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    Carlo Feltrinelli llega a Montevideo para la inauguración de la histórica librería Feltrinelli en el edificio Pablo Ferrando

    El editor y empresario, presidente del Grupo Feltrinelli, visitará la chacra del expesidente José Mujica, a quien conoció en Milán: “Fue uno de los encuentros importantes de mi vida”, dice

    Más de 120 sucursales distribuidas en las principales ciudades italianas, cinco en España y ahora, aunque parezca extraño, una en Montevideo. La librería Feltrinelli llegó a Uruguay y se instaló en el hermoso edificio patrimonial Pablo Ferrando, en la peatonal Sarandí. Por primera vez, la librería más famosa de Italia sale del territorio europeo. El emprendimiento se hizo posible por el acuerdo entre Carlo Feltrinelli —presidente del Grupo Feltrinelli, que reúne un sello editorial, las librerías y la Fundación Feltrinelli— y los empresarios del libro uruguayos y argentinos Alejandro Lagazeta (Escaramuza y La Lupa), Pablo Braun (Eterna Cadencia en Buenos Aires y Escaramuza) y Juan Castillo (Puro Verso).

    Desde hace 70 años, el apellido Feltrinelli está asociado al mundo del libro. Todo se inició en 1955, cuando Giangiacomo Feltrinelli (1926-1972), padre de Carlo, fundó la editorial. Giangiacomo fue un hombre de muchas vidas. Proveniente de una familia adinerada que se dedicó a varios negocios (madera, industria textil, mercado inmobiliario, banca, entre otros), heredó una fortuna que destinó a los libros; entre sus primeras iniciativas estuvo la de crear una cooperativa del libro popular. Pero también se alistó para pelear contra el nazismo en la II Guerra Mundial, se afilió al Partido Comunista, estuvo encarcelado, se distanció de los comunistas, se codeó con Fidel Castro y en los años 70 fundó los Grupos de Acción Partisana, de extrema izquierda. Con el alias de Osvaldo, participó en varios atentados y en 1972 murió cuando quiso volar una torre de alta tensión. Tenía 45 años.

    Entre los primeros títulos que publicó la editorial estuvo El doctor Zhivago (1957), de Borís Pasternak, y Giangiacomo, que en ese momento era comunista, fue acusado de antisoviético. Le siguió El gatopardo (1958), de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Después de la muerte de Giangiacomo, fue Inge Feltrinelli (1930-2018), su esposa, quien se convirtió en la gran jefa del sello. Fotógrafa y editora de origen alemán, bajo su dirección la editorial publicó a los autores más importantes del siglo XX. “La identidad de una editorial la conforma el tipo de libros que publica, su catálogo. ¡Una editorial no se construye solo con best sellers! El trabajo principal del editor es elegir qué libros publicar y mantener una línea coherente con las propias ideas, con el propio proyecto editorial, y con el mundo de los lectores, así de sencillo, en apariencia, pero en realidad enigmático y por eso mismo estimulante, incluso emocionante”, dijo Inge en un foro de editores de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2006. En su homenaje, la Fundación Feltrinelli creó en 2022 el Premio Inge Feltrinelli, que tiene como objetivo promover la defensa de los derechos humanos.

    Su hijo Carlo ha mantenido ese espíritu que se inició con su padre Giangiacomo, a quien le dedicó una biografía, Senior Service (Anagrama, 1999), un título simbólico que recuerda la marca de cigarros que fumaba. El libro obtuvo el Premio de Literatura Festival de Pascua de Salzburgo 2002 y el Premio Pasternak 2005, y se ha traducido y publicado en varios países. Cuando aparece en la pantalla de la videollamada, Carlo también está fumando y lo seguirá haciendo durante la entrevista con Búsqueda. Pero sus cigarrillos no llevan la marca Senior Service. “No existe ahora, lamentablemente”, dice Carlo.

    Feltrinelli-Montevideo
    Librería Feltrinelli en Montevideo.

    Librería Feltrinelli en Montevideo.

    —Hay una gran expectativa por la inauguración de la librería Feltrinelli en Montevideo. ¿Qué destacaría como diferencial: su dimensión editorial, su dimensión comercial, la innovación?

    —El foco del Grupo Feltrinelli está en la publicación de libros, en las librerías y en la formación. Desde hace 70 años esa es nuestra misión, con un enfoque cultural, político y, sobre todo, con una dimensión internacional. Los primeros libros de Feltrinelli hablaban del mundo, no solo de Italia. Esta vocación después de 70 años es algo que mantenemos, e intentamos todos los días actualizarnos en un diálogo constante con nuestra historia. Tenemos mucha experiencia en librerías y en sellos editoriales. Y un gran catálogo. Es una librería un poco rara, porque en general hay editoriales y librerías, pero nosotros tenemos las dos. Hoy Feltrinelli es un grupo independiente y europeo, pero con una perspectiva internacional muy fuerte. Fue de las primeras librerías en hacer accesibles los libros con estanterías al alcance de los lectores para que puedan tomarlos y mirarlos. Hubo mucho trabajo de actualización para transformarlas en espacios de cultura y de encuentro, en espacios de tertulias. Cada año hacemos 3.500 eventos culturales. Son librerías modernas, populares y de gran calidad. En Italia tenemos más de 120 casas en las principales ciudades, y aprendimos mucho también de las cinco que tenemos en España, en Madrid y en Barcelona, gracias a nuestra asociación con La Central, librería icónica fundada por Antonio Ramírez y Marta Ramoneda. En todas las ciudades, siempre mantuvimos un imperativo cultural para que las personas sean más conscientes y estén más preparadas para afrontar el futuro.

    —Es inevitable preguntarle sobre su padre, Giangiacomo, de quien escribió una biografía. Fue un hombre comprometido políticamente y a la vez independiente, también un visionario con respecto al mundo del libro. ¿Un hombre difícil de clasificar?

    —Mi padre era realmente un homo novus que provenía de una familia muy rica, pero con una visión política y cultural muy radical e independiente. En ese sentido, pensó en un proyecto cultural y también empresarial. No era un filántropo, sino un editor moderno. Era muy joven cuando estalló la II Guerra Mundial y él tenía la esperanza de abrir Italia al mundo, con la idea compartida por muchas personas en ese período de la emancipación de su país y de Europa. Como editor pensó en los nuevos autores internacionales y también en las disciplinas. Con ese ideal creó la Fundación Feltrinelli, que tiene los archivos más grandes del mundo sobre la historia del movimiento obrero, sobre la historia económica y de los movimientos sociales. Un archivo enorme con cartas, libros y documentos. Esta fundación es muy importante en Italia, sobre todo porque aborda el futuro del trabajo y de la democracia y los efectos de la globalización. Desde el punto de vista editorial, mi padre tuvo una vocación iluminista y al mismo tiempo popular. Empezó publicando no solo novelas, sino también ensayos de historia y de política y libros de antropología, de ciencia, de crítica.

    Querido Carlino: Tú sabes que papá está del lado de los obreros, que le parece injusto que un obrero deba trabajar para enriquecer al patrono. Y como tu padre está del lado de los obreros, aunque tenga dinero, y, además, con ese dinero imprime y publica libros que defienden la causa de los obreros, los patronos, los ricos, han organizado una violenta campaña contra él (Carta de Giangiacomo a su hijo Carlo, fechada el 29 de enero de 1971, por su cumpleaños; del libro Senior Service).

    —Volviendo a la biografía que escribió sobre su padre, le puso de título Senior Service, la marca de cigarrillos que él fumaba. ¿Son los que ahora usted está fumando?

    —Sí, es la marca que él fumaba. No existe ahora, lamentablemente.

    Carlo Feltrinelli Senior Service

    —¿Por qué la decisión de instalar Feltrinelli en Montevideo y por qué con socios locales?

    —Tomamos la decisión después de la experiencia con nuestra asociación con La Central y con Anagrama, que fue una etapa fundamental de nuestra historia reciente. Tenemos desde siempre un interés en América Latina, Feltrinelli fue un puente entre Europa y América Latina. A partir de los años 60 publicamos los mejores autores de cada país. Aquí hemos encontrado socios que devinieron en amigos. Y realmente nos embarcamos en un experimento. Hay momentos en la vida donde se hacen experimentos. Nos pareció una gran oportunidad para instalar nuestra librería histórica en un bello edificio, y quizás pueda ser el inicio de una trayectoria. Realmente en este mundo impredecible esto fue un evento impredecible. Alejandro Lagazeta, Juan Castillo y Pablo Braun me preguntaron por qué no hacíamos esto juntos. Simbólicamente para nosotros es muy importante por la historia de Feltrinelli. Yo conocí Uruguay cuando era muy joven, estuve allí con mi segundo padre, Tomás Maldonado, que había nacido en Argentina. Él fue un gran intelectual y un hombre cosmopolita. Ese viaje con él quedó en mi memoria. Por eso, esta suma de ideas, historias y recuerdos es simbólicamente muy importante.

    —En Montevideo la librería tendrá, además de las propuestas culturales, una oferta gastronómica. ¿Es igual el modelo que en las de Italia?

    —En principio, sí, pero este es el comienzo de un viaje. La propuesta de libros está pensada por Lagazeta y Castillo; nosotros hablamos mucho con ellos. También hay una contribución nuestra en cuanto al diseño del espacio. También se ofrecerá una parte gastronómica y de cafetería. Cuando estuve en Montevideo el año pasado me impresionó mucho la experiencia de Escaramuza. En Italia se nos hizo muy difícil combinar la gastronomía con los libros. Lo intentamos varias veces sin gran éxito, pero creo que este modelo de cafetería que se va a proponer en Montevideo es muy interesante y al público le va a gustar mucho.

    Libreria-Feltrinelli-Montevideo
    Librería Feltrinelli en el edificio Pablo Ferrando en la peatonal Sarandí.

    Librería Feltrinelli en el edificio Pablo Ferrando en la peatonal Sarandí.

    —Feltrinelli comenzó la compra de la editorial Anagrama en 2010 y su fundador, Jorge Herralde, se mantuvo como editor durante muchos años. ¿Cómo ha sido su relación con él?

    —Algo curioso es que el nombre Anagrama estuvo inspirado en el libro Senso e anagramma, del escritor Giancarlo Marmori, publicado por Feltrinelli en 1968. Jorge Herralde decidió llamar Anagrama a su editorial, que fundó en 1969, cuando conoció este libro. Él, como joven editor, estaba muy influenciado por la producción de Feltrinelli y de mi padre. Fue muy amigo de mi madre (Inge) y de un grupo de editores muy radicales y poderosos, como Christian Bourgois en Francia y Klaus Wagenbach en Alemania. Conocí a Jorge cuando yo era un niño, casi un adolescente. Desde siempre tengo una admiración enorme por su trabajo de editor y me ha dado mucha inspiración. Un día en la Feria del Libro de Frankfurt en 2009, comiendo un frankfurter y tomando una cerveza, él me dijo que estaba dispuesto a vender una parte de su editorial a Feltrinelli. Esto fue para mí un shock. Empezamos una colaboración a partir de 2010 y trabajamos muy bien juntos, después él decidió vendernos toda su editorial en 2016. Tengo con él una relación cercana y hablamos siempre de libros. Como dije, tengo mucha admiración por su trabajo, por su obsesión por los libros, por cómo entiende las relaciones no siempre fáciles con los autores. Y por su idea de crear un catálogo como una brújula para navegar por el futuro tan incierto.

    Carlo-Feltrinelli-en-Premio-Inge- Feltrinelli-2024
    Carlo Feltrinelli en la ceremonia 2024 del premio que lleva el nombre de su madre, Inge Feltrinelli.

    Carlo Feltrinelli en la ceremonia 2024 del premio que lleva el nombre de su madre, Inge Feltrinelli.

    —Recién me decía lo impredecible del mundo del libro, del mundo en general. ¿Cómo ve este momento para la industria editorial y especialmente para el libro en papel?

    —La era Gutenberg no está terminada. El libro tiene un rol muy importante como mediador para la continuidad cultural. Hay millones de lectores que son un ejército invisible que saben que leer les da conocimiento, generosidad y una vida más interesante. El libro sigue siendo un objeto perfecto y sigue teniendo un gran futuro, a pesar del ruido constante. Uno necesita tiempo para sí mismo y el libro se lo da. En ese sentido, leer es un acto de alguna manera revolucionario. Hoy leer es una batalla. También hay que decir que hay libros y libros. La misión nuestra es favorecer el acceso a la lectura de la mejor producción nacional e internacional de una manera moderna, no elitista y en ambientes agradables, que sean un lugar de encuentro.

    —¿Publicarán libros de nuevos autores uruguayos?

    —Espero que muy pronto lo hagamos. Como sabes, en los años 60 publicamos a Juan Carlos Onetti y a Mario Benedetti. Es una tradición que seguiremos manteniendo con nuevos autores. Tengo algunos nombres que posiblemente publiquemos, pero no los voy a decir porque alguna otra editorial se va a interesar rápidamente.

    —¿Tiene alguna preferencia de lecturas?

    —Soy un lector omnívoro. Leo de todo y con un poco de desorden, es imposible tener orden. Me gusta leer ensayos y también literatura. Pero tengo una mezcla muy rara porque mi ánimo es el de editor, a pesar de que mi papel en el Grupo Feltrinelli es mantener juntos este mosaico de librerías.

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    La librería Feltrinelli en el edificio Pablo Ferrando, en la peatonal Sarandí.

    La librería Feltrinelli en el edificio Pablo Ferrando, en la peatonal Sarandí.

    —Cuando llegue a Montevideo visitará la chacra del expresidente José Mujica. ¿Lo conoció personalmente?

    —Sí, voy a ir a visitar su chacra. A José Mujica lo conocí en Milán. Estuvimos juntos una hora con el alcalde y fue uno de los encuentros importantes de mi vida.

    —¿Es cierto que en las ciudades de Italia la gente toma como referencia las librerías con la frase “Nos vemos en Feltrinelli”?

    —Es bastante típico, estamos en las ciudades desde hace mucho tiempo. Son lugares donde se toma un café, se hacen encuentros de trabajo o quizás para empezar una relación amorosa.

    —¿Surgieron matrimonios en Feltrinelli?

    —Sí, algunos matrimonios los celebramos en las librerías. Hay gente que decidió declararse oficialmente en Feltrinelli.

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