El del lunes 18 fue un acto diferente. Por primera vez se usaron de manera obligatoria los uniformes, y los más de 100 oficiales reunidos en Comando General del Ejército se notaban satisfechos con la nutrida presencia gubernamental en el 204º aniversario de la fuerza de tierra.
La presencia del presidente de la República, Tabaré Vázquez, y de varios ministros de su gabinete en el aniversario del Ejército Nacional el lunes por la mañana fue una señal clara de “total respaldo” a la institución. Así lo analizaron varias figuras del Poder Ejecutivo consultadas por Búsqueda. El jefe de Estado no se apartó del protocolo en ningún momento de la ceremonia; ni si quiera para dialogar con los medios presentes. Su participación se limitó a saludar a las autoridades militares y jerarcas presentes que concurrieron.
Un día después firmó el decreto que formalizó la creación del Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia. El cometido de esta comisión es “investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por agentes del Estado o quienes, sin serlo, hubiesen contado con la autorización, apoyo o aquiescencia de este, dentro o fuera de fronteras, en el marco de la actuación ilegítima del Estado y el terrorismo de Estado, durante el período comprendido entre el 13 de junio de 1968 hasta el 26 de junio de 1973 y del 27 de junio de 1973 hasta el 28 de febrero de 1985”, detalla el artículo 1º del decreto presidencial.
El comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, hizo un discurso reivindicando el papel de las Fuerzas Armadas en la historia de Uruguay así como su rol de “servicio a la comunidad” como “ninguna otra institución”.
Por esas razones, el militar exigió que a los soldados “no se los denoste con prejuicios del pasado” ni “se les desprecie con soberbia”.
“Nadie, absolutamente nadie en este país puede tan siquiera dudar de la subordinación del Ejército al poder civil”, agregó.
El discurso fue el puntapié inicial de una serie de declaraciones políticas que acapararon los titulares de la semana, con acusaciones, críticas y contradicciones a la interna de la fuerza de gobierno.
Fuentes militares consultadas por Búsqueda dijeron que entre la oficialidad, el discurso del comandante cayó muy bien y que varios políticos de todos los sectores felicitaron en privado al jefe del Ejército.
Humillados.
Las palabras de Manini Ríos no pasaron inadvertidas. El vicepresidente de la República, Raúl Sendic, dijo que no cree que haya humillación a los soldados. “Al revés, siento que hay reconocimiento en muchas de las acciones civiles que los militares realizan”, señaló.
También se refirió a la “Marcha del Silencio” que se realizó en la noche de ayer miércoles por la Avenida 18 de Julio y que fue una de las más concurridas de los últimos años. “Hoy todos somos familiares”, dijo el jerarca. “Hay que seguir trabajando, lo peor sería claudicar en esto cuando el Uruguay necesita reconciliarse con su pasado”, afirmó y explicó que en ese marco es que el Poder Ejecutivo presentó esta semana el decreto para formalizar el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia.
Luis Puig, diputado del Partido por la Victoria del Pueblo, dijo a “El País” que el comandante perdió “una excelente oportunidad” de hacer referencia al 39 aniversario de los secuestros de los legisladores Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini y del médico comunista Manuel Liberoff. “Acá no se trata de estigmatizar. Se trata de que los mandos actuales reconozcan estos hechos y comiencen la autocrítica”, agregó.
La diputada oficialista e integrante del Grupo por la Verdad y la Justicia Macarena Gelman dijo a Radio Carve que las palabras de Manini Ríos son “muy fuertes” y que no coincide con él.
No es la primera vez que Manini Ríos da su opinión sobre estos temas: en su ceremonia de asunción a principios de febrero, el entonces flamante comandante dijo que no es “muy optimista en cuanto a que pueda obtener datos” nuevos sobre detenidos desaparecidos durante la dictadura militar.
Estigmas.
Pero no todo fueron críticas. El ministro de Defensa Nacional, el tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, se expresó de manera similar a la de Manini Ríos y dijo que hay una “estigmatización” contra los militares.
Para el jerarca, hay sectores del Frente Amplio y organizaciones sociales que forman parte de esta estigmatización.
Estos comentarios también dispararon las críticas de sus correligionarios.
“No es estigmatización, ministro, es memoria. Es recuerdo del pasado, es volver a pasar por el corazón toda la historia, todo el tiempo, para que no se olvide. Solo queremos verdad y justicia. Sin dejar de reconocer los avances, no llegan aún, ni la una ni la otra”, opinó la senadora Constanza Moreira (Casa Grande) en su página web.
Para Moreira, el ministro recurre a la estrategia de la victimización. “Es el mundo al revés. Los juicios del pasado transformados en prejuicios, y la institución victimaria del pasado es la victimizada del presente. No es a los soldados a quienes se estigmatiza, ministro, y usted lo sabe. Las responsabilidades siempre recaerán sobre los altos mandos militares, la oficialidad superior. Y no se los estigmatiza; lo que se busca es justicia”, indicó.
La presidenta de la Institución Nacional de Derechos Humanos, Mirtha Guianze (Inddhh), dijo a radio El Espectador que le “llama la atención lo que dijo el ministro, porque la estigmatización más bien es para el otro lado, para las personas que están buscando la verdad y quieren conocer el destino de los desaparecidos”.
Retroceso.
Desde la oposición algunos legisladores criticaron la decisión del Poder Ejecutivo. “Mientras se sigan imponiendo miradas hemipléjicas, no vamos a lograr nada. Investigar todo para saber toda la verdad”, escribió en su cuenta de Twitter el senador colorado José Amorín Batlle.
Desde el Partido Nacional, el diputado Pablo Abdala opinó en la misma línea. “Mal Vázquez. Investigar el destino de los desaparecidos sí, embarcar al país en el revisionismo, no. Parece más revancha que verdad y justicia”, escribió en su cuenta de la red social.
Consultado por Búsqueda, el legislador agregó que la postura tomada por el gobierno lleva a un “retroceso que conlleva el riesgo de la división”, ya que toma un punto de partida arbitrario en 1968 “que da para todo, y cualquier cosa”.
“Hubiésemos esperado una visión más ambiciosa en el sentido de la pacificación, lo que no excluye trabajar por encontrar a los desaparecidos”, explicó.