Recuadro de la entrevista a Philippe Meirieu
Recuadro de la entrevista a Philippe Meirieu
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—¿Qué hay que enseñar hoy y cómo?
—Es muy difícil saber qué enseñar hoy, cuando el conocimiento humano se duplica cada dos o tres meses, mientras a comienzos del siglo XX sucedía cada 30 años. Las reformas son necesarias, pero lo esencial es la formación inicial y permanente de los educadores para unir las habilidades de enseñar y gestionar el aprendizaje en el aula con los alumnos. Hay que entender que el educador es también un investigador que busca soluciones a problemas como el abandono, y que se ensayan prácticas muy interesantes, que muchas veces se desconocen porque el sistema educativo no muestra, no las socializa y las deja perder. De hecho, hay iniciativas exitosas —como la colaboración entre alumnos mayores y menores en modelos multigrado—, que son bloqueadas por el propio sistema educativo, cuya organización suele ser muy rígida.
—¿Cuán útil es la repetición de año en escuelas y liceos?
—Desde el punto de vista pedagógico no es coherente hacer repetir a un estudiante la totalidad del año y, mucho menos, hacerle repetir todas las disciplinas, cuando por ahí falla en unas pocas. La repetición no tiene efectos positivos sobre la trayectoria escolar, porque la edad del alumno y su permanencia en el sistema educativo se vuelven un búmeran en su contra. Una opción es cambiar la organización escolar y establecer un sistema de créditos con unidades de valor en lugar de disciplinas cerradas. Hay sistemas donde la repetición es muy practicada porque así el educador tiene el poder sobre el alumno y sobre los padres.
—¿Y qué utilidad tiene la nota?
—La nota cumple dos funciones básicas: muestra la evolución del alumno durante el año y testimonia el éxito o el fracaso escolar. El problema es que generalmente se olvida la primera función y se prioriza la segunda. La primera pregunta que todos los padres hacen a sus hijos tras una prueba es: ‘¿Qué nota sacaste?’. Y la segunda: ‘¿Y qué nota sacaron tus compañeros?’. Cuando no es necesario que unos fracasen para justificar el éxito de otros. Y además los padres no pueden exigir el éxito de sus hijos si ellos, como adultos responsables, no controlan, por ejemplo, el uso de las pantallas, que el niño coma y duerma bien y que cumpla con sus tareas. O sea, para exigirle al educador, tenemos que exigirnos los padres en esa parte educativa de nuestros hijos.