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    Así es, guste o no

    Hace unas semanas, una noticia recorrió cual fuego descontrolado las redes sociales. La misma decía que el presidente de la República Multinacional de Bolivia había exhortado a sus compatriotas a sacrificar los caballos, símbolo máximo del imperio español y de la conquista de las tierras sagradas de la Pachamama, y usar en su lugar llamas, animal autóctono del altiplano si los hay.

    A poco de ser conocida, y difundida con la rapidez de la luz, las redes alimentaron una desmentida: Evo Morales no habría dicho nunca tal cosa. La mayoría de los participantes en los debates que surgieron, sobre todo en Facebook y en Twitter, continuaron sin embargo creyendo que la noticia original era cierta e ignoraron el desmentido como irreal.

    O sea: el llamado de Morales a sacrificar los caballos por su valor simbólico aparecía para la mayoría de la gente como algo más probable (más creíble) que la desmentida.

    Este ejemplo se puede multiplicar. Supongamos que mañana alguien eche a correr la noticia de que Maduro ha anunciado que ha mantenido una nueva charla con el famoso pajarito, el cual, en su idioma pío-pío, le da instrucciones precisas de parte del Comandante Eterno.

    Supongamos que otro chistoso publique una nota según la cual Cristina Fernández de Kirchner subrayó, una vez más y con mayor énfasis (ya lo ha hecho por cadena nacional para mayor divulgación), que el sistema financiero argentino es uno de los más sólidos del mundo, si no, incluso, el más sólido de todos.

    Supongamos que otro tipo con mala leche ponga en su cuenta de Twitter que Mujica dijo por televisión que xcf%tsw#x (es difícil inventar algo que Mujica aún no haya dicho...).

    ¿Pondríamos en duda que Maduro es interlocutor crónico de las aves? ¿Pondríamos por un momento en duda que el querido líder bolivariano mantiene contactos con su Padre, el Comandante Universal (son todos nombres oficiales del extinto Hugo Chávez), a través de un gorrión? ¿Rechazaríamos por imposible la aseveración de Cristina sobre la fortaleza granítica del sistema financiero argentino? ¿Diríamos quizás que Mujica nunca jamás podría haber sido capaz de asegurar que xcf%tsw#x?

    No, no y no.

    El abuso indiscriminado del disparate que los gobernantes latinoamericanos han hecho durante los últimos años ha llevado a que cualquier cosa que se les atribuya, por muy descabellada que parezca, sea tomada como verdad, pues cuadra perfectamente con la imagen que tenemos de dichas constelaciones mentales.

    Por el contrario, si alguien intenta desmentir el “bolazo” (concepto ya usado en el Siglo de Oro español) llamando a la cordura y asegurando que el líder en cuestión nunca ha dicho tal cosa, la misión se le hará imposible, pues el público, acostumbrado y curtido en el arte de escuchar estupideces, parte de la base de que el bolazo del caso tiene mayor porcentaje de verdad que la desmentida.

    Esos son los gobernantes que tiene el continente latinoamericano. Creo no equivocarme si sostengo que el grueso de la opinión pública, por lo menos su sector pensante, está dispuesta a darme la razón. Pero también creo no equivocarme si paso seguido sostengo que una parte sustancialmente menor de esa opinión pública no está dispuesta a seguirme cuando digo que esos gobernantes son un fiel reflejo de sus pueblos: en ese caso, se me dirá que no, que el pueblo es inteligente, e incluso sabio.

    Pero es así, guste o no: Evo Morales, Nicolás Maduro, José Mujica y Cristina Fernández han sido, todos ellos, votados por una mayoría de la población, la cual en ellos vio la mejor alternativa presentada en las diferentes elecciones que ganaron.

    Así son los gobernantes, así son la mayoría de los gobernados. Es imposible que países con estas características mentales (decir “características intelectuales” suena como muy fuera de lugar) tengan la más mínima posibilidad de salvación.

    Ortega y Gasset decía “¡a las cosas!”. Yo digo: ¡a los botes!

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