En un gobierno con impronta del Partido Nacional, Adrián Peña, el ministro de Ambiente, quiere dejar claro que proviene del Partido Colorado. Por eso, una litografía titulada “Mi general, un mate”, del fundador del partido y expresidente Fructuoso Rivera, y un cuadro del también expresidente Tomás Berreta acompañan la figura central de José Artigas ubicada en su despacho. En un extremo está la clásica foto del presidente Luis Lacalle Pou, y en el otro, una pintura pequeña de la antigua planta potabilizadora de Aguas Corrientes que, al principio, no llama la atención. Pero si se mira con más detenimiento aparecen las iniciales JMS, del expresidente Julio María Sanguinetti, quien escribió una dedicatoria en la que saluda que Peña sea el primer ministro de Ambiente del país.
—¿El presupuesto anual de $ 760 millones que se asignó a su ministerio es suficiente para llevar adelante todos los proyectos que se ha propuesto?
—Aspiramos a tener un presupuesto en torno a los $ 900 millones, así que tampoco era una locura. Esto alcanza para el funcionamiento, para cumplir con las funciones que el ministerio tiene en las distintas direcciones. Es una mejora presupuestal, ya que si uno suma el presupuesto de las tres direcciones (de Aguas, Medio Ambiente y Cambio Climático) son $ 600 millones. Es un aumento de $ 160 millones en el año. Eso va destinado por ejemplo a áreas que necesitan fortalecimiento por el desarrollo del proyecto de UPM y la mejora de los controles. Todo lo que sea área de evaluación, de impacto y de control se va a reforzar con personal. El ministerio es más de planificación, de diseñar la estrategia, no tanto de la ejecución. La ejecución la hacen otros: las intendencias, otros ministerios, las empresas privadas y las públicas fundamentalmente. Uno no va a financiar un sitio de disposición final de residuos o la solución de agua potable, sino que la va a diseñar, controlar y evaluar. Para eso tiene que dar; pero sí se necesitan más recursos. La idea es ser bastante más creativos, apoyarnos en otras instituciones con las que tenemos alianzas o temas en común. Nos vamos a apoyar en las estructuras y en los fondos de otros para llevar adelante determinadas políticas.
—¿Cuáles por ejemplo?
—Por ejemplo, una política de transformación de los modelos productivos, que tiene que ser con instrumentos económicos en acuerdo con el Ministerio de Economía, tiene que ser con políticas bajadas a tierra a través del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP), pero diseñadas por nosotros en el tema ambiental. Estamos pensando en un plan más ambicioso de recuperación de la cuenca del Santa Lucía desde el punto de vista productivo, aspiramos a presentar en un par de meses un plan que incluya toda la cuenca, que va más allá de lo que ya se ha hecho en materia productiva e incluye a Ambiente, Ganadería, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, las intendencias y los municipios.
También vamos a apuntar a la descentralización, queremos estar en el territorio a través de regionales. Necesitamos ingenieros hidráulicos para manejar la regulación en Rocha, gente que conozca costas por los líos de Aguas Dulces y La Paloma, la recuperación de dunas en Punta del Diablo. Tenemos que tener gente cerca de los problemas en el territorio. También pensamos en oficinas administrativas en los departamentos en acuerdo con la intendencia, que nos presten un pedacito del edificio comunal, un escritorio, una computadora y un par de funcionarios y nosotros los capacitamos. Eso no supone costos para nosotros, supone aprovechar la infraestructura que otro tiene en beneficio del misterio. Nos hemos tenido que dar maña.
—¿Cuál será la bandera ambiental de este gobierno y cuál piensa que es el desafío más urgente?
—El agua potable es uno de ellos. El agua tiene dos dimensiones: calidad y cantidad. Tiene que haber alguna decisión en el período en este sentido. Por ejemplo, gracias a las últimas lluvias ganamos 15 o 20 días, hay agua para 90 días más. Nunca ha faltado, pero no podemos vivir con esa tensión constante. Debemos tener la certeza de que la demanda de agua potable para Montevideo y el área metropolitana, así como para el resto del país, va a estar satisfecha. La fuente existe y esa respuesta hay que darla. Es una decisión política importante porque el Uruguay no va a tener más ingresos si asegura otra fuente de agua potable. Los consumidores son los mismos.
Luego hay que dar una señal muy clara en la gestión de residuos, donde venimos muy mal. Estos años van a ser claves. Además, mi aspiración es ponerle rumbo a una meta de Uruguay en cuanto al desarrollo sostenible. Marcar objetivos claros y alinear la política económica con la política ambiental y que el país comience a caminar en el objetivo de Uruguay como país natural, productor natural de alimentos, pudiéndolo certificar.
—¿Qué opina de la recolección de residuos en Montevideo?
—Montevideo tiene algunos temas de gestión que me trascienden, porque son de la intendencia, lo que se evidencia cada final de año. Estamos trabajando muy cerca del equipo departamental, vamos a hacer juntos algunas campañas como para comenzar a clasificar en origen. Va a comenzar fundamentalmente en edificios. La Intendencia de Montevideo quiere ir incorporando la cultura de la clasificación.
—Hasta ahora las campañas no han tenido éxito. El reciclaje siempre ha sido un debe en el país.
—Sí, ha fallado. Hoy hay un elemento cultural que ayuda, que es superior al de hace décadas. Hay una predisposición de las personas en términos generales a clasificar, incluso una demanda que no existía antes. Eso cambia mucho cualquier política, pero hay que gestionarla para que sea exitosa. En general las prácticas han fracasado porque no hemos sabido articular, es decir, necesitás separar, pero luego recolectar separado y disponer separado, si no, no tiene sentido. Esas son las estrategias en las cuales el ministerio va a ayudar a las intendencias, también a la de Montevideo. Además vamos a establecer la necesidad de aumentar los niveles de recuperación, porque Uruguay tiene niveles muy bajos. Se recupera solo un 10%. Hay que centrarse en las tres R. Reducir, que tiene que ver con comprar y consumir pensando en no generar residuos, pero también con la industria y con cómo fomentamos que esta vaya a más. Estamos por sacar un decreto sobre plástico de un solo uso. La recuperación y el reciclaje. Tenemos empresas que reciclan y no tienen materia prima suficiente. El tema es recuperar más, para reciclar más y hacer el proceso más rentable. Todo esto hay que ayudarlo con decisiones económicas e instrumentos que estamos trabajando con Economía. Vamos a pedir a las empresas que recuperen más, exigir a empresas de refrescos por ejemplo una tasa de recuperación “x” al 2023 y otra al 2025. Para eso se van a tener que generar incentivos. Tengo decisiones para tomar desde el gobierno que ayuden a que lo que separe Carolina Cosse termine acá.
—Nadie quiere tener la basura en su departamento
—En Canelones y Montevideo tengo alguna dificultad, porque Carolina no quiere que venga basura de Canelones a Montevideo. Nadie quiere llevar basura de un departamento al otro, entonces hay que buscar saliendo del área metropolitana, que es lo más complejo, en otros departamentos sitios equidistantes. No hay que tener 20 sitios de disposición final, sino tratar de tener ocho o 10 en todo el país. Hay que verlo, porque puede ser una solución. Hoy los departamentos están necesitando soluciones y esto puede ser incluso una oportunidad laboral. Hay una buena disposición, además la ley obliga a que en tres años tienen que estar cerrados los basureros a cielo abierto, o sea que vamos contrarreloj.
—Mencionó que la cantidad y calidad del agua es un asunto crítico. ¿Esperan que UPM tenga alguna afectación sobre el río Negro?
—El proyecto de UPM es muy complejo, y tiene en sí cuatro proyectos de alta complejidad: el ferrocarril central, la terminal, la ampliación de la planta de químicos en Fray Bentos y la planta de Paso de los Toros. No es lo mismo a lo que hemos visto, porque en lugar de instalarse contra el río Uruguay se van a instalar en el medio del país, con todo lo que eso conlleva y en un curso con un caudal muy inferior. Ahí el corazón desde el punto de vista ambiental del proyecto de UPM Paso de los Toros es la planta de tratamientos y la estructura de descarga, el colector y la pluma que descarga los efluentes en el río Negro. La planta de efluentes superó la consideraciones técnicas y ya podría estar por empezar a construir UPM, pero todavía no tenemos la definición técnica exacta del resto de la obra, que es el colector y la pluma. Eso es clave desde el punto de vista ambiental y nuestros ingenieros van a establecer las condiciones para que lo que se descargue allí esté por debajo del valor admitido.
—¿UPM tiene todos los permisos suficientes para operar?
—Todavía no, se van autorizando por etapas. El proyecto en sí de descarga específico todavía no está y tendrá que ser aprobado por Ambiente, que va a exigir que la descarga y la tecnología aplicada sea la necesaria para que la descarga esté por debajo de lo permitido. No puede haber errores, porque no hay colchón para un error como en el río Uruguay, donde el caudal es infinitamente más grande. El río puede tener hasta una mejora ambiental, porque esto trae un cambio importante y es que el río está administrado por represas que no son lo mejor desde el punto de vista ambiental. Hoy a raíz de la instalación de UPM se debe asegurar que el río Negro tenga como mínimo 80 metros cúbicos por segundo como caudal. Hasta ahora quienes manejaban las represas solo tenían una variable en contra: la demanda de energía. Pero ahora tienen otro factor a tener en cuenta. Es un punto crítico en el que estamos muy atentos. Lo que presente UPM tiene que dar las garantías de que la descarga está por debajo de lo establecido. La proyección de la empresa es comenzar a operar en noviembre de 2022. Viene con retraso, pero esperan recuperar tiempos.
—¿Cómo se parará el ministerio ante al proyecto que fue sancionado en Diputados y que limita la forestación?
—Ellos (por Cabildo Abierto) presentaron un primer proyecto y ahí fue Ganadería, pero el proyecto que se terminó votando se presentó una semana, se votó a la siguiente en comisión y a la siguiente en la cámara. Sobre ese proyecto nunca fuimos consultados. A mí me llegó informalmente a través del diputado (del Frente Amplio Alfredo) Fratti. Veremos cuando nos convoquen y daremos nuestra posición sobre el proyecto. Pero en términos generales entiendo algunas de las motivaciones e inquietudes del proyecto: hay una preocupación legítima por un crecimiento indiscriminado de la forestación. Apenas asumimos nos pusimos a trabajar en un proyecto de ajuste de los criterios de clasificación de los proyectos forestales. Analizamos los temas, armamos una propuesta, el ministerio tiene competencia para resolver sobre el punto sin consultar a nadie, pero decidimos consultar a la Dirección de Forestación. Hay ajustes, por ejemplo, que los proyectos de menos de 100 hectáreas también pasen por Ambiente. Hay cambios en términos generales de los criterios que lo clasifican bajo el concepto de que la forestación puede crecer pero no en cualquier lado y que tenga en cuenta tres variables: biodiversidad, agua y suelo. La ley solo tiene en cuenta el suelo, pero debemos tener en cuenta el agua y la biodiversidad.
—¿Esta votación afectó el funcionamiento de la coalición?
—No se dio de la mejor manera, pero creo que hubiese sido bueno haberlo conversado. El director de Ambiente es de Cabildo y él me ha representado en las conversaciones con Forestación. No afecta a la coalición en sí porque esto no está dentro del acuerdo por el país que se acordó.
- Recuadro de la entrevista
Las empresas públicas deben ser un “ejemplo en materia ambiental”