• Cotizaciones
    jueves 12 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    ¡El tiempo: siempre el tiempo!

    Sr. Director:

    El tiempo es tema central en la vida del hombre (macho y hembrea).

    Central y muy difícil de manejar.

    Pasamos una parte importante de nuestras vidas corriendo atrás del tiempo. Nunca nos alcanza, pasa rápido y nos tiene permanentemente estresados (o hacemos que estamos ocupadísimos, con lo cual, de una forma u otra, nos domina).

    Al final, llega una etapa en que el tiempo nos sobra y nos pesa. No sabemos qué hacer para sustituir aquel tiempo en el que no sabíamos cómo parar. Las horas nos pesan y los días se hacen larguísimos.

    Nunca tenemos el tiempo que deberíamos (o querríamos) tener.

    ¿Sí?

    ¿O no será, más bien, que nunca manejamos el tiempo que podríamos tener?

    Ahora estamos en una realidad completamente anómala y que nos pescó de sorpresa: de sopetón nos sobra el tiempo, cuando no debería y no hay nada (o mucho) que podamos hacer al respecto.

    Esta peste tiene como una de sus consecuencias –de lejos, la mejor– que nos llenó la vida de tiempo.

    El primer reflejo defensivo va por el camino de las “di”: diversión y distracción. Las dos palabras tienen raíces etimológicas con un sentido de alejarse de la realidad.

    No está mal y las muestras de inventiva, imaginación y humor que recibimos casi que minuto a minuto son geniales y muy bienvenidas. Ciertamente mucho mejor eso que el atore de noticias, informes, consejos y advertencias sobre el coronavirus, a cada cual más pálido, que nos tiene paspados. Por lo menos a mí.

    Ahora, si hay algo que sabemos a ciencia cierta en medio de tantos temores y angustias, es que esta desgracia va a pasar.

    Entonces, hace sentido pararse a pensar si no es de cajón que, junto a concentrarnos en las medidas de prevención y en estar dispuestos a ayudar a los demás, no deberíamos meditar un minuto acerca de si cuando todo esto termine yo soy el mismo. Salvo que me crea un fenómeno, habré desaprovechado una oportunidad que –ojalá– no se repetirá en el resto de mi vida. Salvo que me crea Gardel con bigotes, si de este terremoto yo salgo igual a como era, habré sufrido al ñudo.

    Tener tiempo en las manos cuando todavía lo podés usar provechosamente, con futuro por delante, es algo único.

    Entonces, ¿qué?

    Pues, usar una parte de ese tiempo para pensar. Pensar, no distraerme. Pensar.

    ¿Y pensar en qué?

    En todo lo que hasta ahora nos “da cosa” pensar. En todo aquello que no sabemos por dónde empezar a pensar.

    Empezando por mí. Pensar un poco sobre mí (que probablemente no lo hago desde que era adolescente). No sobre lo que tengo y lo que hago, temas que, seguramente, ocupan mis breves momentos de reflexión, sino sobre lo que soy.

    ¿Qué diablos soy? ¿Y para qué? ¿Cómo soy? No como soy de canchero o de exitoso: cómo soy como persona: para los demás, para mis próximos, para la sociedad. ¿Cuáles son mis valores? ¿Qué me mueve? Más allá del movimiento mismo.

    San Ignacio propone este ejercicio como práctica diaria y pieza clave de su espiritualidad. Capaz que para el común de nosotros eso es un poco mucho, pero aprovechar este parate forzado es la mejor manera de ganarle al tiempo.

    Para el cristiano, además, el tiempo en que discurre esta peste coincide con la Cuaresma: tiempo de oración, penitencia y caridad. ¿Qué más propicio para aprovechar nuestras horas de quietud forzosa?

    No la pedimos. No la queremos. Ojalá dure lo menos posible. Pero mientras dure, saquémosle el fruto que está a nuestro alcance

    Carpe diem.

    Ignacio De Posadas

    // Leer el objeto desde localStorage