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    Como surfista en el agua

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2075 - Nº 2075 - 11 al 17 de Junio de 2020

    Más de una vez el presidente Luis Lacalle Pou se ha referido a su vínculo con el mar. Es un tema recurrente en entrevistas largas, de esas que tratan de incursionar en la persona más allá del discurso público. Ha dicho, por ejemplo, que le hubiera gustado ser oceanógrafo o que algunos de los momentos más felices de su vida fueron sobre una tabla de surf, esperando a unos metros de la costa las olas que pudiera ofrecer el océano.

    Siente una conexión especial con el agua salada, le gusta decir. Ha pasado horas o días enteros de su vida en distintos océanos y probablemente eso haya tenido mucho que ver con su forma de ser y de actuar. Desafiar al mar construye carácter, dicen los que saben al respecto. Los buenos surfistas adquieren mucha paciencia para esperar las mejores olas, pero también reflejos y capacidad de reacción para subirse rápidamente a ellas cuando llegan. Y exactamente eso es lo que ha hecho el presidente en sus primeros 100 días de gobierno.

    Cuando asumió, el 1º de marzo, el mar estaba clamo, con unas pequeñas ondulaciones que apenas balanceaban a los que ingresaban con sus tablas. Unos pocos días después llegó el coronavirus como una tormenta intensa y ventosa que generó un revuelo importante en las aguas cercanas a la costa. Las olas se hicieron continuas y desordenadas en un primer momento, pero luego se mantuvieron con una altura considerable y adquirieron cierta regularidad.

    Fue ahí que como presidente, Lacalle Pou recurrió a su experiencia surfista. La primera ola que surfeó con destreza fue la divulgación de los datos de la pandemia en Uruguay. Eligió conferencias de prensa en horario central, con toda la población expectante a los anuncios. Protagonizó varias de ellas buscando mostrarse en pie sobre su tabla y sumó algunos claros mensajes políticos en forma de vistosos rebotes. La corrida fue exitosa y luego se dispuso a esperar las siguientes olas.

    La que vio venir casi a continuación iba creciendo gracias al descontento con los políticos, cada vez más grande por la cantidad de personas de la actividad privada que se estaban quedando sin trabajo o iban al seguro de desempleo a causa de la pandemia. A esa también se subió rápido, anunciando un descuento generalizado para todos los funcionarios públicos que ganaran más de $ 80.000. Lo hizo en el momento indicado, como por un tubo, mientras la oposición lo miraba desconcertada desde la orilla. La mayoría no había entendido, y muchos siguen sin hacerlo, esta experiencia del surf aplicada a la política.

    A la ola de Antel estuvo un tiempo más largo esperándola. Cuando las aguas se cargaron con la contratación de cerca de 800 nuevos funcionarios y aumentaron su altura, el presidente direccionó su tabla rumbo a la arena y se dispuso a actuar. Ya había elegido surfear esa ola cuando llegara, porque no confiaba en el presidente de Antel, un funcionario de carrera, de origen colorado, cuyo principal problema estaba en su apego a la empresa y a todo lo que se hizo en el pasado. Hasta lo dejó de manifiesto en una entrevista con Búsqueda, llenando de halagos a la anterior administración. Desde ese día se pudo adivinar que duraría poco en el cargo. Con paciencia, Lacalle Pou esperó la ola posterior para hacer el cambio que entendía imprescindible y así poder designar a alguien de su estricta confianza en Antel.

    A la ola que provocó el expresidente Tabaré Vázquez seguramente la había imaginado durante mucho tiempo. Cinco años estuvo Lacalle Pou como principal referente de la oposición y marzo tras marzo elevaba propuestas al Poder Ejecutivo y le solicitaba reuniones al entonces mandatario. Vázquez nunca lo recibió.

    Ahora se invirtieron los papeles y Lacalle Pou aprovechó la oportunidad. Al sugerir por escrito al Poder Ejecutivo algunas medidas para combatir los efectos negativos del coronavirus, Vázquez alimentó otra ola. Lacalle Pou la vio venir y no la dejó pasar. Resolvió visitar personalmente a Vázquez a su casa y la salida del encuentro fue transmitida en vivo por todos los informativos de televisión.

    Otras olas surgieron luego en el horizonte y la mayoría de las importantes, las que generan un desafío para los que aguardan expectantes en sus tablas, tuvieron una vez más a Lacalle Pou como protagonista. Así fue como, ante la primera interpelación a cuatro de sus ministros por la instalación de UPM, visitó la Cámara de Diputados, y lo mismo hizo con la Cámara de Senadores cuando se inició la votación de la ley de urgente consideración.

    Tampoco dejó pasar la ola de descontento que estaba creciendo luego de que Búsqueda informara durante dos ediciones seguidas sobre el perfil del recién designado presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo y la contratación de su pareja como secretaria. Le pidió la renuncia, dejando en claro a todos los integrantes del gobierno que no está dispuesto a tolerar desvíos y, al mismo tiempo, que cuenta con una guillotina afilada.

    Por esas y otras olas más o menos peligrosas que supo abordar con éxito en el comienzo de su presidencia, es Lacalle Pou el gran protagonista de este gobierno de coalición. Está mostrando ser hábil en un mar al que tanto había deseado ingresar durante los últimos años y en el que finalmente pudo zambullirse el 1º de marzo.

    Marca el ritmo y la agenda, llena con astucia los espacios prime time en los informativos televisivos y en otros medios de comunicación. Aunque con una distancia considerable desde el punto de vista ideológico, recurre a una estrategia comunicacional que antes utilizaron los expresidentes Jorge Batlle y José Mujica, con distintos resultados al final de sus mandatos.

    Es cierto que acapara demasiada atención y ciertas veces se sobreexpone e intenta abarcar muchos temas. Quizá esa actitud le cause problemas y, de tantas olas corridas, alguna lo revuelque por la arena. Pero hoy los porcentajes de aprobación en la opinión pública muestran lo contrario. Parece haber encontrado su zona de confort, como surfista en el agua.