Bajo el nombre Green Chef, Bruno Bukoviner se dedica a la cocina cannábica. Extrae los cannabinoides de la planta de marihuana —sustancias químicas que producen efectos psicoactivos en el organismo— y los incorpora en sus diferentes recetas. Para eso, imparte talleres en el Museo del Cannabis de Montevideo. Allí, antes de ponerse a cocinar golosinas, scones, galletas, trufas, flanes y hasta cócteles con cannabis, dedica todo un segmento a informar sobre el consumo responsable de este tipo de alimentos, y hace especial hicapié en la dosificación que debe tener cada preparación.
Es que si bien el consumo controlado de alimentos con cannabis psicoativo puede generar efectos similares a la inhalación de marihuana, en caso de ser ingeridos en exceso puede producir mareos, vómitos, bajas de presión, ansiedad o taquicardias.
“La cocina es un lugar lindo de explorar para quien le gusta la marihuana y además le gusta comer, por eso hay cada vez más venta informal. El problema es que por desconocimiento hay gente que hace mal las cosas y el consumo de alimentos cannábicos es a suerte y verdad, y puede ser peligroso”, dijo Bukoviner a Búsqueda.
Aún es muy pronto para pensar en regular la producción, venta y consumo de este tipo de comida, de acuerdo con lo estipulado por la Ley de Regulación y Control del Cannabis aprobada en 2013. Hoy, la única forma de acceso al cannabis psicoactivo de uso no médico que la ley prevé es la compra en farmacias, el autocultivo y los clubes cannábicos, por lo que la comercialización de cualquier producto de uso recreacional con THC (principal psicoactivo de la marihuana) es ilegal.
El consumo controlado de alimentos con cannabis psicoativo puede generar efectos similares a la inhalación de marihuana, en caso de ser ingeridos en exceso puede producir mareos, vómitos, bajas de presión, ansiedad o taquicardias.
“El cannabis psicoactivo aparece definido en la ley como las ‘sumidades floridas’ de la planta, es decir que el legislador no previó el acceso a otros derivados, concentrados o procesados. Nosotros no tenemos planes de avanzar con esto en este momento”, informó a Búsqueda el director del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA), Diego Olivera.
Sin embargo, varios actores coinciden en que cada vez es más habitual encontrar personas vendiendo ese tipo de productos en eventos públicos, sin contar obviamente con una habilitación.
Para tratar este tema, el lunes 19 se realizó una reunión de trabajo organizada por el área de Reducción y Control de la Oferta de la Junta Nacional de Drogas, a la que se invitó a participar a referentes de la Unidad de Regulación Alimentaria de la Intendencia de Montevideo (IM).
El objetivo del encuentro fue coordinar esfuerzos de fiscalización respecto a la comercialización de alimentos con cannabis psicoactivo y recibir asesoramiento por parte de la dependencia departamental que tiene competencia sobre los controles bromatológicos y las ferias vecinales.
“La idea es colaborar con el control de alimentos y el intercambio de información. Esas comidas no están permitidas pero hay algunos circuitos informales donde circulan; se conoce por rumores que hay algunas ofertas y hay que eliminarlas de plano”, señaló a Búsqueda el director de Regulación Alimentaria Marcelo Amado.
Mercado informal.
Al estar asociado directamente al THC, el efecto psicoactivo es básicamente el mismo tanto en la inhalación como en la ingesta de cannabis. Sin embargo, en el caso de los alimentos, el efecto no es inmediato (los síntomas pueden sentirse hasta dos horas y media después), lo que provoca que el usuario quede expuesto a una mayor dificultad para controlar la dosis y por tanto a un nivel de intoxicación no buscado.
“La comercialización e ingesta de alimentos con cannabis tiene un riesgo sanitario muy fuerte. Si bien hay varios países que tienen una oferta brutal, acá ni se piensa en abrir esa canillla”, explicó Amado, aunque aseguró que aún no han tenido ninguna denuncia al respecto.
Olivera afirmó que los casos de comercialización ilegal de alimentos con marihuana hasta el momento “son muy puntuales y esporádicos”, por lo que todavía no cuentan con un registro específico. Además, no estuvo de acuerdo con que sea una práctica en aumento y aseguró que no es un fenómeno extendido. Igualmente, reconoció que a los efectos de tener un control más efectivo y evitar un eventual crecimiento es que se está trabajando de forma interinstitucional, con organismos que realizan tareas complementarias a las del IRCCA.
La detección de venta ilegal de alimentos con cannabis psicoactivo puede dar lugar a sanciones administrativas o acciones judiciales. Sin embargo, hoy es posible que se registren alimentos basados en cannabis no-psicoactivo (con cáñamo industrial), que tienen distintas aplicaciones nutricionales pero no actúan como droga, explicó Olivera, y mencionó como ejemplo la yerba mate compuesta.
Varios actores coinciden en que cada vez es más habitual encontrar personas vendiendo alimentos con cannabis psicoactivo en eventos públicos, sin contar obviamente con una habilitación.
“Comercializar (ese tipo de) alimentos es legal en la medida en que no hay un impedimento normativo. Distinta es la situación sobre cómo esto se incorpora tanto a la actividad privada como a la regulación de alimentos. Pero la posibilidad existe”, aseguró.
Eduardo Blasina, director del Museo de Cannabis de Montevideo, opinó que es importante tener en cuenta esa distinción. “No hay ninguna razón para que no se pueda usar la semilla o las hojas de la marihuana, que son excelentes”, dijo a Búsqueda.
“Hay que actualizar las reglamentaciones para hacerlas coherentes con la ley, que en realidad habilita el uso industrial pero cuando uno lo quiere utilizar en la alimentación no tiene las habilitaciones correspondientes”, agregó.
Según Blasina, la semilla de cannabis es un alimento de muy alta calidad, con una alta concentración de omega 3. Para él, Uruguay tiene un “gran potencial como país exportador” y dijo que “aunque en Europa es furor, aquí a pesar de ser legal todavía no se ha logrado que esté disponible”.
Ante eso, Olivera contestó: “Basta con que se presenten propuestas de registro de productos y los servicios de Bromatología deberían adaptarse a esta nueva realidad”.
Vacío legal.
La ley prohíbe comercializar cualquier producto procesado que tenga más de un 2% de THC. Sin embargo, para Bukoviner “nadie compraría un alimento sin psicoactivos”, salvo que tenga mucho CBD —que tiene propiedades medicinales—, ya que hoy el consumo es principalmente recreativo. “No hay una cultura gastronómica exótica y el mercado no es tan grande”, aseguró.
Igualmente, hay formas “legales” de acceder a alimentos con THC. Desde Green Chef, por ejemplo, ofrecen servicio de cocina y cenas cannábicas privadas, al trabajar con marihuana aportada por los clientes. Al igual que sus talleres, son prácticas consideradas legales, algo que podría considerarse una contradicción con lo establecido por la ley.
Bruno Calleros, vocero del Movimiento de Liberación del Cannabis, dijo a Búsqueda que existe un vacío legal en la normativa, ya que esta no se refiere específicamente a los alimentos. “Entendemos que pueda haber una demanda de parte de los cocineros cannábicos. El tema es ¿cómo separás el CBD del THC? No es sencillo, por lo que ahí puede haber una zona gris”, explicó.
Según el especialista, por el momento la industria alimenticia impulsada por el cannabis es muy artesanal y si bien es una oferta que ha ido en aumento, todavía es muy pronto para “preocuparse por el surgimiento de un mercado negro”.