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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáComo está fehacientemente documentado en las actas del Parlamento Nacional, Héctor Amodio Pérez (en adelante, HAP) es, ante todo, un traidor y un mentiroso contumaz en cuyas palabras no puede confiarse.
No sólo traicionó a sus compañeros políticos, sino al Uruguay entero, ya que alentó y trabajó junto a malos militares en la preparación del golpe de Estado que finalmente se dio la noche del 26 de junio de 1973. A los delitos que se le imputan debería agregarse el de “atentado a la Constitución en el grado de conspiración” por el cual fueron procesados tantos de sus compañeros.
HAP ha tejido falsedades toda su vida y nada de lo que diga es confiable.
Nos remitimos a nuestra carta publicada en este semanario el 18 de junio, pero nos vemos en la obligación de reiterar:
1. En primer lugar, pocas cosas son más ciertas que “ofende quien puede y no quien quiere”, y HAP no tiene estatura moral para ofender a nadie. Sus intentos de insulto son medallas para quienes los reciben.
2. Wilson Ferreira Aldunate no sólo no impulsó ningún “golpe peruanista” sino que se opuso empecinadamente a cualquier tipo de ruptura institucional. A Wilson le fueron a “sugerir” ser la cabeza civil de un “golpe bueno” a su casa unos 40 oficiales en actividad el día de su cumpleaños, 28 de enero de 1972, y lo rechazó de plano. También impidió que un grupo de militantes blancos encabezados por un ex militar volaran el Cilindro Municipal donde se estaban procesando malamente los votos de las elecciones de 1971.
Ese mismo día relató el episodio a un grupo de jóvenes, entre los que estaban los firmantes de esta nota, y posteriormente lo refirió en la Asamblea General. El 13 de febrero de 1973 dijo por radio que “cualquier intento de violar la Constitución lo encontraría siempre enfrente”. Los golpistas fueron otros y todos sabemos quiénes. Basta leer la prensa de la época y leer el inconstitucional decreto de disolución de las Cámaras.
3. Respecto de los intentos golpistas previos, cabe recordar que en la Asamblea General del 29/31 de marzo, con relación al Comunicado Nº 775 de la Junta de Comandantes del 23 de marzo de 1973, que afirmaba que “cuando la sedición alcanzó su máxima expresión (…) muchos representantes de dichos sectores políticos partidarios, salvo honrosas excepciones, iniciaron negociaciones secretas con cabecillas del movimiento clandestino”, Wilson Ferreira Aldunate respondió en el Parlamento: “Creo que viene al caso (…) simplemente citar que en su oportunidad denuncié al señor comandante del Ejército, Gral. César Martínez, (...) la realización de negociaciones entre los dirigentes del movimiento tupamaro que estaban detenidos y de aquellos que aún gozaban de libertad con oficiales de las FFAA, en una unidad del Ejército Nacional, para concertar una campaña dirigida al desprestigio de las fuerzas políticas del país y a la instalación de un gobierno militar. El señor comandante en jefe recibió la documentación. Como la reunión que yo le denunciaba se estaba realizando en los mismos momentos, le solicité tomar injerencia directa e inmediatamente en los hechos, indicándoles quiénes eran los que se encontraban reunidos y dónde se celebraban las reuniones. Sé por actuaciones posteriores que el Comando del Ejército tomó medidas; recibió información, pero extraoficial, casi a título de rumor, de que se habían aplicado algunas sanciones, pero de eso no tengo confirmación. Cito el episodio en este momento. Está vinculado, además, al célebre intento de publicación de un libro del tupamaro o ex tupamaro Héctor Amodio Pérez, redactado junto con algunos oficiales del ejército (...) cuya copia fotográfica aporté al señor comandante. El general César Martínez adoptó medidas. Sé que luego intervinieron otros servicios del Ejército (…). La operación concreta que entonces se preveía como primera etapa (era) consistente en la aparición simultánea en varios países de este “best seller” (…). Repito que creo que logró frustrarse esa maniobra burda. No sé si tendremos la misma suerte con algunos de sus desarrollos posteriores (...)”.
Amodio y otros dirigentes tupamaros se habían complotado con malos militares para dar un golpe de estado. El detonante sería un libro donde HAP relataba los contactos de políticos de todos los sectores —incluidos Jorge Pacheco Areco y el Gral. Mario Oscar Aguerrondo— con guerrilleros. Se ofreció editar el libro al doctor Federico Fasano, director de “El Eco” y otros diarios de izquierda. El Dr. Fasano, al serle entregado el original, lo comunicó al general Líber Seregni, a Wilson y Zelmar Michelini, ofreciendo la prueba para que se frustrara la intentona golpista.
4. El 4 de mayo de 1973, WFA informó al Parlamento la existencia de un libro del “detenido” Héctor Amodio Pérez, cuya publicación (frustrada por denuncia de Federico Fasano) formaba parte de “un complot para desprestigiar las instituciones”. El 8 de mayo, para desmentir a Wilson, el entonces presidente Juan María Bordaberry anunció que los militares autorizaban a que la Comisión de Constitución y Legislación del Senado de la República interrogase a Amodio Pérez en una unidad militar. Con excepción de Martín Etchegoyen, los integrantes aceptaron y concurrieron al Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES). El senador Michelini se retiró por discrepar con la no autorización de taquígrafos y la presencia de militares en el interrogatorio.
La idea del Poder Ejecutivo era desmentir la versión de que Amodio había sido enviado al exterior. El ex tupamaro dijo: “Soy Amodio Pérez y creo que está todo dicho”. Con eso iba a terminar la instancia prevista por los militares y el Poder Ejecutivo.
Horas después de realizada la reunión en el IMES, el senador, escribano Dardo Ortiz, convocó a la prensa. Explicó que la entrevista fue en condiciones insatisfactorias y denunció que pidió a Amodio que escribiera algunas palabras en un papel (“mi interés era conocer su caligrafía para compararla con un manuscrito que se le atribuye”). Amodio escribió una frase (“estamos en una unidad militar”) que entregó al senador. Pero el coronel Ramón Trabal, jefe de Inteligencia Militar, exigió que el escrito no fuera retirado del cuartel. Ante la negativa de Ortiz, Trabal declaró que tenía plena conciencia de que violaba “la Constitución y los fueros del senador”, pero que “obedecía órdenes superiores” y si el papel no era devuelto, Ortiz no podría abandonar la unidad militar.
Ortiz, con gran sangre fría, se dirigió al entonces ministro de Defensa, Walter Ravenna, y le dijo que siendo el superior, diera la orden de dejarlo salir. Pero Ravenna vaciló y entonces Ortiz pidió hablar telefónicamente con el presidente de la República. Cuando iba a hacerlo, Trabal fue llamado por militares que estaban en el edificio y al volver le dijo a Ortiz que “por orden del comandante, puede mantener el documento y retirarse con él”.
La acusación de Amodio contra Erro —afirmó Ortiz ante la prensa— quedó desmentida. “Un documento anterior, cuyo original está en poder de senadores de Por la Patria —y que alude a contactos del MLN con distintos políticos— ha sido escrito, como lo demuestra el peritaje caligráfico, por Héctor Amodio Pérez. Si dicho documento (“parte de un complot para desprestigiar a los partidos”) contiene falsedades —afirmó Ortiz— no hay motivo para atribuir veracidad al testimonio de la misma persona cuando plantea cargos similares contra el senador Enrique Erro”.
Así, el senador escribano Dardo Ortiz relató los episodios en el seno del Parlamento, donde sus palabras fueron confirmadas por los otros senadores presentes, de inolvidable y entrañable recuerdo: Héctor Grauert (Lista 15), Dr. Washington Beltrán Mullin (Lista 400), Eduardo Paz Aguirre (Lista 15) y Juan Adolfo Singer (Lista 15). El senador Mario Heber Usher manifestó haber tomado conocimiento de que “el libro de Amodio” contenía acusaciones de que él mismo, el general Mario Aguerrondo, el senador Amílcar Vasconcellos, Manuel Flores Mora, Jorge Batlle, Wilson Ferreira Aldunate, Glauco Segovia y Jorge Pacheco Areco habían tenido contacto con la subversión. Señaló que él jamás había intentado contacto alguno y que suponer que el general Aguerrondo lo hubiera hecho —cuando era notorio que su gran deseo era “terminar con la sedición y todos sus integrantes”— era risible. Quedaba desvirtuada toda veracidad del texto acusador.
Sobre HAP también habló en su momento el ex presidente de la República, Dr. Jorge Batlle. En un discurso emitido por cadena de radio y televisión el 25 de octubre de 1972, denunció una conspiración de “malos militares” que se dejaban aconsejar por “tupamaros del tipo Amodio Pérez” para derrocar las instituciones democráticas. Al día siguiente, Jorge Batlle fue encarcelado por las Fuerzas Conjuntas, acusado de “vilipendio al honor de las FFAA”.
5. Wilson no se quedó en meras declaraciones en su lucha contra la conspiración de “malos militares” y “tupamaros del tipo Amodio Pérez”. Después de denunciarla en el Parlamento el 22 de agosto de 1972, y de muchísimas actuaciones, convocó con un mes de anticipación a una “Marcha por Patria, Honradez y Ley”, sin símbolos partidarios ni oradores, sólo con banderas nacionales, en defensa de la democracia. Dicha marcha, única manifestación civilista que se realizó antes del golpe de Estado de Juan María Bordaberry del 27 de junio de 1973, se realizó bajo lluvia, recorriendo 18 de Julio desde la Universidad hasta la Plaza Libertad, donde se entonó el Himno patrio.
Fue saludada —cosa que Wilson recordaba siempre con emoción— por la histórica sirena del diario “El Día”, fundado por Don José Batlle y Ordóñez, que hasta entonces sólo había conmemorado fastos del Partido Colorado.
Las instituciones democráticas, en particular el Parlamento, no cayeron sin luchar. Cayeron ante la aplastante presencia militar encabezada por un puñado de civiles que todos conocemos. Y el mismo 27 de junio de 1973 recomenzó la lucha, llevada adelante por los partidos políticos (no todos) y por la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), luego PIT-CNT.
Los hechos consignados han sido tomados de fuentes bibliográficas disponibles y de las actas del Parlamento de la época.
Los firmantes quedamos a la orden para aclarar cualquier duda que surja.
Es muy claro por qué HAP intenta insultar con falsedades la memoria de Wilson Ferreira Aldunate (que no está presente físicamente para responderle, pero que siempre tendrá quien responda por él): Wilson y su gente demostraron la conspiración que se estaba llevando a cabo contra las instituciones democráticas, en las que HAP jugó un rol fundamental. Acaso ahora HAP también haga mandados para los interesados en que la verdadera historia de las luchas de Wilson Ferreira Aldunate se tergiversen, que son unos cuantos, y a los que pronto denunciaremos, como siempre, con documentos en la mano.
Pero la verdad es indiscutible: Wilson es una de las más grandes figuras de la historia del Uruguay, luchador incansable por la libertad, la independencia nacional, el desarrollo económico integral y la justicia social. Dio sin vacilar por la “comunidad espiritual” que para él eran la patria y sus valores, su fortuna, su felicidad y su vida. Ese era Wilson.
HAP es lo que es.
Una conclusión preliminar a cuenta de muchas que podrían extraerse: la decadencia indiscutible de algunos partidos políticos en Uruguay se debe, entre otras cosas, a no ocuparse de cuidar la memoria de sus grandes referentes, como José Batlle y Ordóñez y Wilson Ferreira Aldunate, y eso constituye una prueba irrefutable de su proceso de disgregación. Podría decirse que quienes ignoran su historia están condenados a perderla y a que otras fuerzas políticas, legítima y casi necesariamente, hagan suyo tan precioso bagaje.
Dr. Juan Raúl Ferreira Sienra
Cr. Carlos Luppi