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    Carnaval en La Pedrera

    Desde hace varios años y desde la desgracia ocurrida en el Carnaval del 2012 (que por suerte tarde llegó, y solo de milagro), los vecinos exigimos que se cumplan la normativa nacional y departamental, al tiempo que solicitamos que se suspenda el Carnaval. Por decisión soberana de los vecinos (que pagan los impuestos y son amplia mayoría sobre los 14 votos que tiene el alcalde Perdomo y el intendente Barrios), se solicitó al intendente y al alcalde que suspendieran las actividades callejeras en el  2013 y hasta tanto las autoridades den suficiente prueba de que pueden controlar algo.

    No solo hicieron oídos sordos, sino que salieron a fustigar a los vecinos porque nos quejábamos de que en verano no se puede dormir, mucho menos descansar. Ni siquiera presentaron rostros en el balneario (el alcalde manda representante porque se rumorea que lo van a colgar de eso que tiene lleno, según “El Observador”) y arremetieron en julio del 2012 con un proyecto de “producción” del carnaval, en el cual estaba un hijo del señor vicepresidente de la República como socio. La asamblea del momento, ni lenta ni perezosa, les coaguló de entrada el proyecto, al tiempo que tampoco se dio cabida a cambio de ninguna especie en el mismo. Un rotundo no y un reclamo de respetar la decisión de los vecinos emanada en asamblea multitudinaria del 27/2/2012, fueron al unísono. Pero se ve que el mensaje otra vez no se escuchó.

    El intendente sigue con su perorata de hacer el Carnaval, pero no se le escucha decir que invita a que se haga en su casa. No huele ni limpia los orines, las heces, preservativos, vómitos y calamidades que pasan los vecinos de La Pedrera, pero pregona que se sigan haciendo en este balneario, y no en su vecindario.

    Al alcalde Perdomo le preocupa que le pasen los chips de madera por la puerta de su casa en La Paloma. Enfrenta justicieramente a las máquinas del MTOP en pos de un ambiente “natural” y de un “Uruguay sustentable cuidando el medio ambiente”, pero sólo el que pasa por la puerta de su casa. Este señor tampoco invita a hacer el Carnaval en su casa o en su vecindario. Y además desconoce lo que es “vergüenza”, no sólo por su lenguaje soez y ordinario que está haciendo escuela en la política de este país, sino porque en sus declaraciones al matutino “El Observador” del día 14 de enero regaña porque tiene que atender y hacerse cargo de los “nenes bien argentinos y uruguayos”,  de los “borrrachos y drogadictos”. El alcalde se olvida que bien le sacó el jugo a esos “nenes”, “abasteciéndolos”, vendiendo puestitos a sus amigos y a empleados de la Intendencia de Rocha (más precisamente, a los inspectores que tenían que estar controlando el relajo que este individuo ayudó a crear), para venderles bebidas alcohólicas y comida que había estado 12 horas al rayo del sol sin el más mínimo control sanitario.

    Tampoco el Ministerio del Interior, a través de sus dependencias, cumple con sus cometidos. El año pasado (y todos los anteriores) no tendría que haber salido ni un solo coche de La Pedrera sin control de alcoholemia (tampoco se controla adentro del balneario) y al amanecer casi no quedó ninguno en el pueblo. Solo aquellos que estaban inconscientes. Todos pasaron por frente a un móvil de la Policía Caminera apostado a la salida del balneario por ruta 10 y nada. Tampoco se cumple con un decreto que obliga a la Policía a actuar en casas particulares ante ruidos molestos y mucho menos el que controla la mendicidad y la vagancia. De la droga ni hablamos. Todavía en La Pedrera no aterrizan avionetas como para que sea interesante un control.

    En este bendito país seguimos con los “hijos y entenados”, ya que en Maldonado estas cosas no pasan o si pasan, las controlan enseguida. Siguen sin escuchar a los vecinos (o mejor dicho escuchan a los 4 o 5 que quieren el Carnaval porque van “prendidos” en algún negocio), porque ellos son la “autoridad”. Se las saben todas. Ahora inventan el Carnaval (y ahora toda la organización va por cuenta de las autoridades; que luego no nos metan a los vecinos en el medio), en el campo que está a la entrada de La Pedrera, como si el pueblo no existiese (ahora el sexo se va a desarrollar a campo abierto y nadie va a escapar a los precios monopólicos de la festichola). Siguen vendiendo espejitos y sin escuchar la petición de los vecinos. Están haciendo el Carnaval para la gente de afuera, no para los residentes ni familias que van a descansar. Para las autoridades, La Pedrera es un “bulín” que habilitan en verano para que los desubicados se relajen a su antojo.

    Con todo esto bien se concluye que no hacen nada o porque viven de este relajo, o porque carecen del más mínimo sentido de lo social; de lo que es una política de turismo, de servicios, porque viven su presente político y/o porque muchos son ignotos. A pesar de todo esto seamos justos: algo se ve que están haciendo, pero es tal la impericia que el jolgorio continúa.

    Mag. Álvaro Sánchez Balcewich