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    “No existe Mujica, es Mújica”

    Paco Ibáñez canta hoy jueves en el Sodre

    El viejo anarquista está quemado con el mundo, pero no se rinde. Dice que el noventa por ciento de la música que se escucha “es pura basura”, que “los yanquis” siguen manejando el poder “desde las sombras”, que “nos quieren aniquilar para seguir gobernando” y que “la música basura” es una irritante fuente de agresión que taponea la poesía. Lamenta el conformismo de la sociedad y denuncia que su criterio está “a la altura de los políticos”. Sostiene que eso de que las crisis son inspiradoras para los artistas es “puro cinismo”. Y asegura que es “una desgracia” tener que volver a cantar “La poesía es un arma cargada de futuro”.

    Recomienda a los jóvenes que dejen de mirarse el ombligo y declara que hay pocos poetas y muchos “escribientes”. Pero emociona cuando describe en detalle los mecanismos movilizadores de la poesía, a la que atribuye “la verdadera dimensión a la existencia”, la que “todo lo ilumina” y frente a la cual “agradeces haber nacido”. También aclara enfáticamente que los uruguayos pronunciamos mal el apellido del presidente de la República.

    Hoy, jueves 29 a las 21 horas, el español Paco Ibáñez, quien acaba de cumplir 78 años, presenta su nuevo espectáculo Paco Ibáñez canta a los poetas latinoamericanos en el Auditorio Adela Reta del Sodre (entradas en venta entre $490 y $1.410). Antes de ello, Búsqueda tuvo el placer de conversar con un hombre que deposita una luminosa metáfora en cada línea, un tipo que habla como canta.

    —¿Cómo surgió este retorno a la poesía latinoamericana en su carrera?

    —Siempre estoy regresando a estos poetas. No porque sean latinoamericanos sino porque son poetas. Los junté por pura intuición nomás. Si estando dispersos no se ven, pues juntos a lo mejor estarán más contentos. Me alegro, porque, aunque no me cabe decirlo, lo diré: es como el buen vino. Tu voz, tu garganta va mejorando con el tiempo, se van colocando cada vez más en su sitio. A mi juicio, canto mejor esas canciones ahora que cuando las hice. Cuando en 1972 me encontré con Neruda en París, le canté una canción en una radio y bajando en el ascensor me dijo: (imita su tono de voz recitativo) “Tú tienes que cantar mi poesía, porque tu voz está hecha para cantar mi poesía”. “Anda la leche, será posible”, pensé... “el gigante Neruda me está diciendo eso”. Le hice caso y salieron como diez canciones. En este disco hay siete. 

    —¿Le fue difícil renunciar al ego que puede deparar la autoría de los versos?

    —Lo hice por pura conciencia de que como autor estaría muy lejos de los poetas que canto. No tengo la suerte de esa inspiración para escribir. Pero como me dijo la mujer de José Agustín Goytisolo un día, “Paco no escribe pero sabe leer”. Eso sí que es verdad. Cuando leo un texto que me hace volar, pues busco la música y muchas veces la encuentro.

    —¿Qué debe tener un texto para hacerlo volar? 

    —“Un español habla de su tierra”, de Luis Cernuda, hoy día lo dedico a los palestinos y digo: “Un palestino habla de su tierra”. Es estremecedor. No hay poeta en el mundo que haya llegado a esa altura de desgarro tan profundo cuando dice: “Un día tú ya libre de la mentira de ellos me buscarás. Entonces, ¿qué ha de decir un muerto?”. Solo leída, esa estrofa es tremenda. Pero si la cantas toma su verdadera dimensión. Como cuando cantas “Los placeres y dulzores de esta vida trabajada que tenemos no son sino corredores de la muerte, la celada en que caemos”. Está haciendo mil preguntas este poema. Está conversando contigo. Cantarlo es tener una charla con ese texto. 

    —Encontrar la sintonía...

    —Si lees las “Coplas por la muerte de su padre”, de Manrique, no se trata de analizarlas y quedar dentro de las convenciones de los significados, sino de entrar dentro del poema. Si tú paseas por un campo, conoces esa canción y la cantas solo, a tus hijos o a tus amigos, se ilumina todo alrededor tuyo y agradeces haber nacido.

    —Como buen lector, ¿cómo evalúa la lírica de la canción hispana actual?

    —Siguen apareciendo cantautores que te impactan, pero la música que corre hoy por las tuberías del mundo, por los canales de difusión, es para mí pura basura. Perdón por lo que voy a decir pero, si lo miras bien, el noventa por ciento de la música que se pasea por el mundo es basura. Por algo será. Por algo querrán que la gente no sienta, no piense y se quede ahí parada calladita y aguantando. Todo lo que le echan se lo come, se lo traga, lo consume.

    —¿Y qué rescata en ese diez por ciento restante?     

    —Me dirán que hablo como un dinosaurio, pero si pienso en Uruguay pienso en Viglietti, en Zitarrosa y en El Sabalero. Te llenan de luz cuando los escuchas, te acompañan. Es como estar con un amigo pasándotelo bien. En Argentina está el Cuarteto Cedrón y en Chile los Parra que cantan. Seguramente hay otros muy valiosos que no conozco. Pero después se me para el tren y quedo en el andén, en un descampado. Francia, que fue la capital de la canción, también sufre el acoso de la música anglosajona y yanqui. ¡Estamos condenados a soportar a esa gente!

    —¿Cuál es el aporte latinoamericano a la poesía?

    —La poesía es un lenguaje universal. Lo que pasa es que uno siempre tiene ganas de saber dónde ha nacido el poeta. Hay países o territorios que la cultivan más que otros. Latinoamérica sigue practicando la poesía, pero el poder está en manos de otros, que lo que hacen es taparla, taparla y taparla.

    —Evocando a Rilke, ¿qué le diría a un joven poeta?

    —Le diría: “Deja de mirarte el ombligo y escribe poesía”. Hay mucho ombliguismo en la poesía actual. Y como ha bajado el criterio general de la sociedad, pasan por poetas los que son solo escribientes nada más. Están los poetas y los que escriben palabras detrás de otras. Poetas hay pocos.

    —¿Qué cualidades debe tener un poeta?

    —Tiene que tener el don de captar esas palabras que te hacen vibrar, que te hacen pensar. Quien da la verdadera dimensión a la existencia, a la vida, al territorio, al mundo, es el poeta, el que encuentra las palabras mágicas, las junta y te las ofrece. Sientes que estás vivo y que tienes ganas de seguir viviendo. Tampoco hay que ser tan exigente y pretender que todos los poetas tengan que tocar cielo, pero si tocas cielo lo agradeces.

    —¿Cómo es su vida cotidiana hoy?

    —Son dos vidas. La que vivo con mi compañera y con los amigos que quiero, y la vida social fuera de mi casa, que es bastante más amarga hoy en día. Como no tengo la varita mágica para cambiar las cosas, encuentro la compensación puertas adentro. La sociedad está como anonadada, demasiado conformista. El otro día estaba en un sitio donde debía esperar mi turno. Normalmente había una musiquita inocua que anunciaba el cambio de turno (reproduce el típico ding-dong). Pues ahora ese sonido también es agresivo y te corta el oído. Sonaba ese ruido irritante y nadie se inmutó ni se quejó. Hasta que no aguanté más y comencé a emitir un sonido igual de estridente. Y la gente ni se enteró de que allí uno se quejaba. Una empleada me dijo: “Yo ni lo oigo”. A la gente todo le pasa por encima. ¿En qué mundo vivimos? A donde vayas, la radio nos tapa a música yanqui. ¡La madre que los parió! Aguantas esa agresión constante, vas corriendo a tu casa y ya no sales. No te queda otro campo. La gente traga demasiado.

    —¿Considera que es una batalla perdida?

    —Segura y desgraciadamente, sí. La estafa de valores es a nivel mundial. Todos somos víctimas de esta gente. Ellos tienen el poder y han decidido aniquilarnos para gobernar tranquilamente. Pero no me rindo. No puedes parar esa máquina pero no tienes por qué aceptarla.

    —¿Cómo ve, entonces, la actual situación política de Sudamérica?

    —Bueno, ustedes en Uruguay tenéis un tipo majo al que llamáis Mujica, pero en realidad es Mújica, con acento esdrújulo, que tiene más fuerza. Le habéis quitado el tilde. Es un nombre vasco: no existe Mujica con acento grave. ¡Se llama Mújica, coño! Se lo dije a él mismo.

    —¿Y qué le respondió el presidente?

    —No lo sabe muy bien. Se ha conformado con que le llamen “Mujica”. No, no. ¡Tú te llamas Mújica!

    —Entonces, ¿la izquierda no ha logrado revertir esa invasión cultural que usted denuncia?

    —Es que es como luchar con tiragomas contra tanques. Es tremendo. Vuestro presidente lo debe pasar mal. Tengo simpatía por él. Sé que quiere hacer cosas que no puede porque hay fuerzas oscuras arriba que dicen: “Epa, esto no lo toques”. Amigo, son unos monstruos los que están en la sombra. Como decía José Agustín Goytisolo, “el enemigo no tiene rostro”. Adentro están los cómplices que acompañan. Otros lo hacen por inconsciencia o por comodidad.

    —¿Cómo vive esta crisis de España y de Europa?

    —En cinco años pegamos el gran resbalón y descubrimos que en vez de ir para adelante, íbamos para atrás. Pues aquí, aguantando el chaparrón. Si volará bajo la sociedad que ha llegado a ponerse a la altura de los políticos.

    —¿Cree en esa fórmula de que las crisis son fermento para los artistas?

    —No. En absoluto. Eso sería puro cinismo. Yo creía que muchas canciones ya habían cumplido su cometido. Pues tengo que seguir cantando “A galopar hasta enterrarlos en el mar”, de Alberti. Y es una desgracia tener que volver a cantar “La poesía es un arma cargada de futuro”.