“Si estuviera como estoy hoy, peleo. Pero no sé cómo voy a estar mañana y menos dentro de cinco años”, argumentó. Eso sí, también deseó que “el cuadro político se renueve lo máximo posible y que surjan nuevos candidatos”.
“Quiero gente que nos supere con ventaja pero primero nos tienen que superar”, fue su advertencia.
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José Mujica habla en su despacho de la Torre Ejecutiva
EFE
—¿Se siente satisfecho con lo que pudo lograr como presidente?
—Me quedaron cantidad de cosas por hacer y espero que el gobierno que venga sea mejor que el mío y tenga muchos más logros. Pero unas cuantas cosas se hicieron. Logré que Uruguay exista, por ejemplo.
—¿Internacionalmente?
—Claro, lo puse en el mapa.
—¿Y qué beneficios concretos puede generar eso para los uruguayos?
—Muchos y por todos lados. Les cuento un caso. El otro día me vinieron a ver los principales jerarcas de Conaprole. Me pidieron que les dé una mano en la inserción internacional. Quieren que viaje a China con ellos para abrirles puertas en ese país porque tienen un flujo de leche creciente y la quieren colocar en el exterior. “Con el prestigio que usted tiene en el exterior nos puede dar una mano bárbara para sumar mercados”, me dijeron. Es la empresa más grande del Uruguay y me viene a buscar porque atrás de los expedientes y las instituciones están las personas y las personas son fundamentales. Ahí están los resultados concretos de la fama internacional. Eso no tiene vuelta. Al igual que Conaprole, son muchas empresas las que se pueden beneficiar.
—¿Volvió a leer aquel famoso discurso del 1º de marzo, cuando asumió como presidente?
—Sí, lo tengo muy presente.
Embed - Asunción Presidencial de José Mujica - 1/3/2010 - Parte 1/3
—¿Lo repetiría exactamente de la misma forma y con los mismos énfasis?
—Sin lugar a dudas.
—Muchos analistas le recuerdan el capítulo referido a “educación, educación y más educación”. ¿Lo siente como un fracaso?
—Y, lo más complicado es la situación de la enseñanza. Ahí hay un dilema que viene desde la época de don Pepe Batlle, una discusión que hubo con Pedro Figari. Era la discusión acerca de si es mejor enseñar trabajo con las manos o las profesiones más intelectuales. Figari perdió. El país orientó toda su enseñanza a los liceos y la universidad. Hoy todo el mundo habla de calificar a la gente y aumentar la productividad pero nuestro sistema de enseñanza no está preparado para eso.
—Usted tampoco lo preparó...
—Pero son cambios que llevan 20 o 30 años y para hacerlos hay que darle una prioridad absoluta a la UTU. Primero a la UTU y después a la universidad. Tenés que generar una masificación de la matrícula y después mejorar la calidad. Yo alguna cosa con la UTU hice. Le di un poco más de peso y fue la matrícula que más creció en estos años. Ahora falta otorgarle más recursos y algo de eso voy a plantear en el próximo presupuesto.
—Pero lo que hizo está muy lejos de su idea original...
—Totalmente. Mi idea era darle una independencia absoluta a la UTU y transformar algunas escuelas de UTU en el interior del país en unidades autónomas que pudieran derivar en futuras universidades tecnológicas.
—¿Y por qué no lo hizo durante sus cinco años como presidente?
—No me lo llevaba ni Asamblea Uruguay ni el Partido Socialista ni Jorge Brovetto, que al inicio de mi gobierno era presidente del Frente Amplio. Lo discutimos en la residencia de Suárez. Lo propuse y no logré ni los votos de mi partido. La oposición miró para otro lado, no dio bola. Sacaron un premio consuelo que fue la Universidad Tecnológica pero no era lo que yo planteaba. Mi idea era cambiar toda la matriz del sistema educativo, priorizar más en la enseñanza de oficios que en la intelectual. Pero perdí. Los presidentes no son monarcas. No hacen lo que quieren o piensan, hacen lo que les permiten las circunstancias.
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José Mujica en la Expo Parado 2013
Javier Calvelo/ adhocFOTOS
—Otra de sus principales apuestas era mejorar la infraestructura del país y fue poco lo que se pudo hacer. ¿A qué responde eso?
—Ese fue otro estupendo fracaso y ahí entra como explicación la caída del ICIR (Impuesto de Contribución de los Inmuebles Rurales). No me la agarro ni con la Suprema Corte ni con los jueces en este asunto. Mi problema es con el sistema jurídico que tenemos, que es un atraso y no está a la altura de los cambios que precisa el país. Si hay un sector de la población que ha tenido la suerte de esta coyuntura y le cayó una fortuna del cielo que no es hija del trabajo, ese es el de los grandes propietarios de tierra. La hectárea de campo pasó en poco tiempo de valer 300 dólares a 4.000 o 5.000 dólares. A los más grandes les pedíamos un impuestito que garantizara un shock de infraestructura porque teníamos arreglado con las AFAP descargar por lo menos 500 millones de dólares en caminería. Y nos perdimos dos años con el ICIR. Después que lo declararon inconstitucional sacamos otro impuesto pero ya no era lo mismo, ya era tarde y lo único que pudimos hacer fue comprar unas herramientas para las Intendencias. Pero ese no era el proyecto.
—¿No se podía prever antes la inconstitucionalidad?
—Y no. No la vimos.
—Usted tuvo una muy buena relación con los intendentes, por más que no fueran de su partido político. ¿Le parece que eso se mantendrá en el gobierno de Vázquez?
—No sé cómo será la cosa. Pero ahí hay un tema fundamental en mi humilde manera de interpretar al país. Este país se desarrolla si se desarrolla el interior. Si alguna cosa le arrimé al Frente Amplio, es la penetración en el interior. En el marco de esa política, los intendentes son la representación del Estado que hay en los departamentos. Entonces, no atenderlos ni cultivar esa relación es un error muy grave que no puede cometer el presidente. Eso me costó muchos dolores de cabeza porque ni los frentistas lo veían.
—¿A qué se refiere?
—Hay un caso de antología. Cuando teníamos el ICIR, los intendentes empezaron a hacer planes. El “Chueco” (Artigas) Barrios en Rocha planificó hacer el puente sobre el río Cebollatí para comunicar Treinta y Tres y Rocha. ¿Sabés lo que le dijeron los frentistas de Treinta y Tres? “¡Sos loco! ¿Cómo le vas a hacer un puente a Dardo Sánchez (el intendente de Treinta y Tres), que es blanco?”. Un claro ejemplo de política por lo alto, ¿no? ¡No se puede creer! Por eso digo que en Uruguay no estamos maduros para acuerdos importantes. No están maduros los blancos y los colorados pero tampoco algunos frentistas. Es un problema global que tenemos como nación. ¿Cómo le vas a dar color partidario a un puente? También pasó acá, en la capital. A la Intendencia de Montevideo no le votaron una obra en la Junta Departamental tampoco. Es la miseria de la miseria. Estamos locos con esa manera de razonar.
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José Mujica durante una conferencia en Torre Ejecutiva en abril de 2014
Javier Calvelo /adhocFOTOS
—¿Ser presidente le dejó alguna enseñanza o cambio significativo en su manera de pensar?
—Probablemente, uno llega a la Presidencia con una cuota de idealización y después la realidad lo golpea en el hocico. Si tuviera que extraer conclusiones importantes del pensamiento te diría que hay una guerra sorda y permanente entre el egoísmo y la solidaridad. Como dice Albert Einstein, las dos son herramientas que nos colocó la naturaleza y las vamos a padecer siempre.
—¿Y quién ganó las batallas de esa guerra durante su mandato?
—Es muy complejo, pero les voy a leer los párrafos textuales de Einstein porque valen la pena. Ojalá la gente que se dedica a opinar de todo en este país leyera más estas cosas y menos Internet. (Ingresa a su casa y vuelve con un montón de papeles). Decía Einstein: “El hombre es a la vez un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y las de los que estén más cercanos a él para satisfacer sus deseos personales y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores y para mejorarlos en sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre y su combinación específica determinan el grado por el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté fijada hereditariamente, pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento”.
—Lo importante es la sociedad, porque el hombre nace con esas dos pulsiones, plantea Einstein. ¿Le parece que en Uruguay predomina lo egoísta?
—Esperen que les leo una de las conclusiones de Einstein: “Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas. Los seres humanos no están condenados por su constitución biológica a aniquilarse o estar a merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos”. Es brutal, ¿no? El problema es lo poco difundido que está este trabajo. Se titula “¿Por qué socialismo?”. Lo escribió Einstein en la década de los 30. No es socialismo bolche ni nada por el estilo. Es un estudio muy interesante sobre la naturaleza del hombre que tiene una actualidad increíble.
—¿Y cómo se adapta a Uruguay?
—Para eso les voy a leer a un pensador de fuste: mi compañero Henry Engler, que es el que me alcanzó este trabajo. Dice Engler: “En mi opinión, y no puedo saber si Raúl (Sendic) estaría de acuerdo conmigo, alcanzar el ideal perfecto de justicia parece poco probable. La realidad que planteo es el camino hacia el ideal de perfección, hacia la perfecta solidaridad, que jamás termina ni se alcanza. (...) No es fácil no claudicar ante el egoísmo cuando el medio que rodea al individuo está embarcado en consumismo. Así se desata la espiral que lleva a que la solidaridad se quebrante y la lucha por una sociedad más justa tenga que recomenzar”. Él pone como ejemplo Suecia, pero algo de eso está pasando acá también. Primero pedís una mayor distribución y después, cuando accedés a otro estatus, reclamás que te bajen los impuestos para poder consumir más. En la clase media acomodada uruguaya ya hay protestas por el IRPF y todo eso. Antes la izquierda estaba compuesta por esa gente. En la amplísima mayoría, los de izquierda eran los profesionales y todos esos. Si ahora mirás el resultado electoral, ha habido una relativa pérdida ahí y un aumento en el pobrerío. Es la tesis del Bebe Sendic, que planteaba que si no cambiás vos no cambia nada. Enseguida vuelve el egoísmo. Por eso, hay que predicar con el ejemplo.
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José Mujica en la Casa Blanca durante su visita a Barack Obama
AFP
—Algo en lo que insistió durante todos estos años. La pregunta es si sirvió para algo...
—Algo siempre queda, porque estoy convencido de que el hombre tiene esa pulsión solidaria. Por eso disfruto como loco leyendo todas estas cosas. Lo que pasa es que discutir esto con algunos políticos uruguayos es como alimentar un chancho con bombones.
—Sin embargo, personas de un muy buen nivel intelectual como el ex presidente Julio María Sanguinetti sostienen que lo que usted hizo fue destruir la escala de valores de los uruguayos a través de un “elogio a la ignorancia” y de poner “lo político por encima de lo jurídico”, por ejemplo. ¿Qué responde a eso?
—Está bien. Que cada cual diga lo que le parezca. Yo recuerdo también que este Sanguinetti es el mismo que en 1986 declaró en una entrevista citada por diario “Clarín” de Buenos Aires que “los tupamaros no tienen posibilidades electorales en Uruguay”. El otro día me volví a cruzar con esa entrevista. Una visión de futuro increíble tenía. Teniendo en cuenta esto, capaz que dentro de unos años se reivindican algunos de los valores que defiendo.
—¿Cree que su llegada al máximo cargo de poder en Uruguay puede servir de antecedente para que otros con su mismo perfil puedan hacer lo mismo en el futuro?
—Ojalá. El problema es que en Uruguay existe una visión gerencial de la política. Lo noto en el razonar de alguna gente. Se creen que la política es algo que no es.
—¿A qué se refiere?
—La política es el arte de poder combinar las miles de gestiones que están en la sociedad por todos lados y que son las que la hacen andar. El quid de la cuestión es tratar desde la política de que nada desafine mucho. Lo contrario es creernos que los gobiernos lo resolvemos todo y que lo hacemos todo. Los gobiernos administran y tienen una parte en la que pueden influir, que es el aparato del Estado. Pero eso es nada en el conjunto de la sociedad. A un pueblo no se lo gerencia. Se gerencia a los peones y a los que trabajan en una fábrica. El director de orquesta no es el mejor instrumentista, es el encargado de que la orquesta no desafine y que funcione como un todo. No es ordeno y mando. Así no funciona la sociedad.
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José Mujica recibe honores militares a su llegada a la base aérea Simón Bolívar en Guayaquil, Ecuador, el 4 de diciembre de 2014
AFP
—¿Su futuro político también depende “de la biología”, como decía Tabaré Vázquez?
—Desde luego que va a depender de la biología, con la salvedad de que la biología estadísticamente viene jugando en contra en mi caso.
—Físicamente no se lo ve mal…
—Estoy bien, sí, pero acabo de descubrir una cosa que no sabía. La nueva medicina ha descubierto nuevas funciones en el bazo, que tienen que ver con los mecanismos de autodefensa, y yo perdí el bazo. Por eso capaz que tuve aquella enfermedad inmunológica hace algunos años. Pero ¡andá a saber!
—¿No le parece necesario dejar espacio a las nuevas generaciones?
—Claro que sí. Espero que el cuadro político se renueve lo máximo posible y que surjan nuevos candidatos. Quiero gente que nos supere con ventaja pero primero nos tienen que superar. No sé lo que va a pasar.
—¿Pero se ve candidato presidencial otra vez en cinco años?
—Si estuviera como estoy hoy, peleo. Pero no sé cómo voy a estar mañana y menos dentro de cinco años. Lo que es seguro es que voy a militar todo lo que pueda.
—¿Tiene planificado viajar mucho al exterior durante este año?
—Sí, tengo invitaciones de todos lados. No voy a aceptar todas pero todos los días me invitan a lugares distintos. Igual, ahora hay una campaña electoral inmediata para las municipales en la que voy a participar un poco, particularmente en el interior. Eso me va a llevar unos kilómetros. Y en mayo, después de las municipales, pienso viajar a Europa con Lucía. Quiero ir al País Vasco y al norte de Italia y perderme unos quince días. De ahí son mis familias y quiero ir tranquilo a visitar y tratar de conocer algo más de los viejos inmigrantes. Si no voy ahora, no voy nunca más.
Contratapa
2015-02-26T00:00:00
2015-02-26T00:00:00