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Un hombre solo con una guitarra y sus canciones frente a 20.000 personas. Eso fue el recital que el cantautor pop inglés Ed Sheeran dio en el Estadio Centenario el miércoles 20, en medio de la bochornosa semana del calor. Más allá de que te guste o no su música y de que vibres o no con sus letras, buena parte en plan romántico, este pelirrojo del norte de Inglaterra nacido a principios de los 90 te gana, te conquista, te convence.
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Solo con sus máquinas de loops, este muchachito tierno con cara de gordito gil de la clase, entreteje capas y capas de bases rítmicas y orquestaciones de guitarra y de su propia voz. Por momentos se extraña la presencia de una banda, especialmente por esa sensación de saciedad que da el combo bajo-batería. Pero lo cierto es que Sheeran solo bien se lame y da vida al chiste “la hacés toda para vos, ¡convidá!”. La deslumbrante puesta de luces y pantallas de Mark Cuniffe calza perfecto para que el show fluya durante sus 100 minutos. A puro carisma y talento, el colorado pone al estadio en la palma de su mano y lleva a la masa de la nariz donde, cuando y como quiere. Capo, el Edu.
La audiencia, en su enorme mayoría femenina, las cantó todas, de principio a fin, demostrando que el nivel de inglés esa noche en la Olímpica era como mínimo First Certificate. El grado de interacción del muchachito y sus fans es admirable. Conversa con la multitud, la pone a cantar a dos voces, confiesa que no se siente un pop-star, que hasta hace poco era un pibe más que recorría los pubs con su guitarra y su cuaderno de canciones. No se hace drama en cortar un tema porque le erró de guitarra (estaba afinada para otro tema), cambiarla por otra y arrancar de nuevo. Genera un ida y vuelta que trasciende el inevitable “uuuuuuuuuuuuuuuuuuuh” que se repite durante toda la noche cada vez que dice… lo que sea. “Son un público maravilloso, porque son ruidosos cuando tienen que serlo y silenciosos cuando tienen que serlo; por lo general es una de las dos”, agradeció, y obviamente la tribuna explotó en el alarido más potente y agudo de la noche.
Antes, Meri Deal, en su debut solista, y el inglés Passenger, amigo de Sheeran desde la adolescencia que se sacó la lotería y recorre el planeta como su telonero, habían pegado muy buena onda con la gente. Tal fue su flechazo con Montevideo que, por aclamación en las redes, esta semana se confirmó que tocará el viernes 8 en Montevideo Music Box. Las entradas vuelan y las gargantas se preparan.