“Estamos preocupados porque la producción en los anteriores tres trimestres cayó. Para 2015, si por lo menos logramos no caer ya es positivo y si logramos crecer un poquito, es muy positivo”, dijo a Búsqueda el nuevo presidente de la Cámara de Industrias (CIU), Washington Corallo, pasando raya al año que termina y proyectando el que viene para el sector.
Se lamenta por el proceso de “desindustrialización” que vivió el país y reclama medidas que ayuden a abatir los costos de producción. “Hoy es un momento ideal para estudiar las tarifas públicas de energía. (...) Hemos planteado bajar los aportes patronales, hace tiempo. Podría ser el momento de estudiar todas esas medidas, que juntas y sumadas pueden ser tan efectivas como un dólar a $ 27”, sostuvo.
El empresario, director de la fábrica de vidrio Vicry, se mostró a favor de una industria que mira el futuro con “inteligencia” y apuesta a un mix de productos locales e importados para poder competir mejor.
Corallo asumió al frente de la CIU a principios de diciembre. “Lo hago porque tengo cuatro hijos y no quiero que digan ‘me quiero ir del país’”, comentó. Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.
—La industria creció en octubre, pero en el promedio del año registra un estancamiento. ¿Qué perspectivas ve para 2015?
—Hasta el tercer trimestre la producción cayó 1%, sin considerar refinería y la actividad en las zonas francas. El último trimestre repuntó y quizás logremos tener un punto neutro que dé la señal de que no se sigue cayendo. Estamos preocupados porque la producción en los anteriores tres trimestres cayó.
Para 2015, si por lo menos logramos no caer ya es positivo y si logramos crecer un poquito, es muy positivo.
Como dato curioso, en 1990 había 26.000 unidades industriales y hoy hay 13.000. Hemos sufrido una desindustrialización.
—¿Los pulmones del crecimiento industrial serán las plantas de celulosa instaladas en las zonas francas?
—No estamos en contra de ninguna gran corporación, pero a veces, el valor agregado que deja una gran papelera más allá del efecto derrame —fletes, repuestos, energía, packing— no genera una gran demanda de mano de obra como sería esperable.
Hay que tener una buena educación, porque no es abundante la mano de obra calificada para captar inversores. Algunas industrias que venían a establecerse no lo han hecho, no porque Uruguay no ofrezca condiciones buenas, sino por los problemas de acceso a mercados. Eso, sumado al costo industrial... Este es un país que cuanto más mano de obra se usa, más caro resulta.
No es que acá no haya políticas de apoyo; la ley de inversión actual es muy importante, pero para mantener a los inversores hay que brindarles las condiciones adecuadas.
—¿Qué otras medidas ayudarían a recuperar competitividad?
—Hoy es un momento ideal para estudiar las tarifas públicas de energía, ya que hubo buen agua y el petróleo ha bajado. Hemos planteado bajar los aportes patronales, hace tiempo. Podría ser el momento de estudiar todas esas medidas, que juntas y sumadas pueden ser tan efectivas como un dólar a $ 27.
Buscar medidas que alienten a la producción, generar esa riqueza que luego se distribuye. En muchos países de Europa, si trabajas sábados y domingos la electricidad tiene un precio especial, y si tiene una planilla de trabajo estable y para una actividad puntual toma 40 o 50 personas más, le dan beneficios marginales para que por esa gente no aporte totalmente. Todo ese tipo de medidas, que no sean permanentes sino algo como ponerle las rueditas a la bicicleta y después que aprendió a andar se las sacamos, pero lo vigilamos para que no se caiga.
Tampoco hay que olvidarse de cuidar el mercado interno y apoyar a esas industrias. La industria textil, de vestimenta, la metalúrgica, están pasando por muchísimos problemas.
—¿Cree que esos problemas, como los que atraviesan Fripur, Urupanel o Ecolat, serán algo pasajero?
—En muchos casos se da que los productos que fabrican son commodities y en la industria lechera, de madera y en el pescado han bajado los precios en el exterior. Esos casos son un signo de alerta; no me gusta ver que a alguna empresa le vaya mal y para poder crecer precisamos el apoyo del gobierno porque en muchas cosas somos tomadores de precios.
La industria es la que genera los mejores salarios y para eso hay que tener industria. Y para generar buenos salarios e invertir hay que tener utilidades y vemos con preocupación que han disminuido. En Uruguay está mal visto ganar plata.
Una incongruencia del señor (José) Mujica es que va y busca inversores y después habla de que no hay que gastar. Lo importante es tener la capacidad de generar riqueza y no puede haber desarrollo si no hay gasto, no puede haber mayor inversión si los productos no se venden, y se venden si hay alguien que los compra.
—¿Tiene expectativas de que haya una mirada distinta al sector industrial en un segundo gobierno de Tabaré Vázquez?
—Le doy una carta de crédito a Vázquez y su equipo. Hay que generar un clima propicio de negocios. Son muy importantes las señales que de aquí a seis meses se den.
Hay índices —de relacionamiento laboral, de acceso y facilidad para establecer negocios— en los cuales Uruguay no está bien posicionado.
Hay que trabajar todos juntos para ser un país industrializado. He recorrido muchísimas industrias y cuando mira un país de tres millones y ve la base industrial que todavía queda, se sorprende.
Felicito a todos los industriales uruguayos que apuestan al futuro con inteligencia, porque han venido a decir: “Yo hacía cinco productos y hoy me conviene hacer tres. Los otros dos los importo bajo mi norma técnica y con los tres que hago sigo apoyando al personal nuestro y de paso vamos viendo cómo podemos hacer para llegar a la competitividad que tienen donde estamos comprando en el exterior”.
—¿Cómo ve el clima sindical y la demanda del PIT-CNT de reducir la jornada laboral?
—Lo importante es establecer derechos y obligaciones, que haya diálogo efectivo y no pase que de golpe y porrazo paren la empresa y la ocupen sin haber cumplido lo que se firmó.
La reducción de jornada hay muchas industrias que no la podrían pagar. Hay que trabajarlo con madurez y no se hace de la noche a la mañana. Lo que puede ser una buena medida para los funcionarios se puede transformar en un boomerang que recorte puestos de trabajo.
Hay muchos dirigentes sindicales que están trabajando con buen sentido; a otros falta formarlos un poco. Pero la mayoría se están dando cuenta de que es importante no matar a la gallina de los huevos de oro.