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Aunque más lento de lo que se precisa, las “perspectivas están empezando a cambiar” en la economía argentina, ya que la inflación parece ceder y se estabilizó la cotización del dólar. Pero los problemas “son complejos” y no se corregirán rápido, cualquiera sea el próximo presidente, sostiene Gerardo Díaz Beltrán, titular de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) que nuclea a casi 1.500 cámaras, centros y otras organizaciones.
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Se cuida de no expresar posicionamientos partidarios, aunque reconoce que hay empresarios “dolidos” por expectativas frustradas con el presidente Mauricio Macri. “Lo urgente es que, gane quien gane, asuma con credibilidad para poder hacer los cambios necesarios”, enfatiza. Y para eso, también en Uruguay, se precisan “propuestas aplicables”.
Díaz Beltrán participó el jueves 20 y viernes 21, en Montevideo, en el primer Encuentro Iberoamericano de Convergencia Empresarial organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing junto con CAME. En ese marco mantuvo la siguiente entrevista con Búsqueda.
—¿Cómo describe el momento económico de Argentina, en un año de elecciones?
—Es un contexto electoral atípico: al estar todos los meses de elecciones en las distintas provincias, se generan expectativas para un lado y para otro. Y después está la elección nacional. Esto frena un poco a la economía, y quienes están pensando en hacer inversiones esperan un poco a ver qué puede pasar.
Indudablemente, la economía no ha funcionado como todos esperábamos, aunque se está enfocando desde una óptica de apertura que vemos con beneplácito. Las perspectivas están empezando a cambiar, si bien no con la velocidad necesaria: la inflación parece estar cediendo, el tipo de cambio está absolutamente controlado, aunque sea momentáneamente. Si esto sigue así, va a redundar en que la tasa de interés bajará gradualmente; uno de los frenos fundamentales que padece la pequeña y mediana empresa son las tasas de interés desbordadas y la falta de financiamiento.
—Los datos conocidos en los últimos días mostraron que el Producto Bruto Interno se contrajo 5,8% en el primer trimestre, mientras el desempleo sigue por encima de 10% y uno de cada tres argentinos está en la pobreza. ¿Hay elementos para ser optimista a corto plazo?
—Rescato de todo eso que ahora tenemos mediciones absolutamente creíbles y sabemos dónde estamos parados.
Ahora, no creo que en el corto plazo la economía cambie radicalmente, sea quien sea que gane en octubre. Los problemas de Argentina son complejos y el reacomodamiento llevará tiempo.
En CAME representamos a la pequeña y mediana empresa, que explican el 70% del empleo formal. Somos más de 500.000 empresas y sabemos lo que estamos padeciendo. Pero no cabe ninguna duda que si no deponemos mezquindades —el Estado, las empresas, los sindicatos—, no lograremos ningún avance; precisamos consensos para poder cambiar la realidad argentina.
—¿Qué acciones deberían ser parte de ese consenso de cara a un futuro gobierno? ¿Qué es lo más urgente?
—Lo urgente es que, quien gane, asuma con credibilidad para poder hacer los cambios.
Desde la óptica empresarial, no tengo ninguna duda que hay que trabajar en una nueva ley de empleo. No podemos seguir rigiéndonos con una ley que tiene más de 50 años y que, lejos de favorecer el empleo, lo combate. Para una pequeña empresa, despedir a un empleado significa su cierre, no solo por el costo que tiene, sino porque dispara un juicio laboral. Queremos que el trabajador tenga la oportunidad de conseguir un puesto, pero no estamos de acuerdo con el sistema perverso que deja sin plata al trabajador y a las empresas. Hay que discutir un fondo de desempleo que no sea un quebranto para la empresa y que al mismo tiempo le dé sostenibilidad a la persona que se queda sin trabajo.
—¿Decepcionó al empresariado el gobierno de Macri?
—No puedo hablar por todo el empresariado. De hecho, en CAME tenemos una diversidad de visiones, aunque nuestra grieta es proactiva, no es de división, sino para poner en debate lo que hace falta. Habrá empresarios más dolidos que otros, y claramente la economía no cumplió con las expectativas que se tenían.
—Se refirió a la necesidad de que el futuro gobierno sea creíble. Vista su gestión, ¿Macri en un segundo período podría serlo?
—Está pasando un fenómeno particular en Argentina. En esta ansia de tener credibilidad, se están abriendo los espacios. Todos están incorporando dirigentes de otras ideologías, lo que está demostrando que las estructuras cerradas e inamovibles en los partidos no tienen vigencia. Eso está pasando también en España, y sin dudas va a pasar en Uruguay. Lo que hay que hacer para que un gobierno sea creíble es tener propuestas aplicables. Y la sociedad debe entender que no hay parto sin dolor; no creamos que las cosas se van a solucionar de un día para el otro sin esfuerzo. Ningún país salió de una situación de ostracismo y complejidad económica sin esfuerzo, trabajo y dedicación.
—¿Cuánto del descrédito del sistema político obedece a los problemas de corrupción?
—Todavía la sociedad no le está dando la importancia que el tema debe tomar. Digo que la corrupción es el impuesto absolutamente perfecto porque no lo evade nadie y es ascendente: los primeros que lo pagan son los chicos.
—¿Qué responsabilidad le cabe a los empresarios? ¿Hay autocrítica?
—Absolutamente. Que los que participaron en la corrupción se hagan cargo; la pequeña y mediana empresa no es contratista del Estado y no participó de la corrupción. De todos modos, sí hacemos autocrítica por no haber podido hacer la suficiente presión para cambiar las cosas de un día para el otro. Tenemos que trabajar para que no tengamos los niveles de corrupción que hay en Argentina y en otros países de América.
—¿Cómo ve a Uruguay?
—Es un país con un mercado interno muy chico, pero con algunos lineamientos estratégicos.
Aquí se habla de UPM, y si bien no conozco las condiciones particulares, lo que podría generar esa inversión es similar a la de Vaca Muerta en Argentina, cada una con su dimensión. Se lo dije al presidente Tabaré Vázquez.
Está claro que no podemos incorporar cualquier inversión a cualquier costo, pero tenemos que buscar grandes inversiones que desarrollen nuestros países.