Marcelo Caffera, un doctor en Economía de los Recursos Naturales graduado en la Universidad de Massachusetts, sabía del interés de Azucena Arbeleche en los temas ambientales. Compañeros de facultad, ella a veces lo consultaba por cuestiones de su especialidad. A fines del año pasado la hoy ministra de Economía lo llamó para sumarlo como asesor. “Me sorprende” porque “está impulsando genuinamente” la incorporación de la temática ambiental a la gestión de la economía, señala Caffera. Y ve eso como parte de un “cambio drástico” en términos de políticas en Uruguay.
A tiempo parcial —ya que mantiene su responsabilidad académica en la Universidad de Montevideo— y con un contrato del Banco Interamericano de Desarrollo por seis meses, que seguramente se extenderá, su misión es bajar a tierra el artículo 533 de la Ley de Presupuesto vigente: el texto insta al Poder Ejecutivo a “generar las herramientas y adoptar los criterios necesarios para que la política de ingresos y gastos contemple los objetivos nacionales de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero y de adaptación al cambio climático”.
De su tarea en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y algunas cuestiones del debate público y político actual —como el proyecto de los cabildantes para limitar la forestación o el “reboleo” de ponchos surgido en respuesta a planteos del empresario estadounidense Bill Gates a propósito del símil carne de laboratorio (ver recuadros)— conversó con Búsqueda en una entrevista que se resume a continuación.
—¿Cuál es su rol como asesor?
—Mi tarea tiene dos puntos. A la interna del MEF, incorporar aspectos ambientales en el diseño de la política económica. Ahí estoy trabajando con la Asesoría Tributaria, la Macro y la Unidad de Deuda, y obviamente con la ministra y la directora de Política Económica.
Un segundo punto es trabajar más coordinadamente entre el MEF y el Ministerio de Ambiente para incorporar la dimensión económica en el diseño, implementación, evaluación y financiamiento de la política ambiental. Me reúno con el ministro Peña con frecuencia semanal o regularmente y trabajo con la Dirección de Cambio Climático y la Dirección de Biodiversidad, entre otras áreas. Esto también está derivando en otros contactos incipientes con ministerios, como Ganadería e Industria.
Los técnicos de otros ministerios aún se sorprenden y manifiestan textualmente que no están acostumbrados a que el MEF le dé tanta importancia al ambiente.
—¿Cuál es el punto de partida de la cuestión ambiental de Uruguay?
—Empiezo a trabajar sobre una base que es un diagnóstico al que están relacionados dos objetivos: resumidamente, diría que se trata de ponerle más ambiente a la política económica y más economía a la política ambiental.
En el corto y mediano plazo, eso quiere decir adoptar herramientas para el análisis que sea necesario para la planificación de la política macro y fiscal que contemple tanto los impactos negativos que la actividad económica genera en el ambiente para internalizarlos como los objetivos en la política ambiental y sus impactos en las variables económicas. Estoy hablando de los compromisos climáticos para la reducción de emisiones contaminantes, la adaptación al cambio climático, la biodiversidad o la conservación de áreas protegidas.
De corto plazo es también pensar en la recuperación económica verde o green recovery pos-Covid: dentro de las medidas para incentivar la actividad y el empleo, se trata de ponderar aquellas que tengan un impacto positivo para el medioambiente. Es un tema grande a escala internacional para aprovechar la oportunidad de la crisis y redireccionar el sendero de la economía hacia algo más sustentable.
En términos concretos, por ejemplo, estamos por empezar a trabajar en la promoción de la actividad y el reciclaje de residuos, relacionado con la reglamentación de la ley general de residuos aprobada el año pasado. Y vinculado con dos artículos de la Ley de Urgente Consideración relacionados con las áreas protegidas, mi interés es fomentar la aplicación de pagos para conservar la biodiversidad. Otros casos concretos son la propuesta de un Imesi para las emisiones de CO2; un proyecto de decreto que iguala el tratamiento impositivo a los vehículos eléctricos al de los híbridos; y se está trabajando en medidas adicionales de mitigación del efecto invernadero con Industria y Ambiente en el marco de la reforma de los combustibles. También una propuesta tributaria para la conservación del bosque nativo y en el diseño de un instrumento de deuda verde que la Unidad de Deuda está empezando a trabajar.
—Los economistas ambientales sostienen que hay contaminación porque es más barato contaminar que no hacerlo, por lo que se precisan incentivos que modifiquen actitudes, por ejemplo, a través de impuestos. ¿Está previsto aplicar esta lógica?
—Sí, completamente. Pero estamos atrasados en ese aspecto; es un problema de incentivos y de la valoración económica de recursos naturales a los que el mercado no les asigna precio.
Una cuestión estructural de Uruguay es que no tenemos mucha capacidad en economía ambiental. En el Ministerio de Ambiente trabajan economistas que están comprometidos, pero son pocos y no tienen el peso institucional de los profesionales de otras áreas, como el derecho o la ingeniería. Un producto natural de este nuevo vínculo entre el MEF y Ambiente es la jerarquización del análisis económico en las cuestiones ambientales.
—En una entrevista con Búsqueda publicada en febrero Arbeleche opinó que en el pasado no se abordó el tema ambiental desde el MEF con la “seriedad que implica”, y que con el empuje que se le dará ahora se estará “marcando un antes y un después”. ¿Comparte ese análisis?
—Responder implica un poco hablar de mí y me resulta incómodo: que se haya contratado a un asesor en economía ambiental habla por sí mismo.
Veo tanto en el presidente como en la ministra un compromiso como no veía antes, más allá de las declaraciones y el papel. Para el que no quiera creerlo, podría interpretarse que es una preocupación de tipo generacional. Pero existe. Tengo por lo menos 20 años para atrás de ser testigo de una evolución y de un cambio drástico con este gobierno. Veo más voluntad política de meterle con fuerza al tema ambiental que en los anteriores.
—Poner impuestos con fines ambientales puede ser políticamente antipático. ¿Ve a este gobierno dispuesto a asumir esos costos?
—Sin dudas, la voluntad política es fundamental. A escala mundial, no solo en Uruguay.
Los incentivos económicos han hecho un largo camino entre no gustar y ser aceptados por los no economistas. Pero la razón por la cual básicamente enfrentan esta dificultad de ser implementados o poca voluntad política es porque funcionan; que vayan al corazón del asunto es lo que los hace políticamente menos viables.
Entonces, es un tema de capacidad y jerarquización de la economía ambiental en el diseño de la política para que aparezca la propuesta de estos instrumentos, y después es un hecho que se necesita la voluntad política. La capacidad en economía ambiental tiene que estar en el Ejecutivo y en el Legislativo; la discusión de la Tasa de Saneamiento en los noventa —una época en la que, es cierto, la disciplina ambiental era casi nula— fue pobre. Hoy hay otra sensibilidad por los temas ambientales y otra aceptación de los incentivos económicos como herramienta de la política.
—¿El impuesto a las bolsas de nylon es un buen ejemplo de cómo actuar?
—Es un ejemplo excelente. Estuvo bien diseñado y fue muy efectivo; es algo de lo que puedo hablar porque tengo una investigación al respecto.
—¿Qué opina sobre los cambios que tuvo la matriz energética de Uruguay en los años recientes? ¿Hay cosas por hacer allí?
—Es un tema que está más en Industria. Pero porque tarde o temprano mucho o todo pasa por el MEF vía crédito fiscal o exoneración, etcétera, quizás termine trabajando en esto, pero no por el momento.
Uruguay está bien parado en cuanto al color verde de la matriz por lo hecho antes; será discutible cuánto nos costó, pero lo tenemos y otros países nos envidian.
Si se repasa el reciente documento sobre la recuperación verde que escribió Nicholas Anich junto a otros, las inversiones en matriz energética verde son una alternativa para la recuperación económica pos-Covid. A mi juicio, para Uruguay esta no parece ser una de las cuestiones más obvias en las que trabajar porque ya se hizo mucho, más allá de que considero que explorar el hidrógeno verde es una buena idea. Sí hay mucho para hacer en movilidad eléctrica.
- Recuadros de la entrevista
Una “estrategia de defensa” de la carne uruguaya, en lugar de “salir a revolear el poncho”
“La pregunta del millón”