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    Agricultores adelantaron la siembra de soja asumiendo que en esta zafra “será más difícil hacer plata”; si obtienen 2,5 toneladas por hectárea ganarán unos U$S 270

    Por estos días los agricultores apuran las tareas de siembra de soja, el cultivo más extendido en Uruguay, con casi 1,5 millones de hectáreas, jugados a que un rendimiento de 1.800 kilos por hectárea para arriba pueda asegurarles rentabilidad en un contexto de precios inferiores a zafras pasadas, dijeron a Campo empresarios de ese sector. Señalaron que este año se adelantó la plantación de ese grano, porque había mucha área libre que no se había sembrado con trigo y a que, por ahora, el clima permitió hacerlo, aunque con interrupciones por las lluvias abundantes.

    “Los productores tienen asumido que les será más difícil hacer plata; algunos ganarán, otros empatarán o perderán, dependerá de algunos factores, como si pagan o no renta por los campos, en qué tipo de suelo plantan, si están cerca de los puertos”, consideró el presidente de las Cooperativas Agrarias Federadas (CAF), Juan Vago.

    Pese a que el valor de esa oleaginosa cayó de U$S 500 la tonelada a cerca de U$S 350 y en las últimas semanas repuntó a casi U$S 390 en el mercado de Chicago, los productores sembrarán prácticamente la misma área que el año pasado, pero con algunos ajustes a la baja en sus costos, como en los contratos de servicios de siembra y en la compra de insumos. A eso se sumó la decisión de plantar en zonas más cercanas a los puertos y abandonar los campos más apartados, que se ubican en el este y noreste del país, debido a que el negocio deja de ser rentable cuando aumentan los costos de los fletes, comentaron.

    “Dentro de todas las opciones que hay en la agricultura la soja sigue siendo la más atractiva, pese a su menor precio”, dijo el titular de CAF. Indicó que los sojeros “con un par de años buenos, en precio y en rindes, pudieron hacer algún peso y enfrentar una situación menos favorable, como ocurre ahora”.

    Los agricultores advierten que las lluvias intensas que se registran en pocas horas afectan las tareas de siembra, pero reconocen que la abundancia de agua en el suelo ayudará al desarrollo del cultivo en los próximos meses.

    Si caen 80 o 100 milímetros de lluvia en un día eso implica parar la siembra por dos días, porque las máquinas no pueden entrar a los campos, comentó el presidente de la Cámara Uruguaya de Servicios Agropecuarios, Juan Maisterra.

    Cuando los precios bajan el clima gana importancia en el negocio, porque los agricultores ya saben que recibirán menos dólares por sus granos, pero si obtienen buenos rendimientos se puede mantener la actividad.

    “Con 2.500 kilos en adelante los costos están cubiertos y a partir de ahí es posible ganar, pueden ser 500 kilos”, opinó Vago, aunque los números estimados por Sofoval presentan un margen de ganancia interesante a partir de ese rendimiento.

    Otra decisión relevante es la fertilización del suelo y la planificación de los predios en cuanto a optimizar el uso de los insumos de acuerdo con la capacidad de los campos, lo que tiene incidencia directa en los resultados productivos, indicaron.

    Márgenes y costos

    Para el titular de CAF “lo más complicado” cuando los precios bajan y el clima perjudica los rendimientos “no es tanto por su efecto en la economía del productor, porque si hizo las cosas bien pudo ahorrar algo en los años anteriores, sino que el impacto negativo mayor recae en otros actores de la cadena, como los contratistas, proveedores de insumos y transportistas”.

    Lo más adecuado es que las empresas de servicios agropecuarios realicen un ajuste de sus tarifas; en caso contrario, los agricultores contratarán a los mejores, aunque cuesten más caro, y quedarán rezagados los que no trabajan bien, consideró.

    Explicó que “cuando los márgenes están tan ajustados, como sucederá en esta zafra, es importante la diferencia en el costo de un flete, que puede ser de 30 a 80 dólares entre sembrar en una zona cercana al puerto y otra más distante”.

    En cuanto a la importancia de las cooperativas en la agricultura local, contó que los productores cooperativos abarcan entre el 20% y 30% del área total de siembra de soja, y en el caso de trigo comprende una porción mucho mayor.

    Los agricultores asociados a las CAF que plantan soja tienen entre 500 y 1.000 hectáreas. “No tenemos socios que siembran 20.000 hectáreas como los grandes pooles de siembra”, comparó.

    En Carmelo, Trinidad, Durazno, Young o Paysandú las sembradoras avanzan en los campos.

    Hasta este momento “se plantó mucho y antes del 1º de noviembre, que es cuando generalmente empieza la siembra”, advirtió Maisterra.

    Explicó que el espacio que dejó la menor plantación de cultivos de invierno, principalmente de trigo, fue aprovechado por los productores para anticiparse a sembrar soja.

    Los grandes grupos agrícolas son los que arrancan temprano a plantar, pero también lo hacen los contratistas que en los últimos años también decidieron hacer sus propios cultivos. El titular de CUSA afirmó que las tarifas de los servicios de tareas agrícolas “prácticamente no aumentaron”. En agosto pasado, durante una asamblea de esa gremial, estableció un incremento de 4% en los precios sugeridos por los trabajos que realizan sus asociados.

    Respecto a la situación del sector, Maisterra señaló que las empresas adquirieron mucha maquinaria nueva y si se tiene que bajar la tarifa de sus servicios entonces se complica, porque cuando uno deja de ganar no realiza reparaciones de la maquinaria.

    El negocio agrícola “es bastante riesgoso y hay que tener mucho cuidado porque el nivel de equilibrio de productividad es alto y no tan fácil de alcanzar”, advirtió.

    Con campo hay ganancia

    Las estimaciones que hacen los productores respecto a los márgenes, los costos y el rendimiento productivo de equilibrio para cubrir los gastos se refieren generalmente a las empresas que pagan arrendamiento de campos.

    Para los agricultores que plantan en sus propios predios y por eso no pagan rentas el resultado cambia, como lo muestran los cálculos publicados por la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Valdense (Sofoval).

    Indican que los costos de insumos agrícolas ascienden a U$S 304 la hectárea, de los cuales la mayor parte se destina a la compra de semillas y fertilizantes; a ese monto se le suman U$S 201,7 para el pago de labores de siembra, de aplicación de herbicidas y fungicidas, y de la cosecha. Mientras que los costos de logística y poscosecha llegan a U$S 158,5 y el seguro por granizo y otros eventos climáticos es de U$S 14. Considerando esos valores el costo total de producción es de U$S 782 por hectárea.

    Si el productor obtiene 1.800 kilos por hectárea, y vende a un precio de U$S 400, entonces le alcanza para pagar los costos, y en caso de que obtenga 2.500 kilos (2,5 toneladas) por hectárea el margen de ganancia es de U$S 271,8 por cada una, según Sofoval.

    Rentas

    Un aspecto que no siempre se tiene en cuenta cuando se analiza el negocio agrícola desde afuera es que los contratos de arrendamiento de campos se hacen en otoño, destacó Fernando Indarte, de la firma Indarte & Cía., que opera en el mercado de tierras.

    Hay que recordar que a esa altura del año la soja valía entre U$S 550 y U$S 560 en la bolsa de Chicago.

    “Las rentas se pagan en kilos de soja por hectárea y, si se mantiene el contexto actual de precios de los granos, es de esperar que en los próximos contratos baje algunos kilos”, vaticinó ese empresario.

    Este año, el precio de los arrendamientos agrícolas fue de entre 500 y 600 kilos de soja, en el centro del país, entre 300 y 400 kilos en el este, y entre 800 y 1.000 kilos en el litoral oeste.

    Agro
    2014-11-06T00:00:00