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    Cartas al Director (I)

    40 años del golpe de Estado (I)

    Sr. Director:

    Un equivocado enfoque sobre la resistencia al golpe de Estado. Búsqueda publicó, sin comillas, un título antihistórico, en las páginas 8 y 9 de su última edición, en el que se dice que “Políticos frentistas y blancos, sindicatos y estudiantes resistieron el golpe que disolvió el Parlamento hace 40 años”. El título se editó sin comillas, aquí lo repetimos entre comillas para reiterar expresamente lo que se dijo.

    Tanto el título de la nota como el desarrollo de la crónica excluyen al Partido Colorado de la resistencia al golpe de Estado y, con menciones incompletas, se da cuenta del apoyo de algunos sectores del partido a la acción del 27 de junio del 73.

    Error periodístico e histórico, porque el autor de la crónica, Sergio Israel, cometió varios olvidos que pasamos a mencionar:

    1) No se informa sobre la denuncia de Jorge Batlle en octubre de 1972 contra el desborde militar y su posterior procesamiento con prisión. No puede decirse algo tan tajante como lo que dice Búsqueda sobre junio del 73 sin referir a ese antecedente.

    2) No se informa de la denuncia del senador Amílcar Vasconcellos, el 1º de febrero de 1973, sobre el alzamiento militar y el militarismo que se avecinaba. Curiosamente y en forma lateral, el periodista recurre a un reportaje a Vasconcellos que se le hizo en 1993, pero no menciona el hecho original, la rotunda oposición del senador colorado a la insurrección de los militares cuando se produjo el golpe, en febrero, lo que dio lugar a un famoso libro, que sería bueno que algunos periodistas lean.

    3) No menciona el señor Israel las dos clausuras del diario “Acción” en junio del 73. Es curioso que un periodista no recuerde ese antecedente por el cual se cerró un diario fuertemente opositor. Tampoco se hace referencia a la posición del diario “El Día” en esos momentos, que luego sería muy importante en el transcurso de la dictadura.

    4) No registra Israel las intervenciones terminantes de Vasconcellos y de Hierro Gambardella en el Senado, la propia noche del 27 de junio.

    5) No se da noticia de la digna actitud del vicepresidente Jorge Sapelli, quien se opuso a presidir el Consejo de Estado y fue un duro crítico de la situación.

    6) No conoce u olvida el señor Sergio Israel la declaración del Comité Ejecutivo del Partido Colorado de julio 13 de 1973, apenas pudo reunirse tras el golpe, en la que enjuicia a los golpistas y se establece que los colorados que participen del gobierno no cuentan con apoyo de las autoridades partidarias ni representan al partido. Fue la única declaración partidaria en ese sentido —hasta donde sabemos, ningún otro partido pudo expresarse como tal— porque era muy difícil emitir y difundir declaraciones. El Comité Colorado lo hizo, lo que se debió registrar en la crónica. Eso no ocurre, pero en cambio hay una mención al grupo reeleccionista del Partido Colorado entre quienes “alentaron el golpe”.

    7) Más allá de la responsabilidad del señor Juan María Bordaberry, es muy claro que el Partido Colorado estuvo en contra del golpe, tanto en febrero como en junio del 73. No registra eso la crónica de Búsqueda, como tampoco informa el artículo del señor Israel sobre la notoria vinculación de sindicatos y partidos de izquierda con el golpe de febrero, sin lo cual no se puede explicar junio. Curiosamente hay en la crónica de este último jueves un largo párrafo sobre la huelga decretada por la CNT en junio —se ilustra el texto con una foto de José D’Elía— pero sin ninguna mención a los antecedentes golpistas de los sindicatos y de sectores del Frente Amplio durante febrero.

    8) No es admisible a esta altura, cuando se han publicado recientemente testimonios indesmentibles en libros que han sido muy comentados, que se insista con una versión tan interesada y parcial. Espero que eso no signifique que el semanario ingrese inadvertidamente en la corriente de hemiplejia histórica que promueven algunos desmemoriados.

    Le agradezco la publicación de esta aclaración.

    Luis Hierro López

    Ex Vicepresidente de la República

    Nota de Redacción. Tiene razón el corresponsal en cuanto a que hubiere sido deseable que el artículo a que hace alusión hubiera incluido las referencias que él menciona sobre la resistencia de importantes políticos batllistas a la ruptura institucional del 27 de junio de 1973, dispuesta por un decreto firmado por un presidente que había sido electo en 1971 bajo el lema “Partido Colorado”. El título de la nota también fue infeliz —“Políticos frentistas y blancos (...) resistieron el golpe (...)”— puesto que, indudablemente, hubo también políticos colorados de enjundia que lo hicieron.

    En cambio, no parece tan claro, como manifiesta el corresponsal, que el Partido Colorado en su totalidad haya estado contra el golpe. Sí lo estuvieron, y muy claramente, los senadores batllistas (entre ellos, Luis Hierro Gambardella, padre del Prof. Hierro López) que, en la noche del 26 de junio de 1973, repudiaron claramente la decisión del presidente Bordaberry en una sesión del Senado de la República que en determinado momento quedó sin quórum, entre otras razones, por la ausencia en sala del sector entonces mayoritario del Partido Colorado, integrado por los senadores que respondían a Bordaberry y a su antecesor, el ex presidente Jorge Pacheco Areco. Los sectores y dirigentes políticos inequívocamente opuestos al golpe fueron los mismos que, años después, se unirían bajo el sublema “Batllismo Unido”, del cual salieron los dos presidentes colorados de la pos-dictadura: Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle. Precisamente, en el artículo de referencia se informa que “Unidad y Reforma”, el sector liderado entonces por Batlle, emitió una declaración donde se leía “Muera la dictadura”.

    Y quédese tranquilo el corresponsal en cuanto a la posibilidad de que Búsqueda ingrese en alguna corriente de “hemiplejia histórica”. Búsqueda no sufrirá “hemiplejias”, ni “paraplejias” ni “apoplejías” de ninguna especie. Búsqueda seguirá haciendo lo que ha hecho siempre: buscar y publicar información lo más seria y verídica posible para ayudar a los lectores a comprender un poco mejor el mundo en el que viven. Y lo hará apegándose al lema platónico que desde el comienzo preside nuestras contratapas: “lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros”.

    40 años del golpe de Estado (II)

    Sr. Director:

    El viernes 28 de junio del corriente, el senador Pedro Bordaberry, líder de Vamos Uruguay, me escribió un correo electrónico para deslindar responsabilidad por los dichos del senador Ope Pasquet (también de Vamos Uruguay) en la Asamblea General del 27 de junio pasado, sobre Pacheco Areco y su actitud respecto del golpe de Estado de 1973. Me dijo que no compartía lo dicho por Pasquet y me autorizó a difundir su desacuerdo con lo dicho por éste. Revisada la versión taquigráfica, surge que el senador Pasquet asumió la responsabilidad del Partido Colorado por lo sucedido el 27 de junio de 1973 y dijo que Pacheco Areco respaldó el golpe de Estado del Sr. Bordaberry y la disolución de las Cámaras 40 años atrás.

    Por mi parte, en mi nombre y el de mi familia, rechazo categóricamente por mentirosas, repugnantes y falaces las aseveraciones del senador Pasquet. No le doy a Pasquet el beneficio de la idiotez que le dio el Dr. Batlle en el diario “El Observador”. Creo que Pasquet actuó de mala fe, mintiendo y tergiversando la verdad histórica, no sé con qué propósito o designio. Como no se puede ser tan burro e ignorante, descartadas la ignorancia y la idiotez, atribuida por el Dr. Batlle, solo resta la mala fe. Cuesta entender el porqué; con qué propósito lo hizo. Incluso en una ocasión había visto al senador Pasquet defender la gestión presidencial de Pacheco ante agravios y mentiras del ministro Olesker, cosa que le agradecí por escrito. Pero la verdad es que, en esta oportunidad, sus dichos rozan el honor de un prohombre del Partido Colorado y de la patria y, por supuesto, el honor de mi familia, por lo cual rechazo enfáticamente este atropello y este ataque innecesario a la verdad y a la historia. No estoy solo en esto. Así opinan no solo el Dr. Batlle, sino también el senador Bordaberry, el Dr. Sanguinetti, el Prof. Hierro López y el senador Amorín Batlle, a quienes todos agradezco. ¿En nombre de quién habló Pasquet el 27 de junio pasado? ¿A quién representó? Ciertamente, no en nombre del Partido Colorado. No sé si lo hizo en nombre de su sector, pero sí sé que su líder no lo apoya. Por lo pronto, no lo hizo en nombre de los colorados de a pie, que recordamos a Pacheco Areco como aquel hombre que defendió nuestra democracia y nuestro estilo liberal de vida ante la agresión sediciosa y comunista entre 1968 y 1972. Pacheco frenó con una mano a quienes querían robarnos nuestra libertad, insuflados desde el extranjero, y con la otra, a los militares golpistas, que luego de la fuga de los tupamaros del penal de Punta Carretas en setiembre de 1971, insistían en que no debía haber elecciones en noviembre de dicho año. Pacheco dio elecciones libres, democráticas y ejemplares. El pueblo no aprobó su reelección, pero lo votó masivamente, aprobando su gestión y otorgándole mas de 550.000 votos. Al no ser reelecto, entregó la banda presidencial al presidente electo y se fue del país para no constituirse en un factor de poder para el nuevo gobierno de su partido, al que le había dado la victoria. No se quedó en el gobierno ni un minuto más de lo que mandaba la Constitución. Acató el mandato del pueblo en el plebiscito constitucional y se fue. No hizo como el Frente Amplio que desoyó dos veces el mandato del soberano en sendos referéndums apoyando la “ley de caducidad”.

    ¿Cómo puede alguien, pero principalmente un senador colorado, decir que Pacheco apoyó el golpe de Estado de 1973? Pacheco le advirtió a Bordaberry que estaba asumiendo un protagonismo histórico y lo exhortó a salvar lo que pudiera de las instituciones democráticas, pensando que la interrupción democrática sería breve y se volvería pronto a la normalidad institucional. No felicitó, apoyó o arengó a Bordaberry en forma alguna. Decir lo contrario es canallesco. Está bien, se puede decir y así fue, que Pacheco no renunció a su cargo de embajador en España luego del golpe. Pero Pacheco tuvo desde entonces prohibición de regresar al Uruguay. Pacheco no pudo ni venir al sepelio de su madre en 1974. No tenía fortuna personal, porque fue un hombre honesto. No podía vivir por las suyas, en Europa, donde tupamaros fugados, la ETA y la OLP lo querían asesinar. Desde Uruguay se le recordaba permanentemente que sus hijos estaban en Montevideo. Pero no apoyó, ni felicitó, ni saludó el golpe de Estado del 73.

    Por lo demás, ¿acaso el general Fructuoso Rivera, mano derecha de Artigas y fundador del Partido Colorado, fue un traidor a la patria por ponerse a las órdenes de Lecor, cuando se perdió la guerra y nos invadieron los portugueses? ¿A alguien le queda alguna duda de que fue Rivera quien provocó la Convención Preliminar de Paz de 1828 al invadir las Misiones, contra las órdenes de Lavalleja y perseguido por Oribe?

    Con la fuerza y el respaldo electoral que tenía Pacheco en noviembre de 1971, ¿por qué no dio el golpe él y se quedó en el poder? ¿Por qué habría de apoyar luego la aberrante decisión de junio de 1973? Y para los frentistas, que tanto disfrutan con estas cosas, ¿acaso Tabaré Vázquez renunció a sus cargos en Salud Pública? ¿No hizo toda su carrera en oncología durante la dictadura, mientras su hermano estaba preso? ¿No le dieron una beca para estudiar en Israel? ¿No le mandó un telegrama de felicitaciones al general Álvarez cuando asumió la Presidencia de la República? Mal de muchos, consuelo de tontos, pero nada ilustra mejor que un ejemplo, ¿verdad?

    Pasquet le hizo el caldo gordo a tupamaros y comunistas, incluido el gobierno, que se habrán deshecho las manos aplaudiendo las mentiras de Pasquet, que ratifican su mal intencionada interpretación de la historia. No le hizo un favor a nadie más que a la izquierda, que entre 1960 y 1973 libró una guerra sin cuartel contra la democracia uruguaya. Solo basta con leer los editoriales de los diarios de izquierda del día de hoy, que hablan loas del senador Pasquet. ¿Puede alguien en su sano juicio, incluido el senador Pasquet, pensar que algún voto de izquierda vendrá al Partido Colorado por esto? ¿Con quién quiso quedar bien? Es difícil comprender cuál fue el rédito político buscado con esta infamia, en una actitud pusilánime y genuflexa, haciendo un mea culpa que no correspondía, enchastrando la memoria de correligionarios fallecidos y pegando palos hacia la interna del Partido Colorado, sin decir nada de los verdaderos causantes de la noche amarga que vivimos los demócratas.

    Pero más allá de tratar de entender qué quiso hacer el senador Pasquet, en nombre de la verdad, de la justicia, de la historia, de la democracia, de la decencia, le reclamo al senador Pasquet que se retracte de lo que dijo y se disculpe públicamente con el Partido Colorado, los pachequistas (que no somos pocos) y mi familia. Si el senador Pasquet no quiere retractarse, entonces le pido al senador Bordaberry que lo obligue a hacerlo. Pasquet, ¿habló a título personal o a nombre de su sector? No corresponde inmiscuirse en el manejo de otros grupos políticos, pero, en este caso, me atrevo a preguntarme, ¿cómo puede decir esto Pasquet si su líder no lo comparte? Así hace el presidente Mujica todos los días. Si Pasquet no acata la decisión de su líder y de su sector, el sector Vamos Uruguay lo tendría que echar, porque, entonces, Pasquet es un hombre peligroso que actúa por cuenta propia. En fin, si esto tampoco prosperase, exhorto entonces al Partido Colorado a sancionar al senador Pasquet con el mayor rigor posible. Que no quede impune este atropello sin sentido.

    Jorge M. Pacheco Klein

    40 años del golpe de Estado (III)

    Sr. Director:

    Según publicaciones de diversos medios de prensa, el Dr. Pacheco Klein me dedicó una larga serie de insultos —insultar se ha puesto de moda, parece— porque dije que su padre, el Sr. Pacheco Areco, había apoyado el golpe de Estado de 1973.

    El Dr. Pacheco Klein insulta, pero no aporta argumentos. Pacheco Areco siguió siendo embajador después del golpe de Estado y pocos días después de la disolución de las Cámaras envió un telegrama de apoyo al presidente Bordaberry que tuvo amplia difusión. Esos fueron en su día hechos notorios, de inequívoco significado político. (El texto del telegrama puede leerse en el libro de Sanguinetti, La agonía de una democracia, capítulo XLIX, nota 238 a pie de página).

    También es cierto que Pacheco fue mucho más que eso. Como presidente de la República, enfrentó con decisión y energía la ofensiva guerrillera contra el régimen democrático. Debió actuar muchas veces al borde mismo de la Constitución, pero logró impedir que las instituciones cayeran ante el embate de los tupamaros y supo contener también la presión militar. A partir de 1985, restablecida la democracia, contribuyó leal y generosamente a la gobernabilidad, tanto a nivel nacional como departamental. Por eso, cuando alguna vez en el Senado fue atacada su gestión presidencial, la defendí. Y el Dr. Pacheco Klein lo agradeció.

    En el año 1973 la guerrilla ya estaba derrotada y la conducta de Pacheco Areco fue la que señalé. Los hombres aciertan y se equivocan, y Pacheco no fue una excepción. Al final de la jornada, lo que cuenta no son los episodios aislados, sino su apreciación de conjunto. Por eso, cuando Pacheco falleció fui uno de los tantos que acudieron al Cementerio Central a despedir sus restos. Como ciudadano —yo no ocupaba entonces ningún cargo que me impusiera obligaciones protocolares—, lo hice simplemente porque sentí que era lo que correspondía.

    El Dr. Pacheco Klein vive desde muchos años en los Estados Unidos. Renunció a la banca de diputado con la que lo honró la ciudadanía, para irse a trabajar allá. No le reconozco ninguna autoridad para pontificar acerca del Partido Colorado o el país; demostró que sus prioridades son otras.

    A diez mil quilómetros de distancia, insultar es ridículo. No pienso caer en eso. En lo que a mí respecta, doy aquí por terminado este asunto.

    Ope Pasquet

    Senador de la República

    Vamos Uruguay - Partido Colorado

    40 años del golpe de Estado (IV)

    Sr. Director:

    Las barbaridades que hace poco declaró a Búsqueda sobre Pacheco un agente de la CIA jubilado y que motivaron mi reacción en esta misma sección son entendibles y hasta esperables de alguien que fue entrenado para vivir del trabajo sucio.

    Con respecto a las recientes opiniones del senador Ope Pasquet sosteniendo que Pacheco apoyó el golpe de Estado, el escenario es otro. Mantengo una correcta relación con Pasquet desde que coincidimos en la actividad partidaria, hace ya muchos años; él desde una posición de dirigente de primara línea y yo desde una modesta reserva.

    Por supuesto que decir que Pacheco apoyó el golpe del 73 es un disparate mayúsculo, solo sostenible por seudo-neo-historiadores marxistas que han tergiversado la historia reciente sin ningún escrúpulo. Pacheco se cansó de rechazar proposiciones de ruptura institucional en los momentos más dramáticos que hayamos vivido, con el azote de una guerrilla criminal y el clamor popular de ponerle fin. Podría, creo, haber dado el golpe de Estado con los Bomberos, como Terra.

    Mas lejos de prestar oídos a cantos de sirenas alguno, llevó al país a elecciones libres en 1971, entregando el poder en forma impecable a su sucesor democráticamente electo. Fue, en suma, un líder republicano, de cuño batllista y profundamente respetuoso de las instituciones.

    Un detalle que quizá mi correligionario Ope Pasquet no recuerde: en los aciagos días de febrero de 1973, Juan María Bordaberry, acosado por la arremetida militar, convocó a los ciudadanos a manisfestar su apoyo a las instituciones en Plaza Independencia. Fuimos un puñado de ilusos. A mis 15 años, en los ratos libres que me permitían mis urgencias hormonales propias de la edad, militaba en el Movimiento Nueva Generación con Pacheco (MNG) y, en esa calidad, acudí a la plaza para retirarme luego de haber comprobado que la suerte estaba echada. Al senador Pasquet, más o menos de mi edad, no lo vi; o es que aún no militaba en política o que urgencias similares a las mías lo tenían en otra cosa. No lo imagino viviendo aquellas jornadas desde adentro, desde la participación y lo que expresa hoy es producto de sólo haber leído. Y leyó mal.

    Pero lo de Ope no es nuevo, y me refiero a la tirria contra Pacheco: cuando comenzó su carrera política lo hizo de la mano del Dr. Enrique Tarigo, en aquel entonces feroz crítico de Pacheco, crítica necesaria para abrirse camino y que daba pingües dividendos. Moria Casán tiene una expresión muy gráfica para referirse a quienes buscan notoriedad a costas de otro. Y fue así que el Dr. Ope Pasquet, debutante en política se “colgó” de los atributos del “Bocha”.

    Pero el tiempo pasó y hasta el propio Tarigo cambió su postura hacia el líder de la UCB, reconociéndole sin duda su aporte histórico al Partido Colorado.

    Y entonces no veo la necesidad de estos ataques aparentemente gratuitos que inclusive complican la vida al Dr. Pedro Bordaberry, actual líder de Vamos Uruguay y quien ha sabido conciliar su condición de demócrata republicano con la de digno hijo de alguien que ha sido el lugar común de las críticas de cuanto opinólogo aparece.

    Aclaradas algunas cosas, allá Ope y su antipachequismo; pero lo que me viene asombrando desde hace un tiempo es la falta de reacción ante infames críticas de quienes supieron ser destacados dirigentes cercanos a Pacheco, que supieron  abrevar de la fuente de poder del líder. A ellos los convoco, estén en el sector político que ahora estén. Los invito a no dar por verdaderas mentiras repetidas mil veces.

    Es triste que solo los familiares defendamos a Jorge Pacheco Areco.

    Andrés Merino Pacheco

    CI 1.504.167-3

    40 años del golpe de Estado (V)

    Sr. Director:

    Inusitadas repercusiones han tenido algunos pasajes de las palabras pronunciadas por el senador Ope Pasquet en oportunidad de conmemorarse el 40 aniversario del decreto del Poder Ejecutivo que dispuso la disolución de las Cámaras con la firma del entonces presidente Juan María Bordaberry, electo bajo el lema Partido Colorado.

    Desde el propio coloradismo se alzaron voces que cuestionaron al prestigioso legislador e incluso alguna llegó hasta el insulto grosero. El Dr. Pasquet no necesita de mi defensa ni me la ha solicitado. Pero como colorado y batllista siento la necesidad de manifestar que suscribo todas y cada una de sus palabras. En una época donde todo concepto debe reducirse a los 140 caracteres de un twitt o a los breves segundos de un informativo televisivo o a los titulares de cuatro palabras de un diario, no puedo más que concluir que quien agravió a Pasquet se quedó en la epidermis de la noticia y no leyó la totalidad de su exposición. Bueno sería que lo hiciera cuanto antes para disculparse como corresponde.

    La ponencia de Pasquet es un franco testimonio de convicción republicana y de reafirmación de principios democráticos. Hunde sus raíces en lo profundo de la gesta artiguista expresada en las Instrucciones del año XIII y llega —con admirable poder de síntesis— a relatar los acontecimientos vividos por nuestro país hasta la apertura democrática. No vamos a transcribir por cierto cada uno los pasajes de la mentada exposición, pero quien la lea de buena fe deberá aceptar de inmediato que el senador subraya y demuestra que el golpe del 73 fue el resultado de un largo proceso en el que intervinieron varias responsabilidades. Dice sobre este punto que el golpe “no fue un rayo en un cielo de verano, no fue un acontecimiento inesperado, sorpresivo, que nadie pudiera imaginarse que iba a ocurrir un día. Fue —dice Pasquet con acierto— la culminación o el desenlace de una serie de acontecimientos que se habían empezado a producir hacía mucho tiempo”, y repasa varios de ellos, que van desde el asalto al Club de Tiro Suizo llevado adelante por el MLN-Tupamaros en 1963, pasando por el encandilamiento que produjo en una minoría la revolución cubana, el mayo francés del 68, abordando, en fin, todo lo que constituyó la antesala insoslayable de lo que pasó en 1973. También hace especial referencia al golpe militar de aquel febrero amargo de ese mismo año, condenando el desacato de las fuerzas armadas denunciado por el entonces senador colorado don Amilcar Vasconcellos y culmina remitiéndose al conocido libro del ex presidente Sanguinetti “La Agonía de una Democracia”, al que califica de “verdad histórica de cada uno de los hechos que relata”.

    Es recién después de referirse a este largo proceso que el legislador hace la mención que tanto irritó a algunos correligionarios y que se traduce en el reconocimiento de una verdad histórica innegable cual es el hecho de que el presidente Bordaberry fue elegido por el lema Partido Colorado y que “esa es nuestra gran responsabilidad. Es cierto —acota— que no fue elegido en una elección interna; es cierto que no fue elegido por la Convención, pero eso no le quita su carácter al hecho de que fue elegido por el lema Partido Colorado, y esa es nuestra responsabilidad”.

    Al cabo de esta afirmación, de inmediato hace constar la actitud democrática de los senadores del batllismo que desde la misma noche del 27 de junio de 1973 manifestaron su oposición tajante y radical al quebranto institucional, así como lo hicieron otros connotados dirigentes del partido que enfrentaron aquella decisión que determinó la división del partido. El “No” del 80 y las elecciones internas del 82 dan el triunfo al Batllismo Unido, heredero de aquella oposición al golpe de 1973 (al de junio y al de febrero de ese año) y fue así que pudo articularse la salida democrática timoneada por el binomio Sanguinetti-Tarigo, que mereció luego la confianza del voto popular para reconstruir las instituciones y las libertades públicas de las que hasta hoy gozamos todos los uruguayos.

    Me pregunto entonces, ¿cuál ha sido el pecado del Dr. Pasquet? ¿Cuáles son los conceptos que tanta polvareda levantaron dentro de la divisa que construyó la república? ¿Cuáles son los agravios para la colectividad de Batlle y Ordóñez y su lucha contra el militarismo del siglo XIX, de Baltasar Brum y su martirologio, de Julio César Grauert muerto en la prisión del terrismo, de Amílcar Vasconcellos denunciando a los “latorritos”, del contraalmirante Zorrilla cercando la Ciudad Vieja en defensa de las instituciones, de Jorge Sapelli renunciando a la Vicepresidencia como protesta contra el golpe de Estado, de Enrique Tarigo abandonando la docencia para combatir con su pluma por el restablecimiento de la democracia y de tantos y tantos otros colorados y batllistas conocidos y anónimos, innumerables colorados de a pie, que a lo largo de la fecunda historia de esta colectividad política supieron ponerse enfrente de las dictaduras de todo signo denunciando sus injusticias, el latrocinio y el abuso de poder, batallando dentro del partido si era necesario y arriesgando su vida y en muchos casos entregándola generosamente en defensa de las libertades públicas? ¿Cuál ha sido —reitero— el pecado del Dr. Pasquet?

    Ocurre que la embestida contra su persona nace del reproche de haber hecho estas afirmaciones, mientras desde otras tiendas no se reconoce ninguna responsabilidad en aquellos luctuosos hechos. Cierto es que este reconocimiento no ha llegado aún y quienes atacan a Pasquet sienten que dar el primer paso pudo haber sido perjudicial. Pero ocurre que la política no es una partida de ajedrez donde se calcula con precisión el movimiento que cada pieza requiere para sumar votos. La política es más que eso. Es también sumar convicciones democráticas que deben exponerse y expresarse sin rodeos cuando de la defensa de las instituciones se trata. Y si para ello hay que hacer referencia al pasado, pues bien, hagámosla sin temores infecundos que ello no es incompatible con la construcción del futuro.

    Así lo hizo Pasquet en la última sesión de la Asamblea General a que aludimos. Es que los nombres de aquellos muertos ilustres no son una marca registrada. Aquellos hombres son verbo vigente y acción en movimiento; son las referencias, son el ejemplo para que no suceda nunca más lo acontecido en febrero y en junio del 73 y en la década que precedió a aquel 27 de junio. Y si para que no vuelvan a suceder estos hechos se hace necesario asumir la cuota parte de nuestras responsabilidades históricas, debemos respaldar respetuosamente al que encara con altura tamaña tarea, aún a riesgo —como ha sucedido— de que su actitud despierte el agravio y el reproche.

    Las valientes palabras del senador Ope Pasquet lejos de perjudicar a nuestra colectividad política, la honran, la enaltecen y se incorporan así a la historia y la mejor tradición partidaria. Esa historia y esa tradición que sin duda ahogará en el olvido al agravio infundado e impulsivo que se lanza con frívola ligereza. Se podrá insistir en que la asunción de responsabilidades expresada por el Dr. Pasquet no tendrá la reciprocidad en filas de quienes —carentes de toda ética— tergiversan la historia y manejan criterios distintos a los del senador y nunca tendrán la hidalguía y la honestidad intelectual de reconocer, los unos, que atentaron contra la democracia desde principios de la década del 60 para imponer una dictadura a la cubana, y otros, que “coquetearon” con el poder militar en febrero del 73 para alentar un golpe “a la peruana” bajo el eslogan “la cuestión no es entre militares y civiles sino entre la oligarquía y el pueblo”.

    Seamos nosotros los primeros en optar por la verdad aún en la cuotaparte que nos duele. Seguramente algún ciudadano honesto lo hará desde otras tiendas. Y si finalmente no recogen el guante porque son diferentes, pues bien, respondamos a ello: ¡viva la diferencia!  

    Fernando Scrigna

    CI 1.391.605-6