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En 2012, un episodio truculento se destacó en la animada crónica roja argentina, que suele desbordar los estrechos márgenes de la ficción. Una mujer llamada Sonia Molina fue mantenida en cautiverio durante tres meses por una pareja de pastores evangelistas en un sótano de Coronel Suárez, al sur de la provincia de Buenos Aires. Fue golpeada, torturada, abusada y alimentada solo con comida para perros, polenta y un vaso de agua diario. Los captores filmaron sus atrocidades. El caso tuvo repercusión mediática cuando la joven escapó por un ventilete —gracias a que había perdido 20 kilos— mientras los secuestradores dormían, y fue llevada por un taxista a un hospital, donde pasó varios meses en recuperación.
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El actor, director y dramaturgo uruguayo Gerardo Begerez rebautizó a la protagonista como Arlette Dupont, introdujo en el relato el universo parisino y las canciones de Edith Piaf. Y aquí entra en acción la actriz de El Galpón Alicia Alfonso, intérprete de esta puesta removedora que cala hasta el hueso. Se hace muy difícil permanecer indiferente ante lo que hace esta mujer. Su presencia actoral, su capacidad de emocionar y su gran talento como cantante confluyen para estremecer al espectador en una experiencia teatral contundente, de esas que no se olvidan.
Begerez ubica el relato en el día en que se dicta la sentencia a los secuestradores. Arlette decide dar un concierto de música francesa, contar su historia y, a través de la música, sublimar el trauma. Revive los hechos pero aferrada a la vida y a la posibilidad de la redención.
El tour de force, expresión perfecta para la ocasión, radica en que la chica fue educada por su madre francesa en esa tradición cultural, lo que le permitió evadir los peores tormentos viajando con su mente a París. Algo similar a lo que cuenta Henry Engler en El círculo, el documental de Aldo Garay: la evasión mental del cuerpo como recurso extremo de la psiquis para mantenerse a salvo.
El link entre el trance de Arlette y la vida de Piaf resulta un recurso narrativo ideal para potenciar el dramatismo. Begerez acierta en empatar el fanatismo, en este caso religioso, con la locura. Y por sobre todo está el trabajo de Alfonso, una actriz con mayúsculas que siempre deja la placentera sensación de estar viviendo lo que representa, y que aquí logra el papel de su vida.
Horror en Coronel Suárez (Drama musical para una actriz). Texto, dirección y espacio escénico: Gerardo Begerez. Intérprete: Alicia Alfonso. Luces: Adrián Romero. Teatro El Galpón, Sala Cero. Lunes, 21h. Entradas: $ 250.