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Un accidente trágico ocurrido en 2018, en el que murió un trabajador al caer del techo de un supermercado en Montevideo, es el disparador de una obra teatral escrita y dirigida por Cecilia Caballero Jeske. Desde febrero, Pan rallado está en cartel en La Escena, la escuela teatral con sala propia —inaugurada en 2022— situada en Pocitos (Rivera esquina Ponce), una zona de la ciudad con escasa oferta teatral.
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Con funciones previstas durante marzo y abril, la obra surgió en un grupo de entrenamiento actoral que tuvo lugar recientemente en ese instituto, a cargo de Caballero. La dramaturga y directora fue convocada en 2020 por la Comedia Nacional para dirigir Cuando nos volvamos a abrazar, la obra estrenada y ambientada cuando medio planeta estaba en lo más crudo del encierro pandémico.
La autora contó a Búsqueda que la trágica noticia la impactó de un modo muy fuerte, en especial por las decisiones que tomó el supermercado desde que la persona cayó, que causaron una gran controversia. “Esas medidas involucraron a sus compañeros y a quienes trabajaban con esa persona de un modo muy cercano”. Un año después, cuando el hecho había salido de la gran atención pública, volvió a recordar la noticia y se dio cuenta de que durante ese tiempo ya la había olvidado. “Me cuestioné ese olvido y me pregunté cómo la sociedad deja pasar estas cosas una vez que el tema sale de la agenda de los medios y se termina el revuelo. Después, listo, se acabó, ya nadie más recuerda nada. Me puse a pensar cómo habrán sido los siguientes días para los que trabajaban ahí y para la familia del trabajador fallecido. Y comencé a trabajarlo como una historia para llevar al escenario, aunque aún no tenía pensado con quién ni cómo lo haría. Quería contribuir desde la memoria a evitar que este tipo de cosas se olviden”.
En el programa de mano se informa: “Esta obra está inspirada en un caso real pero tanto sus personajes como la historia son ficción”. Sobre este punto, Caballero explicó que la obra no es una reconstrucción minuciosa del hecho, sino que a partir de él busca plantear la reflexión sobre lo que está en juego en los vínculos laborales. La dramaturga realizó una investigación del suceso en forma personal y solo habló con la pareja de la persona fallecida. Tomó las coordenadas principales de la historia, que se condensan en el accidente laboral que sufrió el trabajador en un supermercado (no se lo nombra), al subir al techo del local para reparar un orificio por el que ingresaban pájaros y que muere al caer al suelo, entre las góndolas.
En ese contexto, la directora introduce una historia ficcional, la de una realizadora audiovisual que es contratada por la empresa para producir una campaña publicitaria, pero que en el proceso de la realización se sensibiliza por la historia del operario fallecido y termina siendo una voz que denuncia el suceso y cuestiona cómo la desigualdad en las relaciones laborales puede derivar en situaciones abusivas para los trabajadores. El nombre de la obra, cuyo origen no conviene revelar, representa simbólicamente el conjunto de cuestionamientos que el espectáculo lanza a la platea.
El despliegue del elenco tiene un fuerte énfasis corporal. Los 17 intérpretes están presentes en escena todo el tiempo y la puesta tiene un perfil coreográfico. Salvo los parlamentos de los protagonistas, el texto está distribuido entre todos, lo que enfatiza la dimensión testimonial de la obra. Un cuerpo actoral que, como un coro griego, enmarca el relato y sostiene a los principales narradores. “Al principio trabajamos sin la palabra, solo con los cuerpos, para estimular la búsqueda de la mayor libertad expresiva posible. Porque la palabra impone. No tenía aún definido ningún tema, y en ese juego en el espacio apareció la idea del supermercado, con sus movimientos metódicos, rutinarios, robotizados, con una impronta industrial, al estilo de Tiempos modernos. Ahí me llegó la conexión entre esa expresión escénica y esta historia trágica que tenía en mente. Y fue recién entonces, en octubre del año pasado, que comencé a escribir el texto, ya con esa puesta prevista”.
El elenco de desenvuelve con gran dinamismo y plasticidad. Como es de esperar en un trabajo a cargo de actores con escasa experiencia, el nivel interpretativo es algo desparejo, aunque el carácter atomizado de la narración colabora para evitar que esto sea un problema. La estética marketinera y publicitaria aparece en forma recurrente con la escenificación de jingles publicitarios y avisos promocionales, ornamentados con vestuario, maquillaje e iluminación acordes. Es acertada la elección de Construcción, canción de Chico Buarque, que narra un accidente laboral, como leitmotiv musical de la obra.
Pan rallado es una buena demostración de cómo, con recursos limitados, el teatro puede ser el ámbito ideal para reflejar un asunto delicado y sensible como el de las relaciones laborales, sus desequilibrios y sus riesgos extremos.