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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA raíz de la nota sobre el golfista Juan Álvarez, publicada hace algunas semanas en vuestro semanario por el periodista Sergio Israel, titulada “Cómo un niño del Casabó se convirtió en el mejor golfista del Uruguay”, quiero hacer una serie de puntualizaciones que me parecen pertinentes. La nota falta a la verdad en varios fragmentos y deja muy mal parados a los golfistas en general. Es por ello que me tomo un tiempo para señalarlas y aclararle al periodista Israel cómo son algunas cosas en la realidad. En los tiempos que corren es muy fácil teñir determinadas situaciones y rociarlas de un cierto resentimiento, de manera que se presenten como más atractivas para un importante número de personas.
Ya desde el comienzo de la nota se hace referencia a los golfistas como “blancos” y “más espigados” compañeros de Juan y se dice que fuimos nosotros quienes le pusimos el apodo Bola 8. Yo he competido con Juan durante años y he compartido con él numerosos viajes al exterior, por lo que puedo hablar con certeza de una serie de cuestiones. Cuando Juan apareció en escena, él ya tenía el apodo Bola 8. El mismo le fue puesto por jugadores del Club de Golf del Cerro; no voy a dar nombres pues no corresponde, pero doy fe que estas personas han tratado a Juan como un compañero mas en todo momento. Sin dudas que su aspecto físico calzaba perfecto con tal apodo, como sucede con tantos otros apodos. También sé que a él no le gusta que lo llamen así, pero fue años después que nos lo manifestó.
Juan comienza a entrenar con nosotros en el Club de Golf del Uruguay, ya que es en dicha institución donde se encuentra el Centro de Entrenamiento para los mejores jugadores del país. Gracias a la buena disposición del CGU, jugadores socios y no socios entrenan allí bajo las órdenes de los coaches de turno, primero Santiago Lavergne (no Laverne), luego German Palacios y ahora Ruben Llanes.
Si bien es cierto que Juan realiza esfuerzos para solventarse en su vida, como lo hacen varios otros golfistas, sus palos, zapatos y accesorios tales como pelotas, guantes, gorros y demás, le fueron proporcionados desde un principio por la firma Titleist, una de las mejores a nivel mundial. Este beneficio lo obtuvo Juan y otros destacados golfistas uruguayos por sus buenas actuaciones en eventos locales e internacionales y gracias a las permanentes gestiones de quien es desde hace varios años, el representante de la firma en nuestro país. Además, ya desde antes de pasarse al profesionalismo, Juan contó con la asistencia de un “sponsor” que, lejos de querer aprovecharse de un rédito económico (incierto), lo apoyó en todos los aspectos, incluso llevándolo a vivir con él durante el verano para que Juan jugase los importantes torneos de Punta del Este. Me consta que dicho golfista, más que un “sponsor” fue un verdadero amigo de Juan y siempre lo trató como a un integrante más de su familia. O sea que Juan estuvo siempre en muy buenas condiciones como jugador amateur a la hora de disputar los torneos y realizar viajes, inclusive a veces mejor que sus otros compañeros, entre los que me incluyo. Por lo que, cuando se dice que en los viajes tenía que quedarse solo en el cuarto del hotel porque no tenía plata para salir con sus amigos, se está faltando a la verdad.
En otro orden, la inseguridad en el Club de Golf del Cerro es una realidad. Sin duda que la “quinta”, como la llaman en el artículo, es una de las canchas más lindas del país, que se mantiene gracias al sustento y apoyo que le dan los socios del club, permitiendo que el mismo siga vigente y dando trabajo a varias familias. Lamentablemente, los episodios de robos a jugadores en la propia cancha hacen cada vez menos atractivo ir a recorrerla, pero son más los que siguen yendo que los que no. A modo aclaratorio, quienes no son socios del club únicamente pueden ir a jugar cuando se disputan torneos abiertos y estos son cada vez menos. Las razones las desconozco pero podrían informarse con la secretaría del propio club.
En otro fragmento de la nota se dice que Juan tuvo que vencer prejuicios para hacerse un lugar entre los golfistas. Esto es completamente falso ya que personalmente puedo atestiguar que la Asociación Uruguaya de Golf (AUG), por lo menos desde el año 2003, lleva a cabo planes para fomentar el deporte en todo lugar y el Cerro no es la excepción. Los nuevos jugadores son muy bien vistos ya que en este país somos muy pocos los jugadores de alta competencia. El Cantegril Country Club es otro de los clubes en donde se trató de llevar a cabo este plan con sus vecinos del barrio Kennedy.
Por eso es que, como lector, sentí impotencia e indignación cuando en la nota se dice que: “para lograr que lo aceptaran tuvo que vencer los prejuicios de ‘los ingleses’ y de muchos criollos que los despreciaban por pobre y que no gustaban compartir el juego y ni siquiera el contenido de una botella de agua o refresco, aun después de cinco horas de caminata en los días más calientes del verano”. Eso es una barbaridad y una falta de respeto, propia de aquellos que tratan a personas de un nivel económico superior con desprecio y resentimiento. Parecería que sienten una necesidad de atacarlos y no reconocer ni valorar todas las cosas muy buenas que hacen por ellos. Lamentablemente, esto es lo que se promueve en la actualidad desde distintos ámbitos.
En el mismo sentido y solo a título informativo, quisiera recordar que un caddie a la hora de cargar una bolsa recibe, además de su tarifa por el trabajo que realiza, un ticket válido por un “snack” a la mitad del recorrido, que es exactamente igual al que consumen los jugadores.
Durante la presidencia del Dr. Fernando Scelza en la AUG, existió una gran preocupación con Juan cuando, durante su primer viaje al exterior nos enteramos (yo integraba la Comisión de Menores de la AUG) que tenía dificultades para leer y escribir. A partir de ese momento se le insistió a él y a su familia sobre la necesidad de que continuara estudiando y culminara al menos sus estudios secundarios.
Al poco tiempo, gracias al interés y a la ayuda de la Comisión de Apoyo a los Afrodescendientes de la Intendencia Municipal de Montevideo, por intermedio del Sr. Marcelo del Puerto, se trató de insertarlo nuevamente en el sistema educativo. En esa oportunidad, mantuvimos reuniones con la directora del Liceo del Cerro y todo parecía encaminado a lograr que Juan volviera a estudiar, pero no fue posible. La AUG incluso llegó a ofrecerle clases de inglés en sus propias oficinas, lo que finalmente tampoco se pudo concretar.
Para finalizar, reitero que también se está faltando a la verdad cuando se dice que cuando Juan iba a jugar un torneo en otro país, los demás jugadores salíamos a recorrer la ciudad y él se tenía que quedar solo en el hotel, por no tener dinero. Como ya he mencionado, he tenido la suerte de viajar con Juan y puedo decir con propiedad que nunca pasó eso. Si alguna vez sucedió, fue porque él no quiso salir, pues nosotros siempre lo invitamos a acompañarnos a todos lados.
Para nosotros Juan siempre fue y es un amigo, y como parte del equipo en ningún momento tratamos de alejarlo sino todo lo contrario, siempre lo quisimos junto a nosotros. Como una prueba más de lo que estoy afirmando, en estos momentos y desde hace unas semanas estamos disputando un torneo de futbol y él forma parte de nuestro equipo.
En síntesis, me pareció muy equivocado el contenido del artículo publicado por este semanario, el cual leo a menudo y considero de muy buen nivel. Por ello es que me sorprendió enormemente leer esta nota cargada de resentimiento y odio hacia las personas que han apoyado a Juan desde hace años. Espero que el periodista Sergio Israel lea esta carta y estoy a la orden para expresarle con mucho más detalle situaciones que en este artículo no están ni siquiera mencionadas.
Cr. Pablo Juan Carrere Mañé
Matrícula AUG 736
CI 4.661.797-6
Nota de Redacción. La carta del corresponsal, que publicamos como corresponde, sorprende a Búsqueda probablemente más que el artículo de referencia le haya sorprendido a él.
Su razonamiento corre por tres carriles: el primero es la existencia de pretendidos “desmentidos” sobre hechos que el corresponsal considera falsos; el segundo es la atribución a Búsqueda de graves intenciones extra periodísticas; el tercero es una conclusión absolutamente insólita.
El capítulo de las presuntas falsedades comienza con negar algo que nunca fue publicado. Dice el corresponsal que él y otros golfistas del Club de Golf del Uruguay le pusieron a Juan Álvarez “el apodo Bola 8”. El artículo no dice eso. Dice, sí, que sus compañeros le asignaron ese sobrenombre, pero no que fueron sus compañeros del Club de Punta Carretas. Fueron, como bien dice el corresponsal, sus antiguos compañeros del Club de Golf del Cerro. Y, aunque a Álvarez no le gusta que lo llamen así, así siguieron llamándolo no solo en Uruguay sino en las giras que realiza en el exterior. Esto lo dijo Álvarez y su padre al periodista (el fotógrafo de Búsqueda es testigo de esa conversación grabada) en el comedor de su casa, frente al hoyo 6 del Club de Golf del Cerro.
El corresponsal se agravia porque el artículo habla de los golfistas como “blancos” y “más espigados” que Álvarez. No comprendemos por qué; es una simple descripción de la realidad que viene a cuento desde el punto de vista periodístico para resaltar el logro del muchacho que salió de Casabó y “se convirtió en el mejor golfista del Uruguay”. Es un hecho, no solo en Uruguay, que la inmensa mayoría de los golfistas son de raza blanca. Y también es un hecho que quienes compiten al lado de Álvarez en los torneos nacionales e internacionales son, en general, individuos “más espigados” que él. Pero de ahí a extraer conclusiones racistas, como las que extrae el corresponsal, dista un enorme trecho que, desgraciadamente, el lector ha resuelto recorrer con ligereza. De hecho, una de las últimas grandes novedades del golf en los últimos tiempos fue la aparición de Tiger Woods como el mejor golfista del mundo durante varios años. Y como Woods no es de raza blanca, eso fue resaltado en toda la prensa mundial por haber sido la primera vez que un golfista negro alcanzaba posiciones de privilegio en un deporte históricamente dominado por blancos.
El corresponsal dice que “antes de pasarse al profesionalismo, Juan contó con la asistencia de un ‘sponsor’ que, lejos de querer aprovecharse de un rédito económico (incierto), lo apoyó en todos los aspectos”, incluso llevándolo a vivir a su casa en Punta del Este. No tenemos por qué dudar de la veracidad de esa afirmación, pero ¿dónde dice el artículo de Búsqueda que hubo un “sponsor” que se haya querido aprovechar “de un rédito económico”? ¿A qué viene esta suerte de “desmentido por las dudas”? Agrega, el corresponsal, que como el “sponsor” y otros compañeros le proporcionaban toda la ayuda necesaria, “cuando se dice que en los viajes tenía que quedarse solo en el cuarto del hotel porque no tenía plata para salir con sus amigos, se está faltando a la verdad”. Eso lo repite más adelante. Pues, nuevamente, eso fue lo que le dijeron al periodista Álvarez y su padre, así como otras muy calificadas fuentes del Club de Golf del Uruguay.
Luego, el corresponsal dedica un espacio a aludir a “la inseguridad en el Club de Golf del Cerro” e invita a Búsqueda a informarse allí sobre por qué los no socios de esa institución sólo pueden jugar cuando hay torneos abiertos y que “éstos son cada vez menos”. Agradecemos la invitación, pero nada tiene que ver eso con la nota que se dedicó a comentar. Y cuando Búsqueda considere periodísticamente relevante preparar algún artículo sobre la seguridad o inseguridad en las canchas de golf del Uruguay, sin dudas hará esa consulta. Por ahora, tenemos otras cosas de interés público más relevantes en las que ocupar el tiempo.
El corresponsal dice, en base a un conocimiento personal que afirma poseer, que “es completamente falso” que Álvarez haya debido “vencer prejuicios para hacerse un lugar entre los golfistas”. Durante la larga conversación que Álvarez y su padre mantuvieron con el periodista de Búsqueda, así como en otras consultas que el reportero hizo en el mundo del golf, eso fue lo que le dijeron.
También expresa su “impotencia e indignación” por el hecho de que en la nota se informó que “para lograr que lo aceptaran, (Álvarez) tuvo que vencer los prejuicios de ‘los ingleses’ (el artículo explica que ‘los ingleses’ es como se conocía a los golfistas estadounidenses del Club de Golf del Cerro que dirigían el vecino frigorífico Swift) y de muchos criollos que los despreciaban por pobres y que no gustaban compartir el juego y ni siquiera el contenido de una botella de agua o refresco, aun después de cinco horas de caminata en los días más calientes del verano”. El corresponsal dice que “eso es una barbaridad y una falta de respeto”. Otra vez, sugerimos que dirija su “impotencia e indignación” a las fuentes de Búsqueda, entre ellas el propio Álvarez y su padre, que así lo relataron al periodista.
El capítulo de atribución de intenciones a Búsqueda es inaceptable para este semanario. En distintos pasajes de su carta, el corresponsal manifiesta que Búsqueda alude “a personas de un nivel económico superior con desprecio y resentimiento” y acusa al semanario de sentir “una necesidad de atacarlos (a esas ‘personas de un nivel económico superior’) y no reconocer ni valorar todas las cosas muy buenas que hacen por ellos”, en supuesta alusión a los chicos de escasos recursos que quieren dedicarse al golf. En el mismo sentido, expresa que la nota que le molestó está “cargada de resentimiento y odio”.
Naturalmente, el corresponsal puede creer lo que quiera sobre las intenciones de Búsqueda al publicar esa nota. Está dentro de su libertad. Sin embargo, nos parece que solamente a alguien muy despistado se le puede ocurrir que Búsqueda trata con “desprecio”, “resentimiento” y hasta “odio” a las personas que aparecen en sus noticias, según sea el “nivel económico” al que pertenecen. Y mucho más despistado —por decir lo menos— es cualquiera que piense que Búsqueda “promueve” esos sentimientos malsanos en función de los orígenes sociales de los individuos. Después de 42 años de trayectoria, parece obvio —aunque no para nuestro corresponsal— que Búsqueda es una publicación que defiende la libertad en todas sus dimensiones, que en función de eso es filosóficamente contraria al racismo y a la discriminación (contra negros, blancos, mulatos, rubios, pardos, judíos, católicos, musulmanes, protestantes o budistas) y que no tiene, ni por asomo, el gusto de compartir la idea marxista de la “lucha de clases”, que profesan las ideologías totalitarias, como el comunismo.
Finalmente, nos parece completamente descabellada la conclusión del corresponsal en cuanto a que, mediante la nota que no le gustó, Búsqueda haya dejado “muy mal parados a los golfistas en general”. Nosotros pensamos exactamente lo contrario. Los golfistas, y especialmente el Club de Golf del Uruguay, han quedado muy bien “parados” con ese artículo. Allí se informa, sin duda posible, sobre un caso de éxito donde un muchacho oriundo de uno de los barrios más pobres de Montevideo pudo triunfar en el mundo del golf, deporte que en el imaginario colectivo uruguayo es considerado “elitista”. Y pudo hacerlo, según informó Búsqueda en ese mismo artículo, gracias a que “el Club de Golf del Uruguay le ofrece entrenamiento, atención médica y viáticos”, y a personas como Fernando Etcheverry (ex presidente del Club) y el profesor Eduardo Payovich (uno de sus principales referentes deportivos) que “piensan que apoyar a Álvarez es una tarea difícil pero gratificante”.