Necesitada de fondos, Ancap recurrió a su principal subsidiaria, la Distribuidora Uruguaya de Combustibles (Ducsa), para reforzar su caja.
Necesitada de fondos, Ancap recurrió a su principal subsidiaria, la Distribuidora Uruguaya de Combustibles (Ducsa), para reforzar su caja.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo hizo a través de dos vías, según surge del informe de calificación de riesgo de una serie de obligaciones negociables (ON) de Ducsa aprobado a fines de octubre por Fitch.
Por un lado, en una asamblea extraordinaria efectuada en julio votó la disolución de una reserva voluntaria que mantenía la compañía por U$S 96,4 millones. El dinero pasó a Ancap.
Por otro, el ente le requirió en forma anticipada $ 117,8 millones, lo que se concretó en agosto. Ese monto correspondió al 30% de las utilidades después de impuestos, el porcentaje máximo permitido como anticipo por la política de dividendos de Ducsa.
Pese a esas acciones, la distribuidora de combustibles y lubricantes conservó una “holgada liquidez”, según Fitch. En su informe destacó que a junio de 2016 mantenía en caja e inversiones corrientes $ 1.229 millones. Agregó que a esa misma fecha la deuda financiera de Ducsa ascendía a $ 206 millones, de los cuales U$S 6,6 millones eran ON emitidas en 2012 a cinco años que planea cancelar con fondos propios, lo que reducirá “aún más su endeudamiento”.
Fitch ratificó la nota “AA+(uy)”, con perspectiva estable, para esos títulos de Ducsa. La empresa mantiene un “liderazgo en un mercado altamente regulado”, subrayó.
Luego de las pérdidas sufridas por Ancap años atrás —que motivaron una investigación legislativa y denuncias ante la Justicia—, esa empresa estatal comenzó a recomponer sus resultados. En los primeros nueve meses de 2016 ganó U$S 59,3 millones, lo que de todos modos se compara con utilidades mucho mayores (U$S 161,2 millones) obtenidas en igual lapso de 2015, de acuerdo con las cifras difundidas este lunes por el Ministerio de Economía.
A pesar de ese peor desempeño de Ancap, las principales empresas públicas incrementaron sus ganancias en enero-setiembre frente a igual lapso de 2015; eso se dio sobre todo por UTE. Sin embargo, como eso contrastó con peores números en el gobierno central, las finanzas del conjunto del sector público se deterioraron.
Tomando períodos de 12 meses, el déficit global se amplió en casi U$S 100 millones a setiembre y se ubicó en U$S 1.819 millones. Eso representa aproximadamente 3,5% del Producto Bruto Interno (PBI); el desequilibrio anual a agosto rondaba el 3,3%.
También se observó un deterioro en el resultado dejando de lado la cuenta de intereses de deuda (primario), que en los 12 meses a setiembre arrojó un déficit de poco más de U$S 83 millones o 0,1% del PBI. El saldo fiscal primario anual había sido superavitario la mayoría de los meses en 2016.
Con la primera Rendición de Cuentas del período, recientemente votada, el gobierno ajustó sus proyecciones macroeconómicas: para los 12 meses que cerrarán en diciembre próximo proyecta un déficit primario equivalente a 0,9% del PBI y un resultado global negativo de 4,3%.