Se nos murió Ramón Díaz.
Se nos murió Ramón Díaz.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo voy a poner aquí todos los méritos, títulos, virtudes, distinciones, condecoraciones y honores que recibió en su vida, porque están detallados no solo en otros artículos de nuestra publicación, sino también en muchos otros medios y ámbitos periodísticos, oficiales y académicos en los que actuó y se destacó.
Estas son apenas unas pinceladas muy personales, que surgen de un corazón entristecido por el alejamiento final de un amigo, y de un maestro.
Conocí a Ramón en la Facultad. Yo era un joven estudiante de Derecho, y él era un profesor agregado a la cátedra de Economía Política, dirigida por un catedrático que no hacía interesantes a las clases que daba, basado en un libro de apuntes mimeografiados de unas cien páginas, en el que, para tener una idea, la parte de “Desarrollo Económico” tenía apenas una carilla y media.
Ramón, en cambio, cuando le tocaba dar la clase, nos hablaba de temas que ni imaginábamos que existían, y de autores de los que nunca habíamos escuchado hablar. Adam Smith, Hayek, Von Mises, Ayn Rand, cuyos libros nos traía y nos prestaba, y después nos interpelaba sobre su contenido.
Nos impulsó a investigar, a cuestionarnos la realidad circundante, a aprender cosas nuevas, aunque no estuvieran en los programas de estudio. Hasta llegó a inducirnos a juntar un grupo para un curso extracurricular (“Producto Bruto e Ingreso Nacionales y su Contabilidad”), una rareza que cursamos un grupo de 20 “locos”, como nos decían los demás compañeros, que no entendían cómo podíamos dedicarle tiempo a una materia que no contaba para terminar la carrera.
Después nos reencontramos en un grupo de asesores del entonces Ministerio de Industria y Comercio, en el que compartimos horas inolvidables con él, Manfredo Cikato, Felipe Paolillo, Alfredo Silvera Lima y Héctor di Biase. Era el comienzo del gobierno de Oscar Gestido, siendo ministro Julio Lacarte Muró, y subsecretario Alejandro Végh Villegas. Trabajábamos en equipo, pero yo me sentía como un canterano del Barcelona, jugando con Suárez, Messi y Neymar.
Cuando volví de una beca en el Gatt, tras seis meses estudiando Política Comercial, a él lo designaron director de la OPP. Una noche llego a mi casa, y lo encuentro esperándome en la vereda. Había ido a verme para ofrecerme acompañarlo como subdirector. Otra vez trabajamos mancomunadamente en equipo, y así como entramos nos fuimos, tras haber intentado hacer aprobar al Parlamento una Rendición de Cuentas que el presidente Pacheco había respaldado en principio, pero después nos sacó la escalera y nos dejó agarrados del pincel. Era octubre de 1970.
En el verano siguiente, alquiló una casa en la Barra de Maldonado, y me invitó a tomar un café. Ahí me propuso seguir trabajando juntos, esta vez en una publicación, que nos permitiría decir lo que nos había quedado por decir y hacer en la OPP. Ahí se puso la semillita de lo que después fue Búsqueda.
Fuimos familiarmente muy amigos, tan amigos que él fue padrino de uno de mis hijos, y su incondicional e insustituible Ofelia, Chichí, es la madrina de otro de mis hijos.
Compartimos momentos inolvidables, alegrías, frustraciones, luchas, conquistas, y sobre todo, ideas y realizaciones. Esas cosas que quedan para siempre adentro, y que solo se sienten rememorándolas y recordando con admiración y cariño a quien, como los jóvenes alumnos de Aristóteles, de Platón o de Sócrates, uno siente como maestro, antorcha y guía.
Hoy ya no está físicamente, pero su recuerdo y su impronta seguirán por siempre en mi formación, en mi alma y en mi corazón.
Adiós, Amigo y Maestro.