entrevista de Ana Morales
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara el doctor en Historia Económica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Reto Bertoni, el próximo gobierno cuenta con “diagnósticos”, “propuestas” y con los elencos necesarios para “encarar” los cambios productivos que a su entender Uruguay necesita. “No hay excusas” para que no lo haga, enfatizó en diálogo con Búsqueda.
A juicio de este investigador —quien en sus trabajos generalmente pone atención a las cuestiones de largo plazo que afectan el desempeño económico—, “no hay mucho tiempo para esperar” para diversificar la oferta exportable y la destinada al mercado interno, de modo de evitar caer en la llamada trampa de crecimiento. Para eso, por un lado propone seleccionar “con más énfasis” el tipo de inversión extranjera directa que llega a Uruguay para que genere una mayor “tasa de retorno social” y al mismo tiempo también, para achicar el déficit en infraestructura. Y por otro, plantea aplicar políticas industriales “en sentido amplio” buscando apoyar las actividades que se definan como “estratégicas”.
—¿Cómo ve este período de más de 10 años de expansión desde el punto de vista de las condiciones estructurales de la economía uruguaya?
—La historia no se repite, pero este ciclo tiene similitudes con la década anterior a la I Guerra Mundial y la posterior a la Segunda.
Desde el punto de vista estructural esto ya nos pasó. Es decir, una demanda mundial de bienes primarios que hace que la especialización productiva del país encuentre una posibilidad de valorizarse enormemente en el mercado y que abre oportunidades varias. Algunas inmediatas, como el incremento del ingreso y las posibilidades de hacer políticas públicas con financiamiento genuino. Y también algunos desafíos: qué hacer para aprovechar estas coyunturas internacionales que la historia nos enseña que se terminan.
¿Qué tiene este ciclo de diferente? Que no es el centro de la economía capitalista que demanda los bienes primarios en los que estamos especializados sino una parte del mundo que hasta hace tres décadas podía ser considerado el Tercer Mundo: China.
—¿Qué riesgo plantea ese hecho distintivo?
—Que nos puede hacer pensar que el ciclo va a ser mucho más largo de lo que fue en el pasado, en parte inducidos por el tamaño de China. Hay síntomas ya —pero además las propias necesidades de la economía china de equilibrar las cuentas externas y de proyectar cómo va a incorporar los millones de campesinos a la vida urbana— que hacen que no estemos ante una situación de crecimiento sostenido en el mediano plazo de esa demanda.
—Cuando esa ralentización de la demanda ocurra, ¿Uruguay estará preparado?
—En los últimos diez años el país se ha beneficiado del viento de cola; negarlo es absurdo. Se han hecho cosas para aprovecharlo y otras faltan.
Se ha logrado incrementar notoriamente el ratio de inversiones sobre el Producto Bruto Interno, si bien históricamente podemos encontrar momentos en que la tasa de inversión fue, relativamente, parecida a la actual. Esto es importante y necesario para poder sostener tasas de crecimiento diversificando la producción. Hemos ido aprendiendo a establecer ciertas condiciones que no van a ahuyentar a esos inversores y que pueden mejorar la tasa de retorno social de las mismas.
Lo otro que se ha hecho bien es desde el Ministerio de Industria y a nivel micro, la creación de consejos sectoriales que atiendan las problemáticas específicas de la productividad. Dicho de manera criolla: se eligió a ganadores y se creó institucionalidad en torno a ello para generar políticas.
—¿Y qué faltó?
—Faltó articulación entre las políticas macro y micro.
Hay visiones distintas entre nuestros economistas respecto a las estrategias de desarrollo. Hay una visión más centrada en el mercado y en crear condiciones para que la inversión privada genere dinámicas de crecimiento en el largo plazo. Y otra mirada país, que sin desconocer las condiciones que impone el mercado, ve que las políticas públicas deben orientarse a estrategias de desarrollo en el mediano y largo plazo que incluyen la iniciativa privada, pero que la trascienden. Es una visión mucho más sociocéntrica, en el sentido de que la sociedad uruguaya debe pensarse a través de políticas públicas en el futuro, en el cambio.
—¿Un cambio hacia qué tipo de estrategia?
—El cambio estructural, tomando el concepto de Luis Bértola. El cambio de la matriz productiva nacional de cara a poder diversificar nuestra oferta exportable, pero también hacia el mercado interno.
Sabemos que muy buena parte de nuestro mercado interno de bienes de alto contenido tecnológico se satisface por importación. Por supuesto que no podemos competir con todas las ramas de la producción y a todos los productos de alta tecnología, pero podríamos apostar a conformar parte de cadenas de valor internacional que signifiquen más contenido tecnológico. Y esto no se ha hecho en la medida de las posibilidades que ofreció el viento de cola.
Estamos en cadenas de valor, pero en la cola.
La otra acción, complementaria, es pensar en el mercado interno y regional. Porque si bien en el mediano y largo plazo la prueba de fuego está en si somos capaces de insertarnos en el mercado internacional, ¿por qué no podemos aprender acá? En la situación actual, la industria del software, que ha caminado de manera autónoma, podría mejorar su performance con políticas públicas que la apoyen en lo local y regional. Lo local es un banco de pruebas y puede darse el lujo de proteger para ver si esto camina, con contrapartidas, monitoreo y con quitas de subsidios transitorios. Esto implica terminar con el estigma de que se puede capturar el Estado para beneficiarme como empresa; esto lo hemos aprendido los académicos, los políticos y los empresarios.
Hay mecanismos, como los polos de desarrollo tecnológico, los parques industriales, donde la asociación pública-privada y la cooperación entre empresas produce sinergias.
—Ese tipo de institucionalidad ya se creó. ¿En cuánto tiempo podrán verse resultados relevantes?
—Hay todo un aprendizaje sobre cómo se construye la confianza entre los actores, el capital social. Tenemos que pensar en décadas. Pero todos los países que han logrado superar los problemas del desarrollo económico y social es porque han planificado en el largo plazo. Lograr algunos resultados que refuercen la confianza lleva tiempo.
Eso me mete en el tema de la educación, que es otra condición estructural que también lleva décadas.
Tenemos que generar confianza en que hacer que la educación participe activamente de los proyectos de desarrollo del país no es en desmedro de la autonomía. No puede ser que los actores directamente involucrados en la educación se sientan permanentemente amenazados cuando se habla de que debemos poner la educación al servicio del desarrollo económico y social. Esto es un desafío y todavía le hemos dado más al dedo que al clavo.
—¿Cree que se está a tiempo de realizar estos cambios productivos y sociales, dado el contexto internacional que planteaba?
—Todavía la oportunidad está.
La situación internacional es cambiante, las tasas de crecimiento que vamos a tener en los próximos cuatro, cinco años, no son las que tuvimos en la primera década del siglo, esto se va a ralentizar. Pero también es cierto que estamos en un nivel de ingreso per cápita muy superior y en una situación beneficiosa para encarar desafíos educativos y productivos que nos permitirían salir de un círculo vicioso, que es aprovechar coyunturas de precios internacionales de los bienes exportables basados en recursos naturales, hasta que se cortan.
Todavía estamos a tiempo de generar cambios en la estructura productiva, algunos en curso, pero otros que necesariamente hay que encarar. El déficit en inversión en infraestructura es real. Ahí viene el otro desafío. Parafraseando a Gustavo Bittencourt, hay que pensar la inversión extranjera directa en función del desarrollo nacional y eso implica seleccionar qué tipo de inversión priorizar y condicionar algún tipo de inversión. ¿Por qué no revisar un poquito las normas que establecen los privilegios de la inversión? No es un costo alto, mirado desde los intereses de las empresas transnacionales.
—¿Un tercer gobierno del Frente Amplio puede concretar esos cambios que señala?
—Veo esa apuesta en algunos sectores del Frente Amplio que están trabajando este problema, tratando de generar cada vez más información para definir políticas industriales en sentido amplio, políticas económicas direccionadas a apoyar —con contrapartidas— actividades elegidas como estratégicas. Prefiero al Estado tomando decisiones sobre ganadores y perdedores, que dejar en manos del mercado quién gana y quién pierde.
En el tema educativo ahí veo mucha más confusión.
En 2005 seguramente sí, la emergencia social, el salir de una crisis, no saber qué venía. En 2010 todavía quedaban cosas por consolidar y avanzar, y no sabíamos cuánto más iba a durar (la bonanza). Ahora ya pasaron los años y no hay excusas, hay diagnósticos, hay propuestas, hay un elenco de gente dispuesto a hacerlo y no hay mucho tiempo para esperar. Son cinco años en que se pueden hacer cosas. No hay ninguna excusa para no hacerlo.
Los próximos cinco años no van a ser de retracción, de recesión, de crisis. Vamos a crecer a unas tasas normales desde el punto de vista histórico, pero en un nivel de Producto mucho mayor. Por eso, tampoco hay excusas.