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Había pasado un día del asesinato de un empleado del restaurante “La Pasiva” a manos de dos adolescentes cuando el tema generó un apasionado debate en un centro educativo de la zona de Toledo. Los 40 jóvenes de la clase —de 16 años en promedio— estaban divididos en dos partes casi iguales: para unos fue un acto repudiable que merece condena social. Para el otro grupo lo que pasó estuvo bien porque “hay que cagar a cuetazos a estos hijos de puta” para que los “respeten” y el joven que asesinó al empleado “es un fenómeno”.
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La clase es la misma a la que asistía uno de los dos adolescentes que participaron del robo y la anécdota circula entre algunos dirigentes del Frente Amplio y autoridades de la educación, que la escucharon de boca de participantes en ese debate.
Jerarcas, inspectores y docentes de la enseñanza consultados por Búsqueda perciben que los liceales ven como algo “normal” que un adolescente cometa un homicidio y comienzan a tener a esos jóvenes como héroes.
“Se naturalizaron cosas que son delitos y que se ven como algo normal, incluso necesario como un requisito de status social”, dijo uno de los jerarcas consultados.
Se debe profundizar en “la integración social” y en reforzar “valores como la tolerancia” pero entienden que el problema trasciende las aulas.
“Ellos son solo reproductores de esos valores culturales, no son sus generadores”, opinó el secretario general de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes), José Olivera.
Olivera dijo que algunos adolescentes “ven a la muerte como un juego” y lo visualizan como algo “normal”. “Lo asumen y naturalizan. Hay una violencia generalizada, verbal física y psicológica. Se entiende que el éxito es ya, el único tiempo es el presente y la frustración de no conseguir algo ya genera esa violencia”.
Para Olivera estos valores “están presentes en toda la sociedad” y los liceales “no hacen más que reproducirlo”.
En algunos sectores sociales “eso genera que el que agrede, el que le pega una puñalada o un tiro a alguien para ‘ganarle’ los championes, es visto como un héroe”. “Se transforma en un líder al cual seguir y respetar”, agregó.
Tranquilidad.
En la madrugada del domingo 13 de mayo dos adolescentes ingresaron al local de “La Pasiva” ubicada en 8 de Octubre y Garibaldi. Los jóvenes se llevaron $ 100.000 pero antes, uno de ellos asesinó a uno de los empleados con un tiro en el pecho.
La Justicia procesó a uno como autor y a otro como coautor de un delito de “homicidio muy especialmente agravado”. “Hay que tirar para que te respeten, si no, no te dan bola”, dijo uno de los adolescentes.
Debido a la conmoción que generó el caso, la comisión especial del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) que se encarga de los adolescentes infractores dispuso separar a los dos menores: uno fue a un centro de reclusión ubicado en la calle Burgues y otro ubicado sobre la avenida General Flores. Asimismo se tomaron recaudos con el Ministerio del Interior para evitar una eventual fuga.
La situación de los dos adolescentes es de “tranquilidad” comentaron a Búsqueda funcionarios del INAU. “Recién están haciendo pie. Habían estado en el sistema tiempo atrás, pero no con medidas de privación de libertad, sino alternativas. Entonces, no conocen mucho lo que está ahora”, explicó uno de los informantes.
El presidente del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa) —la comisión especial del INAU—, Rúben Villaverde, informó que se está en “pleno trabajo” en cuanto a la evaluación psicológica de los dos menores. Los informes serán enviados a la Justicia.
Además, se realizaron contactos con la Facultad de Psicología para contar con más información sobre la situación de los dos adolescentes.
Asimismo, las autoridades del Sirpa tienen previsto iniciar un trabajo con la mayor cantidad posible de familias de adolescentes que están privados de libertad. La idea es cooperar con las familias, ver sus necesidades, analizar con ellas la infracción que cometió el menor. Todo esto, dicen las autoridades, permitirá bajar el nivel de reincidencia en los delitos de los adolescentes. “Hay que tomar un contacto claro sobre cómo la familia vivió el proceso y qué pasó que el muchacho se les fue de las manos”, dijo Villaverde.
El Sirpa, también apunta a generar salidas laborales para esos jóvenes y para eso se necesita mejorar el nivel educativo de los adolescentes.