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    “El embajador”

    He leído con sorpresa, indignación y pena, lo expuesto en la columna de Raúl Ronzoni que, bajo el título “El embajador”, se refiere al Instituto Artigas del Servicio Exterior y a las resoluciones del Poder Ejecutivo referidas a un pretenso director de esa institución, en la edición de ese semanario del 21 del corriente.

    Siento sorpresa, y realmente, no salgo de mi asombro, al tomar conocimiento que el señor canciller firmó y le hizo firmar al señor presidente de la República, resoluciones en las que se incurre en falsificación ideológica al atribuirle a un contratado la doble condición de embajador y de director del IASE que, claramente, no investía.

    Se trata de algo sin precedentes y de particular gravedad que da la pauta de la forma en que se manejan estos temas en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

    Siento indignación por el ridículo en que se hace caer a nuestro servicio exterior con este tipo de disparates administrativos frente a las autoridades de los países con los que tomó contacto el designado.

    Es claro que ha trascendido internacionalmente que ese señor, que concurrió a esos foros, no tenía la doble investidura que se le asignó y yo pregunto: ¿qué concepto puede tener, por ejemplo, el director del Instituto Barón de Rio Branco, o sea la Academia Diplomática del Brasil, de un Ministerio de Relaciones Exteriores que efectúa este tipo de designaciones en forma tan inapropiada?

    Y siento pena al observar que el IASE, al que le prodigué, durante varios años, mi esfuerzo, sea descuidado como lo está siendo en el actual período de gobierno, generando, entre otras cosas, dudas sobre el carácter impoluto que debe tener el concurso de ingreso al servicio exterior.

    A principios de la década de los setenta, el Dr. José Antonio Mora Otero que se desempeñaba como canciller de la República, me llamó a su despacho y me informó que me había designado director de los cursos de especialización y capacitación de los funcionarios de ese Ministerio. Cuando reaccioné, con sorpresa, me dijo: “Lo he seleccionado porque usted es profesor de Derecho Internacional y Derecho Diplomático en la Facultad de Derecho y porque considero fundamental prestigiar al Instituto Artigas del Servicio Exterior, que está anquilosado y que no cumple con su rol fundamental: seleccionar por concurso a los nuevos funcionarios diplomáticos y mejorar su capacitación”.

    Y agregó: “Si queremos tener un eficiente servicio exterior tenemos que seguir los pasos del Instituto Barón de Rio Branco del Brasil, o de la Academia Diplomática del Perú y para eso debemos dinamizar al IASE”.

    Acepté esa responsabilidad con entusiasmo y encaramos, de inmediato, cursos que por falta de un local adecuado (la parte actual del edificio que ocupa el IASE estaba en construcción), se dictaron con la participación de profesores como Heber Arbuet Vignali y José Luis Bruno, en un salón cedido por el Club Juventus.

    Más tarde, fui designado subdirector de ese Instituto y luego director del mismo. En esos años, los cursos del IASE fueron dictados por profesores de indudable prestigio. Pasaron por sus aulas no sólo los mencionados anteriormente, sino Gilberto Prat de María, Eduardo Jímenez de Aréchaga, Manuel A. Vieira, Didier Opertti Badán, Héctor Gros Espiell, Paul Arrighi, Raúl Burghi, Carlos Real de Azúa, Washington Reyes Abadie, Alberto Methol Ferré, Jorge Tálice, José Claudio Wilwliman, Milton Cafaro, Felipe Paolillo, Julio César Lupinacci, Álvaro Álvarez, Manuel Lesa Márquez, Baltasar Brum, Roberto Puceiro y muchos otros que mi memoria no ha podido retener.

    Pero además, y sobre todo, durante el período en que cumplí funciones como director del IASE, se instaló, por primera vez en la historia de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, el concurso para el ingreso en el grado inferior del escalafón diplomático, de los nuevos funcionarios que hasta hace poco tiempo se realizaba con total transparencia y cristalinidad.

    A esta altura considero que el pensamiento del Dr. Mora Otero está más vigente que nunca. Si queremos un servicio exterior eficiente no sólo debemos seleccionar a sus integrantes, por las vías del concurso, efectuado con todas las garantías necesarias, sino además capacitarlos con excelentes programas y con los profesores más indicados.

    Para eso hay que dotar al IASE de directores con experiencia y capacitación, tomando en cuenta además, que el que asuma esa responsabilidad nos va a representar en las reuniones que periódicamente se realizan entre las academias diplomáticas del mundo y, obviamente, lo que no se puede hacer, porque ello significa poner en ridículo a nuestro país, es enviar a esos foros, como embajador y como director de ese Instituto, a alguien que no posee las investiduras que se le atribuyen.

    Dr. Edison González Lapeyre

    CI 662.864-2