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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáViajo a Chile con frecuencia y siempre vengo impresionado por los cambios, mejoras y emprendimientos que se desarrollan constantemente en el país trasandino.
Santiago crece, se moderniza, hace obra pública a un ritmo desconocido para nosotros. Con más de siete millones de habitantes y menos de siete mil empleados municipales las calles están limpias, bien señalizadas, incluso las plazas vigiladas y regadas. Montevideo apenas llega al millón de habitantes y sobrepasa los 10.000 empleados municipales y todos vemos el deterioro y la decadencia que nos rodea.
En estos días se dio el cambio de gobierno. Bachelet le devolvió la banda presidencial al mismo Piñera que se la entregara hace cuatro años. El gobierno saliente logró realizar mucho de lo prometido, la representación parlamentaria era, y seguirá siendo, mayoritaria para la izquierda, sin embargo, ganó el candidato de la oposición para ocupar el Poder Ejecutivo.
No ganó la derecha, sino que perdió la izquierda.
Tiene poco sentido real hablar de izquierda y derecha. Sí podemos decir que quienes ganaron son más coherentes con el sistema capitalista y la doctrina liberal. Quienes perdieron gobernaron dentro del sistema capitalista con algunas propuestas progresistas.
El gran fracaso de la izquierda fue el mayoritario ausentismo en las elecciones. Los ciudadanos se desinteresaron en seguir manteniendo un gobierno que los aburrió con sus discusiones y rencillas internas y el comienzo de un clima de corrupción desconocido hasta ahora en Chile.
El oficialismo, la izquierda, se presentó con dos partidos: el Frente Amplio y la Nueva Mayoría (ambas coincidencias con nuestra situación política no es casualidad). Hubo varios puntos de desencuentros internos que llevaron a esta dual presentación, el más fuerte y significativo que dividió las aguas fue la posición frente a Venezuela y Cuba. El Frente Amplio entiende que debe hablarse con claridad de la dictadura que rige en ambos países caribeños y tomar las medidas que correspondan. En la Nueva Mayoría la situación es más confusa, mientras que el Partido Comunista, con apenas un 3% del electorado popular, sostiene y presiona a favor de Venezuela, la Democracia Cristiana (DC) sostiene una posición opuesta; el fracaso electoral hizo que la DC convocara a un congreso de esa fuerza, pues se requiere un nuevo planteo político de alianzas. Por el momento no se ven salidas al conflicto, lo cual supone que las distancias seguirán aumentando. Debe tenerse en cuenta que Piñera regresa al gobierno con un nuevo dinamismo y experiencia y está adelantando puntos de su programa ante la desconcertada mayoría parlamentaria que no deja de discutir reproches internos. En este panorama la DC y varios de los grupos del FA están reconsiderando una oposición inteligente y no sistemática al gobierno.
Todo el sistema político deberá atender muy prolijamente el retiro de la ciudadanía de los comicios en esta forma masiva como se vio en las últimas elecciones. La propuesta del voto obligatorio, como en todos lados, tiene sus pro y contras, pero en definitiva no soluciona de raíz el problema. Los chilenos viven un impulso creativo en la sociedad civil, pero no cuentan con el acompañamiento de los políticos en avanzar firme sino que se quedan en rencillas doctrinarias, personales o de grupos y ahora asomó, leve, el espectro de la corrupción.
Otro tema que impactó fuerte en estos días es la resolución del planteo boliviano ante el tribunal de La Haya. Aquí se enfrentan dos posiciones nacionales opuestas. El conflicto viene del siglo XIX. La guerra del Pacífico termina con el triunfo chileno, en acuerdo con Perú, que excluye a Bolivia del acceso al mar. Chile otorgó a Bolivia la libre circulación por una carretera y una vía férrea que le posibilita el acceso al Pacífico. Bolivia reclama posesión soberana del acceso marítimo, pero eso no quedó acordado en la firma de la paz y posteriores acuerdos con la participación de Perú. La letra escrita y respetada por más de cien años favorece a Chile; la reivindicación emotiva y nacionalista, a Bolivia. Es difícil, o imposible, que un juicio internacional termine con este conflicto. Aquí se requieren otros modos de arribar a soluciones que se ven difíciles de ser realidad.
Los chilenos tienen un prolongado conflicto interno con los indígenas araucanos que se remonta a épocas anteriores a las independencias nacionales, de Chile y Argentina, por lo tanto es también un conflicto regional que requerirá mucha paciencia, inteligencia y espíritu de sana convivencia y crecimiento para llegar a una solución aceptable por todos.
Lic. Jorge Scuro