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    Científicos buscan obtener datos sísmicos y generar “un quiebre”

    Por falta de recursos, el único sismómetro del país no opera correctamente; académicos esperan más equipos

    De jean y pantalones cargo, blandiendo palas, los ingenieros, doctores y estudiantes comenzaron a cavar y colocar ladrillos. Científicos de la Facultad de Ciencias y sus alumnos hicieron de obreros para poder construir un refugio para el único sismómetro operativo en el país, ubicado en un predio operado por el Servicio Geográfico Militar en Sarandí del Yí. No había dinero para contratar a nadie y fue ese personal el que puso manos a la obra en febrero.

    “Hicimos nosotros el pozo y pusimos los ladrillos. Fueron los albañiles más caros que podés conseguir en Uruguay, porque no había para extras”, dijo a Búsqueda el ingeniero Enrique Latorres, integrante del Observatorio Geofísico de la Facultad de Ciencias.

    Los profesionales y estudiantes empezaron la obra pero se vieron inmersos en responsabilidades al comenzar el año lectivo: clases, trabajos, pruebas, exámenes. Los detalles finales de la instalación quedaron en un impasse.

    El sismómetro está operativo pero no “correctamente instalado”. Este fin de semana los improvisados obreros tomarán de nuevo la pala para terminar la obra. Además conectarán el equipo para que transmita los datos al instante. El problema principal es la falta de presupuesto. “Esto lo hacemos a pulmón”, valoró Latorres.

    Los sismómetros sirven para determinar si ocurren sismos y determinar el riesgo, que es bajo en Uruguay pero existe: hay actividad y se han registrado sismos en el pasado. Estos equipos también son útiles para hacer análisis de la corteza sin necesidad de perforar —con mejor precisión y a costos más bajos—, detectar cambios de densidad y relevar características del subsuelo útiles para la minería y la industria petrolera.

    “Es mucho más económico que hacer un muestreo o perforaciones de cientos de miles de dólares”, comentó Latorres.

    Sirve también para estudiar la viabilidad de la extracción de hidrocarburos mediante fracking, una técnica criticada por ambientalistas por el riesgo de que se filtren contaminantes a los cursos subterráneos de agua. Con estos equipos se podría especificar en qué zonas es viable el fracking y en cuáles no por el riesgo de contaminación. “Sin esa información el riesgo es muy grande”, indicó Latorres.

    “Nosotros no vamos a hacer fracking, pero igual no lo puedo asegurar al infinito”, dijo a Búsqueda Héctor de Santa Ana, gerente de Exploración y Producción de Ancap. La sismicidad producida en esas operaciones puede generar cambios en fallas, en fracturas que ya están, o roturas en instalaciones y casas. Además, el sistema Acuífero Guaraní recorre una parte del Uruguay. De todos modos, la necesidad de contar con información de esta zona va más allá del fracking.

    “Independientemente de que no se haga fracking, si se proyecta hacerlo dentro de 20 o 40, el país tiene que tener una línea de base para saber qué puede ser atribuible a algo nuevo, ya sea en valores químicos del agua o en sismicidad. Para saber qué es cada cosa y no atribuirle a algo lo que no es”, opinó de Santa Ana. Aseguró que Ancap va a financiar equipos para poder pensar en trabajos de ese tipo.

    Además, un sismómetro es útil para el estudio de los acuíferos y para identificar zonas de recarga. Podría colaborar con el estudio de cuánta agua se debe explotar y predecir la disponibilidad futura. “Hay muchas cosas para hacer, no tenemos recursos y contamos con poca gente”, opinó Latorres.

    “Tenemos que dar un paso adelante para conocer la estructura profunda del subsuelo uruguayo y acercarnos a la realidad de lo que hay abajo. Hay que cambiar el horizonte, ya hicimos mucha filatelia”, dijo a Búsqueda la geóloga Leda Sánchez, profesora titular de la Facultad de Ciencias, directora nacional de Minería y Geología. Implica “un quiebre, un cambio sustancial en el paradigma del conocimiento”, aseguró.

    Sánchez indicó que es necesario “cambiar el enfoque” hacia una geología con más “información, con datos geofísicos duros” y “conocimiento científico a otra escala”, que “precisa el país”.

    “El cambio necesita apoyo”, destacó Latorres.

    Ancap.

    “No tenemos una sismicidad fuerte. Pero yo vi y sigo viendo en el campo fallas y fracturas que son de anteayer desde el punto de vista geológico, son fallas vivas. Hay fallas candidatas a poderse reactivar”, dijo de Santa Ana.

    La mayor sismicidad en Uruguay se genera en la plataforma continental, donde hay empresas que buscan petróleo. Es una zona de mucha sedimentación con áreas inestables y grandes desplazamientos. Para de Santa Ana el proyecto de sísmica “está atado a la exploración” en Uruguay porque esos derrumbes de “masas de tierra y barro” pueden afectar “mucho” las actividades de Ancap, que necesita una línea de base en “tierra y mar” para “ver dónde está la sismicidad y si puede afectar las instalaciones del subsuelo”.

    Un derrumbe en la zona de operación petrolera podría “generar grandes perjuicios”, como enterrar las bocas del pozo y los caños.

    “Queremos tener una red para poder calcular el lugar y tener una línea de base de microsismicidad y de sismicidad, poder medir todo el tiempo cuál es el fondo, cuáles son los epicentros y qué los causa”, destacó de Santa Ana. Ancap aportó U$S 5.000 para gastos de instalación y operación del sismómetro de Sarandí del Yí, el único que funciona en la actualidad. Ahora hay un proyecto a estudio que permitiría adquirir dos sismómetros más e intercambiar capacitación. Los científicos devolvieron en enero el sismómetro prestado por la Universidad de San Pablo que estaba ubicado en Aiguá y que operó durante dos años . Ese centro de estudios está ultimando un acuerdo con la Facultad de Ciencias para donar dos más que se instalarán en Uruguay y operarán aportándole datos a la red brasileña.

    Sánchez informó que “los datos estarán abiertos al mundo para el que los quiera procesar en tiempo real”, lo que en Uruguay es inviable por falta de personal y de recursos.