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    Basta de realidades

    Sr. Director:

    Hace algunos años, en la zona del Parque Rodó, había dos graffitis fantásticos. Uno pintado en la pared que tapaba las obras del Tren Fantasma, cerrado hacía ya un tiempo, gritaba: “¡Tren Fantasma Ya!” y otro a pocas cuadras: “¡Basta de realidades! ¡Solo escucho Ilusiones!”.

    Una verdadera síntesis de los problemas que asolan a las democracias contemporáneas. La nuestra, por cierto. Expectativas irreales en plazos imposibles.

    Es probable que, cuando se trata de democracias en países envejecidos, el problema se hace todavía más agudo. Los viejos tendemos a preocuparnos por muchas cosas y no nos seduce mayormente el futuro lejano, el largo plazo.

    Dos ejemplos de la campaña en curso servirán para demostrar lo que digo:

    El famoso tema de los ajustes. La izquierda lo ha tomado como una de sus principales armas propagandísticas contra la oposición: “Si ganan van a ajustar; recortarán los programas sociales” y después del despatarre de las PASO, añaden: “Serán como Macri”.

    Cuidado, no es que la izquierda haya inventado el terrorismo verbal. En las viejas épocas, cuando todavía el comunismo era posta, del otro lado se agitaban la reforma agraria, expropiaciones y otros cucos. Pero sí es cierto que el grado de honestidad intelectual atrás de los ataques contemporáneos de la izquierda es bastante bajo.

    Ya lo era antes de aprovecharse del descalabro del pobre Macri, pero al usarlo, bajaron el nivel todavía más. En primer lugar, la eventualidad de un ajuste no sería tema si no fuera por el desbarajuste que dejará el actual gobierno. Ningún político es tan gil como para ajustar de puro vicio.

    Pero lo más deshonesto está en pretender fabricar que la política de Macri fue de disciplina fiscal. ¡Si lo que le está pasando es precisamente por no haber ajustado al comienzo de su mandato! Macri hizo casi exactamente lo que Martínez está proponiendo: apostar (dícese también timbear) a que la cosa se arregla sola por el ingreso de inversiones a la economía (por arte de… ). Macri, como Martínez, no dijo lo mal que estaban las cosas y no se animó a perder la simpatía (y los votos) de la gente: se negó a ver las realidades y se la jugó a las ilusiones.

    La seguridad social: nadie se está animando a decir que el sistema, en su conjunto, no resiste mucho más. Todos temen la reacción del electorado, en el cual los pasivos (primeros en asustarse), deben ser un 25%.

    Se suele criticar a los políticos de que no consideran nada que exceda el término de la próxima elección, pero no es muy distinta la actitud de buena parte de los electores: ¿quién está dispuesto a aceptar que le digan que si no ajustás ahora, el futuro será mucho peor, o que no es bueno que una sociedad esté permanentemente hipotecando su futuro por la vía de endeudarse, en vez de ajustarse? Todos queremos el Tren Fantasma, ya.

    Las campañas electorales, además, tienden a agudizar estos problemas por el juego de la competencia y la forma en que los medios medran con ese juego. Los candidatos están obligados a simplificar y muy tentados a etiquetarse unos a otros y los periodistas sacan rating de chucear a un candidato citándole lo que dijo el otro. Con ese juego los candidatos se van embretando en posturas que después son muy difíciles de romper, para atender la realidad.

    El segundo de los graffitis es la traducción de “mentime que me gusta”.

    Después no les echemos la culpa a otros: a los políticos o, peor aún, a la democracia.

    Ignacio De Posadas