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Se canceló el primer concierto del ciclo sinfónico de la Ossodre, previsto para el sábado 22 de febrero, “en virtud de las medidas adoptadas por los músicos de la Orquesta que no han permitido desarrollar con normalidad el cronograma de ensayos previsto”, según se informa en el comunicado de prensa del Auditorio Nacional del Sodre.
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El hecho es repetido y cuanto más repetido más lamentable. Ya el año pasado en un espectáculo de ballet en el Sodre y en otro de ópera en el Solís, los técnicos del primero y los músicos del segundo hicieron sendas proclamas al público antes de comenzar las respectivas funciones. Todo muy correcto y con aplausos del público.
Pero año nuevo vida nueva parece no tener aplicación por estos lares y ahora los músicos del Sodre (antes fueron los técnicos del ballet) adoptan medidas gremiales que quitan tiempo de ensayo, lo que lleva a suspender una función. ¿Una sola? ¿Y cómo andaremos este año por el Solís?
Cambios gerenciales y de equipos, fideicomisos y otras yerbas, parecen no haber servido hasta ahora para solucionar los temas estructurales de fondo que aquejan hace ya tiempo a ambos centros de difusión de la cultura. El ballet del Sodre, también amenazado con reiteración, se mantuvo hasta ahora por el prestigio internacional y la personalidad de Julio Bocca. Pero no hay un Julio Bocca para la orquesta y si los temas de fondo no se atacan, el que tenemos para el ballet en cualquier momento desaparece.
Entre muchas otras, hay que plantearse preguntas duras: ¿debemos tener dos orquestas sinfónicas, la del Sodre y la Filarmónica de Montevideo? Mientras las tengamos, ¿debemos admitir la absurda disparidad que existe en los sueldos de los músicos de ambas orquestas? Los músicos, que por supuesto tienen derecho a una remuneración digna y acorde a su trabajo, cuando formulan la lista de sus reivindicaciones, ¿tienen presente que son artistas y no oficiales administrativos? ¿Hasta cuándo vamos a seguir con la uruguayez de que ser “contratado” es una mala palabra y que para ser feliz hay que ser presupuestado? ¿Han hecho algo el ministro de Educación y Cultura y la intendente de Montevideo para empezar a solucionar los problemas y las asimetrías que aquejan las zonas culturales de ambos organismos? ¿Tienen, aunque sea escondida, alguna línea de acción coordinada para el futuro? ¿O por el contrario están resueltos a competir entre sí, por ejemplo, con el sueño de la temporada de ópera propia?
Este cronista asistió el año pasado a algunos de los ensayos de la ópera “Il Duce” en el Teatro Solís. Al finalizar el descanso intermedio en uno de ellos y antes de retomar el trabajo, dos o tres músicos de la orquesta Filarmónica de Montevideo le plantearon a viva voz y desde sus sillas al maestro Federico García Vigil que estaba en el podio, que por favor les diera una mano con el tema salarial porque a él lo iban a recibir y a escuchar pero a ellos no.
La anécdota pinta cómo están las cosas. Autoridades que están pintadas; artistas que no son escuchados o que no saben hacerse escuchar; manotazos de ahogado que intentan remediar los problemas yendo por el camino equivocado. Y mientras tanto se devuelve el dinero de las entradas y se cancelan (seguramente con multas) los contratos de artistas extranjeros que habían bajado hasta aquí para ensayar y tocar. ¿Hasta cuándo?