N° 1729 - 05 al 11 de Setiembre de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, enfatizó que Uruguay está “preparado” para enfrentar un período de “enorme volatilidad e incomprensión de los mercados financieros”, como consecuencia de las acciones que en los próximos meses va a realizar la Reserva Federal (FED) de los Estados Unidos.
Desde el punto de vista financiero, es difícil discrepar con la afirmación del ministro Lorenzo. Por un lado, tanto el actual como el anterior gobierno fueron acumulando un nivel sustancial de reservas internacionales a un costo no menor dadas las tasas a las que se pueden colocar las mismas en relación al costo de la deuda que se tuvo que colocar para hacer “caja”. Por otro lado, la gestión de la deuda pública realizada por ambas administraciones del Frente Amplio ha logrado extender los plazos promedio de la deuda así como conseguir una desdolarización importante de la misma, lo que elimina cualquier tipo de urgencia financiera a nivel de la deuda pública por varios años. Finalmente, la situación del sistema financiero local es hoy infinitamente más sólida que la vigente en anteriores momentos de shocks externos negativos recibidos en el pasado.
La combinación de un alto nivel de reservas internacionales, un menor nivel de deuda pública con un perfil a su vez mucho más favorable tanto en términos de plazos como de monedas, y un sistema financiero doméstico mucho más sólido, hacen que sea virtualmente imposible pensar en una repetición de una crisis como la que el país padeció en el año 2002.
Desde el punto de vista económico, sin embargo, será inevitable que se sientan las consecuencias del cambio negativo en los flujos de capitales hacia los mercados emergentes en general y hacia la región en particular. Por lo pronto, el nuevo contexto internacional implicará la necesidad de una corrección de los precios relativos (caída de los precios, salarios y costos internos medidos en dólares), que será tanto o más importante cuanto mayor sea el ajuste a nivel de la región y cuanto más caigan los precios de las materias primas.
Cuanto más se demore el ajuste de los precios relativos, mayor será la desaceleración que tendrá el nivel de actividad, así como el deterioro del mercado de trabajo (vale la pena señalar que las cifras de julio ya muestran el mayor nivel de trabajadores en el seguro de paro desde noviembre de 2002, aunque hay que señalar que el número actual de cotizantes del BPS es mayor al de aquella época).
Con la política salarial fuertemente indexada y con la política fiscal que sigue manteniendo un sesgo expansivo, la tarea de corregir los precios relativos se vuelve mucho más complicada, especialmente en un contexto donde la tasa de inflación se ubica bastante por encima de las metas oficiales, así como las expectativas de inflación de los agentes económicos. Es que sin ayuda de la política fiscal y de la política salarial, la necesaria suba del tipo de cambio para ajustar los precios relativos en el corto plazo tendrá impactos negativos mayores sobre la inflación, algo que quizás el gobierno no esté dispuesto a tolerar.
Es por ello que si bien es indiscutible que desde el punto de vista financiero Uruguay está preparado para enfrentar las consecuencias de la reversión del flujo de capitales generada por la expectativa de que la FED va a comenzar a reducir el actual nivel de estímulo monetario, desde el punto de vista económico no puede decirse lo mismo. En cuanto a la política fiscal, al no haber ahorrado en la época de las “vacas gordas”, no existen márgenes en la actualidad como para tomar medidas “contracíclicas”, sea para mitigar la desaceleración del nivel de actividad, como para ayudar a contener la inflación o acelerar la mejora de la competitividad y la recomposición de precios relativos. Además, dada la rigidez del gasto público, el menor crecimiento que razonablemente hay que esperar a futuro de la recaudación no hará sino agravar la situación de las cuentas fiscales.
En el caso de la política salarial, parece virtualmente imposible pensar en el tipo de desindexación de los salarios que sería necesaria para hacer menos costoso en términos de nivel de actividad el inevitable proceso de ajuste de precios relativos.
Aunque sin las urgencias financieras de otrora, los próximos trimestres van a ser crecientemente complicados para la economía uruguaya. Tanto más complicados, cuanto más persista el gobierno en seguir aumentando el gasto público (por más que a corto plazo lo pueda pagar con la “caja” acumulada) y cuanto más se aumenten los salarios nominales.