N° 1830 - 27 de Agosto al 02 de Setiembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana el Poder Ejecutivo comunicó los detalles del Presupuesto quinquenal de gastos que pretende ejecutar para el período 2016-2020 y el ministro de Economía, Cr. Danilo Astori, volvió a señalar que se trata de un presupuesto “audaz” y “responsable”.
Que es audaz no cabe ninguna duda, ya que a pesar del enorme cambio negativo en las circunstancias externas se plantea un incremento del gasto público del orden de los U$S 470 millones para 2016 y 2017, dejando sin definir el refuerzo de las partidas presupuestarias para los últimos tres años del quinquenio, en función de cómo evolucione la economía (esto quizás sea el único elemento “responsable” de la propuesta efectuada).
A esta altura, parecería que el equipo económico continúa viviendo en una realidad virtual totalmente diferente a la que está padeciendo el sector privado, ya que solo así se explica el aumento de gastos propuesto, en un contexto de achique general de la mayoría de los sectores de la economía. A los efectos de “cerrar” en el papel las cuentas públicas, el equipo económico plantea un crecimiento promedio de la economía de 2,7% en el quinquenio, para que la recaudación aumente y ello permita —junto con una mayor contribución de las empresas públicas— que pueda financiarse el crecimiento proyectado del gasto público y a la vez se baje el déficit fiscal a 2,5% del PBI al final del quinquenio.
Realmente es muy difícil encontrar fundamentos para el optimismo oficial respecto a que la economía va a poder crecer a las tasas proyectadas, fundamentalmente por el cada vez más negativo contexto externo regional e internacional, al tiempo que internamente el propio gobierno no ayuda en nada a que el sector privado pueda adaptarse a operar en ese entorno mucho menos amigable. ¿Vamos a crecer siendo una “isla cara” en un mundo donde nuestros principales mercados y competidores se abaratan en dólares mucho más que nosotros? ¿Vamos a crecer con precios de las materias primas que no paran de caer? ¿Vamos a crecer con Brasil revisando a la baja semana tras semana su previsión de comportamiento del PBI para 2015 y también para 2016? ¿Vamos a crecer con el ajuste inevitable que se vendrá en Argentina después de las elecciones de octubre? ¿Vamos a crecer posponiendo el ajuste del tipo de cambio y de esa forma alentando a quienes tienen dólares a posponer su gasto sea en consumo o en inversión hasta que nos pongamos a tiro con nuestros vecinos y principales competidores? ¿Vamos a crecer con los consumidores crecientemente cautelosos ante el deterioro del mercado laboral y del contexto externo? ¿Vamos a crecer porque los empresarios van a aumentar fuertemente la inversión con su rentabilidad en picada y con costos internos de producción que cada vez se alejan más de los vigentes en nuestros principales competidores? ¿Vamos a crecer porque súbitamente los trabajadores se van a volver por arte de magia mucho más productivos y entonces se podrán justificar mejor los actuales niveles de salario real ante el cambio negativo en los precios externos?
Proponiendo un incremento adicional del gasto público, el Poder Ejecutivo está haciendo una gigantesca apuesta a que el deterioro en el contexto externo se revertirá rápidamente, algo que no tiene mucho fundamento según casi todos los analistas, organismos y bancos de inversión internacionales que siguen la marcha de la economía y de los mercados financieros globales.
Quizá la “bola de cristal” del equipo económico sea mejor que la de prácticamente todo el resto del mundo, o Dios volverá a ser “progresista”, y ojalá que así sea dado que todos vivimos en el mismo país y por lo tanto padecemos las consecuencias de los errores de la gestión del gobierno así como nos beneficiamos de sus aciertos.
Pero mucho nos tememos que la apuesta que está haciendo el Poder Ejecutivo es muy temeraria y con escasas probabilidades de éxito. Tarde o temprano la tozuda realidad nos va a alcanzar; con menos reservas y holgura financiera; con más desempleo y menos crecimiento; con un déficit fiscal más alto y con desequilibrios de precios relativos más acentuados; el ajuste será más violento.