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    domingo 24 de mayo de 2026

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    Compras del Banco Central sostienen la cotización del dólar

    Luego de rozar los $ 32,80 el viernes 11, el dólar en la plaza uruguaya bajó y esta semana se estabilizó. Pero más que por las fuerzas naturales del mercado, fue el Banco Central (BCU) quien sostuvo su precio.

    Desde el lunes 21 la divisa se negoció entre instituciones financieras —el “mercado interbancario”— a valores muy cercanos a $ 32,6 en el promedio diario, informó el Banco Central (BCU). Pero dicha estabilidad se dio, a diferencia de otras veces, con operaciones por montos relativamente altos y en las que la autoridad monetaria fue un actor preponderante como comprador de dólares. El jueves 17 se dio el mayor volumen de transacciones en lo que va del 2019 (US$ 85 millones) y compras del BCU por US$ 49,2 millones. En los siguientes días los montos negociados fueron menores, pero nunca por debajo de los US$ 30 millones.

    Un operador del mercado consultado por Búsqueda aseguró que el BCU “no quiere el dólar por debajo de $ 32,58”, ya que cada vez que estuvo en ese nivel “salió a comprar”. Eso es $ 0,2 más que a fin de 2018.

    Sin esas intervenciones de la autoridad monetaria —y una flotación cambiaria “pura”—, el dólar bajaría de precio. La fuente explicó que hubo varios agentes “necesitados de moneda nacional” dispuestos a desprenderse de dólares o a tomar préstamos de pesos a muy corto plazo con otras instituciones financieras a tasas —call money— que el miércoles 23 fueron de 9,85%, en promedio.

    El dólar en la pizarra del Banco República —que muchas casas de cambio y otras instituciones financieras monitorean para establecer sus cotizaciones al público minorista— varió unos pocos centésimos cada día esta semana, en torno a $ 32,90 el valor de compra y $ 33,30 el de venta.

    Dinero

    Para el último trimestre del año, el BCU había previsto que la cantidad de medios de pago en circulación abarcados por el agregado M1’ aumentaran entre 7% y 9%. Esa “pauta indicativa” definida por su Comité de Política Monetaria (Copom) no se verificó en la realidad, ya que el crecimiento fue de 5,6% al comparar con octubre-diciembre de 2017.

    Según explicó en su Informe de Política Monetaria, difundido el jueves 17, ese desvío se debió a “una mayor preferencia por la moneda extranjera junto a un nivel de actividad levemente inferior a lo esperado”. En otras palabras, los agentes eligieron posicionarse en dólares, mientras que la economía creció menos de lo previsto.

    El M1’ abarca los billetes y monedas (emisión) fuera de los bancos más los depósitos a la vista en pesos y las cajas de ahorro, también en moneda nacional. Se trata de medios de pago fácilmente disponibles para el público. La política monetaria vigente tiene su eje en el control de la cantidad de M1’ combinando el propósito de bajar la inflación de precios, sin descuidar otras variables como el nivel de actividad económica y de empleo; las autoridades del BCU señalan que la misma tiene un “sesgo contractivo”, en el sentido de que los medios de pago vienen creciendo pero a un ritmo cada vez menor.

    Dicho sesgo fue, precisamente, el que se vio a lo largo del 2018, aunque resultó más profundo de lo que esperaba el Central. Los aumentos respecto a los mismos períodos de 2017 fueron de 12,3% en el primer trimestre, 11% en el segundo, 8,6% en el tercero y el ya señalado 5,6% en el último.

    En su informe el BCU describió un “escenario base” para la toma de decisiones en materia monetaria que “luce más desfavorable que el trimestre anterior, determinado por la profundización de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las menores perspectivas de crecimiento de algunas economías y las vulnerabilidades macroeconómicas de algunas economías emergentes de gran tamaño. A esto se suma un contexto regional incierto, pautado por una recuperación incipiente de la economía brasileña, una caída adicional del nivel de actividad en Argentina y un mayor riesgo político asociado a las elecciones de octubre” en ese país.

    En este marco, el Central prevé que la economía uruguaya continúe creciendo pero a tasas inferiores a su potencial. De hecho, en el último trimestre de 2018 constató “señales mixtas” en materia de actividad —con “cierta debilidad” en los indicadores relacionados al consumo y caídas en las importaciones de bienes intermedios, junto con un aumento en las exportaciones y una mejora en algunas ramas industriales”, con lo cual “no es de esperar cambios significativos” en la tendencia del Producto Bruto Interno de ese período. Según el análisis, los principales sectores que contribuirían al crecimiento serían el agropecuario —al revertirse el efecto negativo de la última sequía—, el transporte y comunicaciones, así como la construcción. Por el lado de la demanda, el “motor” seguiría siendo el consumo privado, a lo que se agregaría la inversión —impulsada por los proyectos público-privados— y, en menor medida, las exportaciones.