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    Andebu y Netflix

    Sr. Director:

    Andebu, no me cuelgues tus cadenas. La radiodifusión es una actividad harto regulada.

    La explicación originaria, la de la limitación de las frecuencias, sirvió para someter a los radiodifusores al poder político y para consolidar una asociación que ha sido, por lo menos, perjudicial para nosotros, los ciudadanos.

    Lo que debió ser un régimen de propiedad como cualquier otro, con ondas que se compraran y vendieran libremente, y que hubiera consolidado la independencia de los medios audiovisuales del gobierno de turno, es en cambio un régimen de concesión donde los titulares de los medios están siempre a merced del capricho del concedente, obligado a servir al estado y tentado de servirse de él. Un sistema perverso por donde se lo mire.

    Cuando le agregamos que el principal anunciante del Uruguay es por lejos el estado, por sí o por medio de sus empresas, estamos ante la fantasía de los medios independientes. La vinculación entre los medios y el poder político oscila entre el contubernio y la tensión. Palos y zanahorias que unos y otros se granjean en difícil relación en la que todos perdemos. Incomprensible es que la URSEC regule la prestación de servicios de televisión por cable, que debería ser totalmente libre (quizá apenas ligeramente regulada a nivel municipal al solo efecto de evitar la instalación caótica de infraestructura) o las limitaciones al tendido de fibra óptica, o la propia existencia de ANTEL VERA, servicio que debería ser directamente eliminado sin más trámite.

    Toda la maraña de regulaciones e impuestos confiscatorios a los que se somete a la actividad y que nos afecta a los consumidores en forma directa al impedir el surgimiento de nuevos operadores locales y encarece los servicios, se da de traste con el avance tecnológico. Hoy Netflix, pero no sólo Netflix, brindan contenidos de calidad insuperable a fracciones de costo (cuando no directamente gratis). El mercado es global (con o sin TISA, ¿se entiende?), los proveedores son globales y la oferta es global. Hoy, cuatro amigos con iniciativa e ideas ponen en jaque a enormes operadores. Miles de pequeños proveedores voip dejan en ridículo a ANTEL y le hacen comer ARENA. Hay blogueros que con presupuestos cercanos a cero desmarcan grandes diarios mientras que servicios de streaming avanzan sobre la radiodifusión y Netflix o Popcorn Time o Cuevana Storm son sólo algunas alternativas audiovisuales. Suponer que su creciente influencia y masividad puede ser contrarrestada con algo diferente a más ingenio, más inventiva, más servicios y menores costos, es francamente estúpido.

    Andebu está preocupada por la “competencia desleal” y propone que a los servicios de streaming los alcance el marco impositivo al que están sometidos sus asociados. Suponen que así podrán competir sin entender que no es repartiendo desgracias que saldrán adelante. Encarecer Netflix no los ayudará a ustedes sino beneficiará a Cuevana que es gratis, ¿entienden? Porque los que pagamos Netflix lo hacemos porque es lo suficientemente barato como para preferir pagar algo por un servicio excelente a nada por uno que, siendo fantástico, es un poco más engorroso. Si le suben el costo, simplemente nos empujan a la opción gratuita (y esto les convendría tener claro a los generadores de contenidos, además). Andebu nos quiere colgar sus cadenas a todos, convirtiéndose en enemigo de los consumidores que pretende captar. Quizá funcionaba hace 40 años... ya no funciona ahora. Acuérdense de la ONDA.

    Reclamen libertad, reclamen reducción de impuestos, reclamen el fin de regulaciones, reclamen la propiedad de las frecuencias. En todos esos reclamos tendrá Andebu muchas adhesiones.

    Pero que no vaya contra nuestros bolsillos. Yendo contra nuestros bolsillos pasa a ser parte del problema.

    Gustavo Hernández Baratta

    CI 1.946.890-8