—Como arquitecto, ¿le gusta Montevideo?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Es una ciudad hermosa, arbolada, ventilada, con vistas panorámicas, con una arquitectura muy agradable y una linda escala. Pero en general pasan los años y en el país no hay grandes cambios.
Tengo una gran expectativa en el desarrollo de Punta del Este como ciudad; como destino de segunda residencia está perimido. Su origen fue ese: familias acaudaladas de Argentina y de Montevideo que iban a vacacionar. Tres días después de que terminaban los cursos escolares llegaban la señora, los nenes, la suegra y los perros a quedarse hasta tres días antes de que empezaran las clases. Y el marido viajaba semana sí, semana no. Eso se terminó hace bastante tiempo. Después los argentinos empezaron a vacacionar un mes al año, y ahora están 10 días. Cambió la lógica económica también: tener una residencia para esa cantidad de días al año es muy oneroso, se llega y el calefón pierde. Y sin embargo tenemos una Punta del Este increíblemente hermosa —es uno de los lugares lindos del mundo—, con una infraestructura maravillosa, pero que está vacía de contenido. Debe haber 40.000 viviendas que están completamente vacías durante 330 días al año, y atrás 40.000 señores y señoras que todos los meses pagan la Contribución Inmobiliaria, los impuestos municipales, las expensas comunes, el jardinero, el casero. Es un despilfarro increíble.
—Entonces, ¿en qué decantará el balneario?
—Va a terminar convirtiéndose en una ciudad donde la gente quiera vivir. Lo único que le falta es que haya fuentes de trabajo.
—¿Imagina eso a corto plazo?
—Sí. En este momento estamos con un proyecto diferente para Punta del Este, que es el World Trade Center (WTC). Vemos que toda la actividad económica está con una infraestructura muy mala; empresarios, profesionales, corredores de seguros, escribanos, abogados, contadores, odontólogos están todos instalados en locales comerciales que no son pensados para que se desarrolle en ellos una actividad de servicios; son para vender productos.
Por otra parte, los talentos de las empresas del conocimiento que trabajan para el mundo —y que no tienen por qué estar localizadas en ningún lugar en particular—, después de trabajar las horas que correspondan van a bajar por el ascensor con su tabla de surf y se tirarán por el Emir. Hay una cantidad de condiciones muy atractivas. Le tengo mucha fe a ese desarrollo.
—¿En qué etapa está el emprendimiento?
—Estamos preparándonos para empezar las obras el año que viene y llevarán 30 meses. Es una inversión de unos US$ 40 millones. Es un edificio de características como las de las torres del WTC, con vista sobre el puerto.
—Es un momento complejo para invertir. ¿Hay interesados?
—No se vendió todo lo que esperábamos, pero le estamos dando un giro que permitirá empezar la obra inmediatamente. Estamos superentusiasmados y tenemos mucha fe de que será la puntita de la madeja para otros proyectos.