Las relaciones entre el empresariado en general y los tres gobiernos del Frente Amplio no fueron las mejores —sobre todo porque es generalizada la percepción de que se dio un excesivo poder a los sindicatos de trabajadores—, más allá de las sintonías que pudieron haber encontrado los dirigentes de algunos sectores con jerarcas de turno, como el agro con José Mujica en su etapa de ministro del ramo. Pero en el actual período surgió un movimiento espontáneo de productores descontentos, el germen del movimiento Un solo Uruguay que luego agrupó también a comerciantes y empresarios de otros rubros.
Ahora, entre los aspirantes presidenciales aparecen algunos que pasaron por el ámbito privado, como los ingenieros Daniel Martínez y Carolina Cosse, del Frente Amplio, el economista colorado Ernesto Talvi y los empresarios Juan Sartori (Partido Nacional) y Edgardo Novick (Partido de la Gente). Sin embargo, ese hecho no esperanza especialmente a la dirigencia empresarial.
“Luces amarillas”
La supragremial empresarial que encabeza García Pintos entiende que los tiempos electorales son oportunidades para presentar propuestas y generar el ambiente para promover reformas.
Con la pretensión de hacer “reaccionar” al sistema político y a la sociedad, en febrero próximo la confederación presentará una plataforma de los “grandes temas” que, según su visión, se deberán encarar. “Queremos que la sociedad se empodere de las ideas lógicas que el país necesita para no seguir rumbo al despeñadero. Y en una democracia fuerte como tiene Uruguay, estos tiempos —sin timideces— son los momentos para debatir”, afirmó el representante empresarial.
A su juicio, el “futuro” del país está comprometido y las “luces amarillas están todas prendidas: el déficit fiscal sigue aumentando, la desocupación también, los empresarios uruguayos que emigran a hacer inversiones afuera porque ya no le tienen confianza al clima de negocios acá. Son una señal amarilla pegada a la otra que se van a ir transformando en otra cosa. Y quienes especulen que los tiempos políticos no calzan (para hacer cambios) están mirando al país en forma muy miope”.
Entre los principales problemas a atacar señaló el “malgasto” público, así como la necesidad de revisar la gestión de las empresas públicas para tener combustibles y tarifas a precios internacionales y competitivos “para la producción y la población”. También habló de procurar una “nueva inserción internacional” del país para que las exportaciones uruguayas paguen menos aranceles, además de encarar una reforma de la educación y de la seguridad social.
Consideró que el país debe avanzar en materia de relaciones laborales porque la rigidez del sistema uruguayo está generando que los empresarios busquen “no tener que contratar personal”.
Otra cosa que es “muy sentida” entre el empresariado es que “le aplican todas las reglas, pero cuando se mira a las firmas autogestionadas la situación es despareja (…). Hay una dualidad de criterios, y esas cosas son parte de la seguridad jurídica y parte de que la mochila sea cada vez más pesada. Parece que por agregarle una piedrita más no pasa nada, pero el problema es que se va a reventar la correa”, ilustró.
Lestido también aludió a la seguridad jurídica: “No quiero decir que no nos entendimos (con el gobierno), creo que hemos tenido dos visiones. Pedimos que se respete el derecho a la propiedad privada y la libre empresa, porque con esas cosas se logrará que haya más y mejores empresas y es eso lo que va a derramar en la sociedad más riqueza y bienestar”.
Gramática y códigos
Ambos dirigentes indicaron que más allá de que con la actual administración de Tabaré Vázquez hubo diálogo, los resultados fueron “escasos”.
El sociólogo e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Miguel Serna dijo a Búsqueda que las figuras que aparecen en los diferentes partidos políticos en esta campaña electoral hacen pensar en un relacionamiento de “nuevo tipo” con la ciudadanía y las gremiales empresariales.
Observó que varios precandidatos se presentan como “gestores” o managers, además de políticos, y emergen como representantes de una buena gestión y con experiencia en el sector público. En esa categoría mencionó a Martínez, hoy intendente de Montevideo, al expresidente del Banco Central Mario Bergara y a Cosse, ministra de Industria. “En su trayectoria, son profesionales vinculados o que conocen el mundo de los ejecutivos y entran con el discurso y gramática del lenguaje empresarial en la política”, agregó.
Dentro del Partido Colorado, mencionó a Talvi por su pasado reciente en un centro de investigación (Ceres) muy cercano al mundo empresarial.
Y como otro “fenómeno” que en términos cuantitativos es “menor”, pero se alinea con la tendencia que se observa en otros países, se refirió a Novick y Sartori, ambos empresarios que basan sus campañas precisamente en sus antecedentes como hombres de negocios. “Ingresan aprovechando los recursos y se presentan como” políticos “pero con los códigos del mundo empresarial. O en el caso de Sartori, primero como empresario y después como político”, comentó.
Para Serna, estos últimos casos tienen puntos en común con los ascensos de Mauricio Macri en Argentina y de Jair Bolsonaro en Brasil, pero también con el hoy presidente francés Emmanuel Macron y su par estadounidense, el millonario Donald Trump. A su juicio, conforman parte de un “ciclo” donde los empresarios vuelven a aparecer en la arena política con “mucha presencia” en busca de “prestigio y estatus”. Por eso, opinó que ese perfil de carrera política que está empezando a crecer con fuerza en Uruguay no es algo “individual” o “aislado”.
Los ajenos a la política
La posibilidad de que algunos empresarios estén ganando terreno en la esfera pública podría relacionarse con el deterioro de la imagen de los políticos tradicionales. Un sondeo de percepción elaborado como parte de una investigación encargada por la Confederación Empresarial a la consultora CIM & Asociados, difundida el mes pasado, mostró que los políticos son los que menos nivel de confianza generan entre los uruguayos, luego de la Iglesia y el Poder Legislativo (Búsqueda Nº 1.994).
Para Serna, la “creciente ideología del desencanto” o desilusión con la política puede llegar a explicar el crecimiento de la simpatía por partidos pequeños que tienen un discurso de “antipolítica”, pero que son otra manera de hacer política.
Como ejemplo, señaló al Partido de la Gente, de Novick. “En esta campaña están jugando como partido pequeño y con la ideología de ‘somos la alternativa o lo desafiante a la política tradicional de los grandes partidos’”.
Serna habló de la “fragmentación gradual” del sistema político como la “mayor” novedad de las futuras elecciones, porque si bien los partidos nuevos que aparecen en escena no serán mayoritarios, apuestan a tener peso para incidir en la casi segura segunda vuelta de noviembre de 2019.
Buscando explicar la aparición de precandidatos con perfiles empresariales, el sociólogo comentó que el fenómeno más reciente puede responder a una suerte de legitimación de parte del “ciudadano común” y “no simplemente a que un partido trae una personalidad o a alguien que irrumpe como un outsider”. En esa línea, argumentó que “se ha ido promoviendo a nivel social una serie de códigos del mundo empresarial” y se refirió a autores e investigaciones que prestan atención acerca de “cómo se ha ido justificando los conceptos de eficiencia, emprendedurismo, gestión, etc. en las cuestiones públicas (…) y, en analogía a ello, que la política tiene que tener resultados” en el corto o mediano plazo.
Para García Pintos, “es bueno” que participe gente de empresas cerca del funcionamiento de la política “porque tienen la mentalidad que uno se hace al vivir en competencia, se exige ser más eficiente, prudente y procurar rentabilidad”. Y agregó: “Aplaudo que gente honesta y correcta quiera poner el hombro en la política, porque teniendo —capaz— más retorno de rentabilidad en su tiempo aplicado en un trabajo privado que en una cooperación política, esté dispuesta”.
“Quizás puedan entendernos más rápido y se interactúe de manera más ágil, pero no necesariamente más efectiva. Hay que ver cómo se desenvuelven en la cancha”, comentó Lestido proyectando un gobernante con perfil gestor o empresarial.
Las cámaras
Serna, autor junto con Eduardo Bottinelli de El poder fáctico de las élites empresariales en la política latinoamericana: Un estudio comparado de ocho países, también señaló un cambio o fragmentación en la representación de las gremiales empresariales en Uruguay.
Por un lado, afirmó que las cámaras históricas —como las rurales y de industria y comercio— siguen siendo “actores clave” y con incidencia en los gobiernos, además de cumplir con el rol de relacionamiento con el Estado. Pero, por otro, advirtió una “reestructuración” entre el “poder” de las cámaras y el de las empresas grandes. Vinculó ese fenómeno con lo que sucedió en los últimos años en Argentina, donde las gremiales más grandes (agro e industria) “perdieron peso” al tiempo que creció la incidencia de los grandes grupos trasnacionales.
“Eso, a la uruguaya, también pasó con la ex-Botnia siendo atendida directamente por el gobierno, sin ninguna intermediación cuando se produjo el conflicto con Argentina. Y ahora con UPM y una agenda particular” que está siendo negociada para que instale una segunda planta de pasta de celulosa en el país, apuntó.
Igualmente, evaluó que las cámaras “siguen siendo importantes” para darles voz a las pequeñas empresas.
En su investigación, Serna y Bottinelli indican que aunque con diferencias significativas entre los países de América Latina, las “prácticas de los empresarios, a través de lobbies y cabildeos frecuentes sobre los gobiernos, son un instrumento fáctico cotidiano en las arenas ‘ocultas’ del diseño e implementación de políticas públicas de difícil control y contrapeso”.
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