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    Al Hipotecario “ya no se lo ve como el banco perdonatutti”

    En los cinco años que pasaron desde que retornó al mercado de créditos, el Banco Hipotecario (BHU) otorgó unos 8.500 préstamos para compra de vivienda y una cantidad similar con destino a refacciones. También se abrieron unas 25.000 cuentas de ahorro nuevas.

    Entre 2002 y 2008 esa institución pública había enfrentado serios problemas financieros y dejó de dar préstamos. Una reestructura —que incluyó una capitalización, la cesión de parte de su cartera a fideicomisos y la supresión de sucursales y de parte de su personal— condujo a la “recreación” de la institución, dijo a Búsqueda su presidenta, Ana Salveraglio.

    Con todo eso “la cabeza del cliente cambió. Ya no se lo ve como el banco perdonatutti”, agregó.

    La semana pasada el Directorio del BHU aprobó la opción para los clientes de préstamos de convertir sus deudas en unidades reajustables (UR) a unidades indexadas (UI) a “tasas equivalentes”, señaló. Quienes reclamaban ese tipo de medidas se expresaron disconformes.

    Salveraglio dijo que la entidad tomó esa decisión “asumiendo un riesgo limitado” y reiteró que no habrá “medidas generalizadas, ni quitas”.

    Por otra parte, el Hipotecario prepara su retorno al mercado de capitales buscando fondos para poder dar más créditos. Prevé  emitir certificados de depósitos en UR, y captar ahorro de empresas y personas en cuentas a más de un año de plazo, informó.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.

     

    —A fines de 2008 el BHU retornó al mercado de créditos hipotecarios tras realizar una reestructura que implicó una capitalización y la reducción en dos tercios de su plantilla, entre otras medidas. A cinco años de ello, ¿cómo evalúa los resultados de esa reforma?

    —De forma sumamente positiva. Desde el punto de vista de los créditos el crecimiento fue muy importante. Empezamos hace prácticamente cinco años con el primer crédito y hoy somos líderes del mercado, con cerca del 60% de participación en el total de préstamos hipotecarios.

    Esto se basa en una mejora continua con foco en la atención al cliente, puesto que hoy el crédito promedio se otorga en 45 a 50 días de plazo.

    Hemos dado desde entonces aproximadamente unos 8.500 créditos para compra y otros 8.600 para refacción. Es muchísimo. Este año en el período enero-setiembre tuvimos un 50% más de ingresos de solicitudes de créditos para compra respecto a igual lapso de 2012, y en créditos otorgados crecimos 30% en ese período.

    En cuanto al ahorro, además de unas 140.000 cuentas viejas, se abrieron —en este tiempo— más de 25.000 nuevas. Haber logrado esa apertura es un éxito.

    En 2008, tomando en cuenta los clientes que permanecieron en el banco, la cartera tenía un 60% de morosidad. Eso se empezó a gestionar en 2009 y hubo una reducción notoria. La meta que teníamos para fin de este año era llegar al 7%, y al 30 de setiembre estamos en 6,3%, en promedio.

    Pero además, mejoró el clima laboral, nunca más como antes hubo reclamos de los funcionarios aplaudiendo tras la puerta de la Presidencia del banco, hoy muchos juegan en campeonatos de fútbol institucionales, y hace dos años se formó un coro. Eso era impensable años atrás.

    —La reforma significó una suerte de refundación de la institución, pero aún queda “banco viejo”. ¿Cuánto pesa en la gestión actual?

    —En números, cada vez menos. El peso más grande hoy del viejo banco está en la escrituración de las promesas de los conjuntos habitacionales. Este año el BHU llamó a unos 1.000 clientes para escriturar —se les da facilidades, préstamos para gastos y un arancel especial—, pero son muy pocos los que finalmente escrituran. Hay mucho para hacer, quedan unos 5.300.

    —¿Y cuánto queda de la cultura del no pago?, porque hasta hoy los antiguos deudores piden quitas...

    —Cada vez menos, porque el cliente paga. Y es de las grandes diferencias entre el viejo y el nuevo banco. La anterior era una institución que hacía de todo, daba el préstamo, construía, vendía lo que construía, recuperaba la cartera y, en  definitiva, no tenía los recursos para hacer esas cosas bien y asumía una cantidad de riesgos que no gestionaba. Como consecuencia llegó a morosidades de 80%.

    El hecho de que hoy los clientes vengan cuando se les llama, reestructuren su deuda y tengamos una morosidad promedio de 6,3%, significa que la cabeza del cliente cambió. Ya no se lo ve como el banco perdonatutti, más allá de que tenemos muchas herramientas para refinanciar.

    —El miércoles 23 el BHU aprobó una medida administrativa habilitando al cambio voluntario de moneda de la deuda, de UR a UI. ¿Con esto el banco promueve la transformación del contrato de préstamo?

    —No, de ninguna manera. Para nosotros la UR sigue siendo la unidad de cuenta que más protege al deudor.

    Desde noviembre vamos a decir cómo se van a hacer las consultas y vamos a informar cuál será la ventana de oportunidad, que no va a permanecer en forma indefinida.

    —Los deudores que reclamaban la posibilidad de pasar su deuda a UI señalan que la medida anunciada “es humo” y que beneficia a muy pocos, por las tasas de interés establecidas. También el líder del Partido Independiente, Pablo Mieres, se refirió a la propuesta como una “solución falsa” porque alcanzaría a unas 100 familias ¿Puede haber alguna otra decisión, de cara al año electoral?

    —El 17 de julio, en una reunión con el ministro de Vivienda, Francisco Beltrame, y con los deudores, dijimos que el banco no va a otorgar quitas. Por pedir, siempre la gente pide. Ya tomamos la decisión y fue la anunciada el miércoles. En función de cuántos deudores tomen la opción y cómo evolucionen las variables UI-UR se verá el impacto en los resultados del banco. El cambio es a tasas equivalentes.

    —¿Y los costos en términos de imagen? ¿No cree que esta medida es una mala señal para el mercado, de cara a la emisión de obligaciones negociables que planifica el BHU?

    —Es una medida que tomamos siendo sensibles al pedido de los clientes y asumiendo un riesgo limitado.

    El marco ya está dado, y ya se informó que no hay medidas generalizadas, ni quitas.

    —En materia de créditos, ¿el BHU llegó al volumen necesario para lograr una buena escala o se requieren ajustes?

    —Estamos bien. Las proyecciones son buenas, estamos cumpliendo con lo esperado y teniendo en cuenta el desarrollo de la vivienda de interés social la perspectiva es muy buena.

    Nuestra meta es dar unos 2.000 a 2.200 créditos por año. Con la vivienda de interés social puede ser que se llegue a 3.000 en algún año, pero no aspiramos a más que eso.

    Con la recreación del banco lo que se hace es asegurar a la población que siempre va a haber oferta de crédito hipotecario.

    —Beltrame anunció hace pocos días un programa para facilitar que los uruguayos retornados de España tengan acceso a la vivienda a través de préstamos del BHU. ¿Cómo será?

    Hemos ajustado nuestra política de manera de facilitarla para los que regresan al país. Por ejemplo, se flexibiliza la antigüedad laboral, se les computa el trabajo en el país en que residía y se piden menos meses laborales aquí, aunque la relación deuda-garantía es más exigente.

    Pero aún no se ha otorgado ningún crédito.

    Respecto al ahorro, primero se habilitará la apertura de cuentas en el Consulado en España. Luego se piensa seguir con Australia, Estados Unidos y otros países.

    —Con este tipo de programas y el del subsidio a la cuota para la vivienda de interés social, el Hipotecario es el brazo ejecutor de políticas públicas. ¿Su rol social le hace asumir costos que los bancos privados no tienen?

    —La gran diferencia entre el banco de hoy y el de antes, es que más allá del rol social que pueda tener en la actualidad, no hay una confusión de roles o de recursos, que era lo que sucedía antes.

    Hoy a aquellos que reciban subsidio del Ministerio de Vivienda el banco los va a analizar como sujeto de crédito por el préstamo que le va a dar. No está asumiendo un riesgo mayor.

    Es el rol que tenemos que cumplir, no lo vemos como un costo adicional. Somos el banco público especializado, estamos sujetos a la normativa del Banco Central, no nos podemos salir un ápice. Estamos dispuestos, de pronto, a asumir un riesgo mayor que un banco comercial, pero eso no implica que estemos tomando riesgos con costos adicionales que nos impida seguir prestando.

    —Mientras sigue el trámite de la emisión de obligaciones negociables en el Central, ¿qué otras alternativas de fondeo  prevé ante la creciente demanda de créditos que enfrenta?

    —Prevemos otro producto de ahorro. Con la Rendición de Cuentas se aprobó que el BHU puede empezar a captar en plazo fijo por plazos mayores a un año, de parte de empresas o personas físicas, instituciones financieras, etc.

    No lo hemos desarrollado aún. Es otra posibilidad de ahorro y otra herramienta importante de fondeo para el banco.

    La emisión de certificados de depósitos en UR es otro instrumento de fondeo, para lo cual si bien es mucho más sencillo también necesitamos la autorización del BCU y ya se solicitó.

    Estamos conversando con el Banco de Seguros para que haga la inversión en estos papeles; estamos acordando la tasa. El BHU es el proveedor natural de estos instrumentos en UR.