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    Ancap (IV)

    Sr. Director:

    ANCAP: ¿no será corrupción? En la última década, y muy especialmente en los últimos años, ANCAP ha venido perdiendo dinero y descapitalizándose de tal forma que si fuera una empresa privada debería estar en quiebra. Todo esto ocurrió mientras el país disfrutaba de una enorme bonanza económica y por ello ANCAP vendía mucho más combustible y lo hacía a precios altos o muy altos, actualmente los más altos de la región y entre los más altos del mundo. La situación de ANCAP sólo tiene una explicación: ha sido muy mal dirigida. La debacle es responsabilidad de sus directores y muy especialmente de sus presidentes: Daniel Martínez, Raúl Sendic y José Coya.

    Lo primero que hay que destacar es que ninguno de ellos es empresario y que no tienen formación ni experiencia en dirección de empresas ni en el negocio petrolero. Martínez y Coya, además de ser o haber sido sindicalistas, trabajaron en ANCAP lo que es muy diferente a estar capacitados para dirigir a la empresa. Con la formación y las experiencias laborales que tenían, ninguno de los tres podía creer que estaba capacitado como para dirigir ANCAP. Al aceptar el cargo sin estar capacitados para ejercerlo, muestran una enorme irresponsabilidad o soberbia. Nadie puede realizar exitosamente una tarea sin tener las competencias y conocimientos requeridos por el cargo. Es más que una irresponsabilidad; es inmoral. Los resultados de ANCAP dirigida por ellos lo muestran, así como muestran también que entre las metas de la empresa no estaban el producir al menor costo posible, con buena calidad y en forma ambientalmente aceptable, de forma de vender los combustibles al menor precio posible y con un margen razonable de rentabilidad, a pesar de que eso es lo que toda empresa debe lograr.

    Es de conocimiento público que durante su gestión, ANCAP realizó una serie de inversiones multimillonarias que costaron dos, tres y hasta cuatro veces su presupuesto inicial, lo que implicó varios cientos de millones de dólares adicionales. Nunca los directores de ANCAP nos han explicado cómo y por qué pasó esto a pesar de que los ciudadanos somos los propietarios de la empresa y por ello a quienes les deben rendir cuentas de su gestión. Peor aún: cuando se hizo pública esta situación han dado explicaciones falsas, como cuando Sendic afirmó que las pérdidas se debían al dinero que ANCAP depositó para el subsidio al transporte colectivo o ridículas.

    Como todas las inversiones realizadas tuvieron sobrecostos gigantescos, no se trata de un simple error humano o hasta de errores burocráticos, sino que fue la política del Directorio y especialmente de sus presidentes. Esto es obvio, ya que los directores de ANCAP avalaron lo actuado. Es más: en ninguno de los casos dispusieron una investigación para identificar las causas de los sobrecostos ni para identificar y sancionar a los responsables si los hubiera.

    Las denuncias, razonablemente fundadas, de que en la construcción de la  planta para la elaboración de etanol de ALUR en Paysandú se pagó un sobreprecio de unos cien millones de dólares muestran que la política de su subsidiaria fue la misma que la del Directorio de ANCAP. A esto hay que agregarle que según el senador Pablo Mieres, desde el año 2012 ANCAP ha estado pagando el petróleo que compra por encima de su precio de mercado. ¡Algo más de cuarenta millones de dólares por año!

    Esa política de pago de sobreprecios es totalmente irracional para ANCAP. Ninguna empresa puede sobrevivir si las inversiones le cuestan dos, tres o cuatro veces lo presupuestado y paga sobreprecios por los insumos. Como los directores de ANCAP son personas racionales, estas políticas tienen que tener un fundamento racional. No sirven a los intereses de la empresa así que tienen que responden a razones personales o partidarias, ambas igualmente espurias. Los sobreprecios son uno de los mecanismos más usados para que las empresas contratadas tengan ingresos extraordinarios que se reparten con quienes posibilitan y aprueban la maniobra. Los directores de ANCAP no han explicado detallada y claramente, mostrando las estimaciones de costos, los pliegos, las ofertas, los informes de los responsables de estudiarlas y sugerir la adjudicación, el acta de adjudicación, los contratos,  los cronogramas de obras y de pagos, el avance de obras, las órdenes de ampliación o modificaciones de las mismas con las justificaciones correspondientes y los precios a los que se pagaron y en base a los hechos fundamentar las causas de los gigantescos aumentos de los costos. La falta de explicaciones y sobre todo las mentiras y la ligereza e inconsistencia de las que han intentado dar hacen pensar que lo más probable es  que esas políticas se aplicaron  para desviar dinero. Los U$S 5.000 que ANCAP le regaló a un dirigente comunista para instalar una radio en Quebracho y que luego apoyó a Sendic en las elecciones muestran que hubo corrupción en los manejos de los dineros de la empresa, aun si la Justicia no actúa o no llega a condenar a alguien por corrupción. Cualquier parecido con Petrobras no sería mera coincidencia.

    Las sospechas de corrupción tienen que ser aclaradas por ANCAP inmediatamente. La Comisión Investigadora del Senado hasta ahora no ha recibido ninguna explicación razonablemente fundada de las causas de los extraordinarios sobrecostos por lo que parece que los actuales y ex directores de ANCAP no tienen intención de hacerse cargo del vaciamiento de la empresa que han hecho ni de rendir cuentas como les corresponde. Los principales responsables del desastre son los presidentes. Los directores del oficialismo que los avalaron también tienen una gran responsabilidad pero los de la oposición no se pueden lavar las manos. ¿Qué estaban haciendo en el Directorio si no se dieron cuenta de los gigantescos sobreprecios que se estaban pagando? ¿Tampoco se dieron cuenta del vaciamiento de la empresa?

    Lo peor en esto no son las cuantiosas pérdidas de ANCAP, la calamitosa gestión y hasta la posible corrupción, sino el precio al que han vendido y están vendiendo los combustibles que son una de las causas importantes del enorme costo país y de los enormes problemas que tienen las empresas para competir, tanto para exportar como dentro del país, lo que está llevando a la disminución de la actividad económica y posiblemente a la recesión.

    La defensa que ha estado haciendo el Frente Amplio de la gestión de ANCAP recuerda a la del PT con Petrobras y muestra que no hay ninguna intención de rendir cuentas, explicando claramente las causas de los sobrecostos y por ello de corregir lo hecho y de administrar a la empresa como se debe para que, con una ganancia razonable, venda los combustibles a precios acordes al valor actual del petróleo, para bajar el costo país y para activar a la economía. ¿Esta defensa de lo hecho es por ideología, defensa de los compañeros, irresponsabilidad o para tapar corrupción? ¿No será hora de que la Justicia se encargue de poner las cosas en su lugar?

    Arq. Juan Andrés Sienra

    CI 998.166-3

    Punta del Este (Maldonado)