra Selección lo que le faltara en estos últimos tiempos. Como ya lo hemos dicho en algunas columnas anteriores, la presencia simultánea de Bentancur, Torreira, Valverde, Nández y Pereiro en el sector central de la cancha (sumados a Vecino y De Arrascaeta, ambos ya con un rodaje mayor) renueva nuestro optimismo de que, por fin, pueda estructurarse un circuito de pelota bien jugada y de una adecuada proyección ofensiva, que permita sacar el máximo provecho de una dupla goleadora, como muy pocas veces la ha tenido una oncena celeste, y que ciertamente envidian nuestros rivales.
Tenemos además un golero muy experiente y dos zagueros centrales que figuran entre los mejores del mundo. Ya es hora pues de que la reconocida sapiencia de Tabárez pueda lograr de una buena vez lo que antes no ha podido, o sea sumarle a esa sólida base un fútbol más cuidadoso del balón y más prolijo en el armado del juego ofensivo, así como una mayor y mejor utilización de las dos franjas laterales del ataque. De ese modo podremos diversificar las vías de llegar al gol, de modo que no sea solo por la autogestión de Suárez o Cavani, la mutua asistencia entre ambos o las jugadas de pelota quieta en el área rival buscando la cabeza salvadora de Godín o de Giménez.
La reciente despedida ante Panamá —aparte del cálido mensaje de afecto y de confianza del público— fue una clara muestra de que ese cambio es posible, y que efectivamente podemos dejar de “jugar a nada”, como ironizó el Maestro en una reciente conferencia de prensa. Es más: somos de la opinión de que el chico Valverde, ausente en Rusia, acaba de demostrar que es el futbolista más indicado para liderarlo. Desde el próximo domingo —otra vez con Ecuador como rival— podremos comprobar si tiene fundamentos sólidos ese favoritismo previo que algunos nos adjudican.