Las fortalezas con las que Uruguay se presentaba a los ojos de empresarios locales e internacionales para diferenciarse y atraer negocios, están flaqueando.
Las fortalezas con las que Uruguay se presentaba a los ojos de empresarios locales e internacionales para diferenciarse y atraer negocios, están flaqueando.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAsí lo percibe el socio director de Ernst & Young Uruguay, Luis Montone: “Siempre se nos ha visto como una alternativa mirando la estabilidad política y jurídica y el nivel cultural y educativo. (...) Hoy se está complicando, afirmarlos y convencer al otro”, afirmó el ejecutivo.
Y argumentó que es “muy difícil de explicar” con certeza “cuál es la línea” que seguirá el gobierno, lo que “se traduce” en una pérdida de oportunidades de inversión.
Montone aseguró además, que el aumento de costos, una “burocracia” estatal “muy pesada” y la falta de avances en materia de infraestructura son otros factores en los que Uruguay tiene “problemas”.
A continuación, una síntesis de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.
—En el último año la economía se desaceleró, entraron en vigor algunos cambios normativos, se habló de gravar más la renta empresarial. ¿Todo esto perjudicó la imagen del país para las inversiones?
—En los últimos tiempos tanto el inversionista como el empresario que ya estaba en el país ha moderado su inversión. Ha sido mucho más cauteloso en sus decisiones; es la experiencia que tenemos.
Eso fue por diversos motivos. Uno es el incremento de costos relativamente importante que tuvo Uruguay en términos comparativos.
Otro puede ser el tema de la inseguridad pública, si bien no es algo que esté en el número uno de las preocupaciones, como pasa en otros países.
Fuera de lo local, la situación de Argentina y las trabas que pegan por el lado de las exportaciones a ese destino y por la caída del turismo. Y el consumo se va para allá porque está barato.
Además, el mundo ha dejado de mirar a Sudamérica y ha empezado a pensar en otras regiones, lo que se ha ido acentuando. En un evento del emprendedor mundial realizado recientemente por Ernst & Young a nivel global, uno de los expositores señalaba a Vietnam y a países de África del Este como lugares donde invertir. Y dijo: “En Sudamérica, podría pensar en Brasil, si se dieran ciertas condicionantes”. No fue una afirmación categórica.
Además, con medidas locales que se tomaron para frenar la llegada de inversión especulativa y decisiones que creo que dan inseguridad jurídica a los inversores —como el ICIR en su momento y hoy el Impuesto al Patrimonio para el agro—, estamos en una situación mucho más plana en materia de inversión y la perspectiva personal es que va a seguir en este tono.
—¿En qué actividades recomendaría invertir en Uruguay?
—En actividades que Uruguay puede hacer perfectamente y desarrollar en forma muy buena, como en la industria del software. Pero el problema es que la pregunta que me haría un inversor es: “¿Hay gente para trabajar?”. Y no, porque hay gente subocupada o desocupada que no tiene la capacitación y el conocimiento para prestar esos servicios. Asociémosle los costos caros y demás... Si me pide otra alternativa, continúo pensando que el agro es un área en la cual vale la pena seguir invirtiendo.
—¿La escasez de mano de obra calificada se mantiene como un cuello de botella?
—Ha empeorado, porque unos años atrás había capacidad ociosa de gente que podía desarrollarse en el corto plazo e ingresar al mercado laboral; hoy es muy difícil. Y el juego de yo le saco al otro, no tiene resultados, porque el recurso es limitado. En muchas actividades nos hemos quedado en el desarrollo de nuestra gente.
—¿Qué otros problemas visualiza para la inversión?
—Varios. La burocracia del Estado no ha mejorado, sigue siendo muy pesada en la toma de decisiones. Y el que quiere invertir no tiene tiempo para esperar tres, cuatro, cinco, ocho meses para que le digan: “Acepto o no tu inversión”.
El costo de la energía es muy alto. Hoy estamos apostando a la energía eólica, pero es un proceso que lleva años.
En infraestructura se ha trabajado, pero falta muchísimo.
Y el tema más grande es la preparación de la gente para el trabajo.
Una posibilidad para mejorar, aplicable a Uruguay, es dar apoyo a los jóvenes para que desarrollen pequeñas empresas, que sean emprendedores. Que existan organizaciones, que las hay como la ANII o Endeavor, pero tiene que ser mucho más sistemático y con un enfoque de gobierno. Luego, los privados tenemos que trabajar y ayudar a formar.
—¿Ve una actitud emprendedora latente o que se está despertando entre los uruguayos?
—El uruguayo tiene la cultura de “quiero ser empleado” más que “quiero ser un desarrollador de mis ideas y mis negocios”.
Ser empleado no está mal, puede ser un emprendedor dentro de la propia empresa. Pero ahí el freno es la mentalidad nuestra de pensar que hay una división entre empresario y empleado, cuando en realidad no es así y no debe ser así. El empleado tiene que pensar que él es un desarrollador del negocio dentro y que cuanto más desarrolle mejor le va a ir a él y mejor le va a ir al empresario. El empresario quiere ganar plata y creo que el empleado tiene que pensar que él tiene la posibilidad de ganar lo mismo. Es un tema cultural.
Lo que pasa es que en términos relativos, los emprendedores en Uruguay son muchos menos que lo que puedes encontrar en otros países.
—¿Y cómo explica al inversor la actual conducción económica, que por momentos se desdobla en planteos contradictorios entre mujiquistas y astoristas?
—Es muy complicado, entre otras cosas, mostrar al inversor cuál es la línea en la cual va a seguir el gobierno. El inversor necesita tres cosas: una es estabilidad jurídica, reglas claras y otra es la estabilidad de la política económica. Entonces, si tu tenés a uno que dice que va a hacer tal cambio y el otro que dice que no, es muy difícil de explicar y de entenderlo. Y el “difícil” se traduce en no lograr convencer al inversor de que Uruguay es una alternativa válida.
—¿Esa dualidad hace perder inversores?
—Sí, claramente. Tenemos que darnos cuenta de que somos un país chico, lejos de Europa y Estados Unidos. Somos un país que siempre se nos ha visto como una alternativa mirando la estabilidad política y jurídica y el nivel cultural y educativo. Y creo que los tres elementos fueron durante muchos años con los que Uruguay se diferenció y los que cuando hablamos con inversores acá o cuando viajamos al exterior los manejábamos, sin ninguna duda. Hoy se está complicando, afirmarlos y convencer al otro, que es lo más importante.