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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado martes 19, en el espacio Informativo Sarandí, dos periodistas entrevistaron vía telefónica al senador, exdiputado, exintendente, economista Sergio Botana. El tema de la entrevista era su propuesta de volver a establecer el límite de 0,3 gramos por litro de sangre para conductores. Convengamos que hay argumentos, estadística y experiencia tanto local como extranjera, a favor de un límite u otro. En una democracia debemos defender nuestras ideas y en forma especial respetar las de los demás, es básico y seguramente está de más que lo mencione. En cierto momento de esta entrevista interviene el periodista Gabriel Pereyra que comienza haciendo referencia la postura que tuvo el entrevistado siendo intendente sobre el uso obligatorio del casco para los motociclistas. Como ya es público, el periodista, a los gritos, le recrimina su posición en ambos temas y lo acusa de tener muertos en su conciencia, en tono insultante, no dejando hablar al entrevistado hace una demostración del peor periodismo, prepotente, mal educado y haciendo del insulto la forma de dialogar. Luego en las redes sociales el periodista se justificó diciendo que le dijo a Botana lo que pensaba. No, señor periodista, usted con su actitud se ha convertido en un Torquemada criollo, a los que no piensan como usted los desacredita, acusa, ridiculiza, insulta y no los deja expresarse y argumentar. Esta forma de hacer periodismos es, además de lamentable, perjudicial y peligrosa para una sociedad que muestra serios síntomas de estar construyendo la “grieta” (de un lado los buenos como yo y del otro los enemigos). El periodismo es parte integrante de la comunidad cultural, donde muchos responden a las millonarias prebendas estatales de los últimos años, convirtiéndose en gestores culturales y comunicadores militantes. Pero no cualquier militancia, el fanatismo y la combinación de creer que su pensamiento y comportamiento es el correcto y los que actúen o piensen distinto son enemigos, tanto de la cultura como de la sociedad, entrando a generalizar maldades, los patrones, empresarios, emprendedores y todo aquel que busque superarse es un “oligarca puto”, como lo llamaron al actual presidente en una sesión parlamentaria. Ironizando sobre lo que denominan la “meritocracia”, soñando con un mundo donde una élite repartirá la riqueza en forma igualitaria que una minoría insolidaria generará, haciendo del ocio y de la dependencia estatal una nueva forma de vida. Estoy convencido que esto, y prácticamente todo lo que sucede en nuestra sociedad, tiene su origen en el proceso decadente y politizado de la educación, nos hemos fanatizado al punto tal que nos condenamos a vivir en un país dividido. El señor Botana, y el resto de todos nosotros, tenemos derecho a pensar y manifestarnos, con respeto y tolerancia, sobre cualquier tema, es la base de nuestro sistema democrático. La descalificación, insultos y atribución de pérfidas intenciones lo que hace es dividirnos, haciéndonos enemigos unos de otros. La actitud y procedimiento del periodista Pereyra es la punta del iceberg, que debemos repudiar y bajo ningún concepto aceptar. Muchos de nosotros, en forma intencional algunos y por ser políticamente correctos otros, promovemos el pensamiento único y que el Estado sea nuestro tutor, establecer qué pensar, con quién simpatizar, a quiénes tenemos que odiar, cómo debemos actuar y vivir, qué ideales son los correctos, y por medio de límites y prohibiciones modular nuestras conductas. El Estado debe ser el fiel de la balanza, buscando el equilibrio entre derechos y deberes, igualando las condiciones y posibilidades de todos, y por medio de una excelente educación (deberíamos tener la mejor de América) promover la autodeterminación y el libre albedrío, ser dueños de nuestro destino. Un porcentaje de los uruguayos, los que determinan las elecciones presidenciales, realizó un análisis y autocrítica y decidió cambiar la conducción del gobierno. No sería también oportuno y constructivo que la autocrítica fuera abordada por colectivos como el periodismo y los integrantes de la cultura en vez de autojustificarse todo y bajo la premisa de la libertad de expresión justificar el insulto y el destrato. ¿Se puede insultar?, claro que sí, ahora bien, ¿se debe insultar?, por supuesto que no. Seamos contundentes en el rechazo a quienes por medio del insulto y la descalificación quieren imponernos su forma de pensar, esto genera violencia y nos empuja al camino del autoritarismo.
Daniel H. Báez
CI 1.465.895-4