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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCasa de Galicia y la Seguridad Social uruguaya.
Pues, en varias cosas:
Ambas llevan años de persistente deterioro financiero.
A pesar de que eso rompe los ojos, muchos no lo quieren ver. Algunos por ser como el avestruz, pero otros agravan la cosa con fábulas ideológicas, tanto referido a las causas de los problemas (siempre culpa de otros), como a las soluciones (siempre responsabilidad de otros).
Mientras tanto, nada se hace (avestruces) o se hace en contra (teros), como en esto de los anuncios del PIT-CNT: ya resolvieron que van a juntar firmas contra la reforma de la seguridad social. ¿Cuál reforma, si ni siquiera hay un borrador articulado? No importa. Lo que importa es oponerse.
El descalabro de Casa de Galicia es algo dramático y tristísimo: una tragedia, que afecta a miles de personas, entre pacientes, socios, y funcionarios, con todo el dolor que implica para ellos y para sus familias. Pero es también, en cierto sentido, un fracaso para la sociedad uruguaya en su conjunto. Algo construido por nuestros antecesores, con tesón y solidaridad, que no fuimos capaces de mantener.
Ahora, todo eso será pálido comparado con el desenlace que nos espera en la seguridad social, si continuamos por el camino de la negación, de la mitología ideológica y de la miopía egoísta de las dirigencias sindicales (y, algunas, políticas).
Referente a esto último, es increíble la ceguera de la dirigencia frentista: sus adversarios anuncian que se juegan a reformar el sistema, algo a la vez impopular y de resultados diferidos, que significaría para el Frente sacarse un bruto peso de encima si tienen éxito en las propias elecciones. Y no lo quieren aprovechar. Eso tiene la demagogia, siempre es cortoplacista.
Cuando se largue la campaña contra la reforma (sea cual fuere), con mentiras y fantasmas, recordemos —sobre todo recuerden los jubilados y aquellos cercanos a jubilarse— lo que pasó con Casa de Galicia: por creerle a pusilánimes, demagogos y otras subespecies de inútiles, gremiales y políticos.
Ignacio De Posadas