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    Consejero de la Utec desde 2012 ve “bien rumbeados” los cambios propuestos por el gobierno y dice que no hay un “modelo ideal”

    La Universidad Tecnológica (Utec) funcionó durante 10 años con un gobierno regido por un Consejo Directivo Central (CDC) provisorio integrado por tres miembros designados por el Poder Ejecutivo y con venia del Senado. Rodolfo Silveira es el único consejero que permaneció desde la creación de esa casa de estudios en 2012, durante el gobierno de José Mujica.

    La Utec, segunda institución de educación terciaria del país, hoy cuenta con 4.250 estudiantes y decenas de ofertas educativas enfocadas en perfiles tecnológicos y carreras ingenieriles volcadas a la formación profesional para el mundo del trabajo. “Hoy la Utec es mucho más que una institución educativa, es un agente de desarrollo social, radicado en el interior del país y apoyado en las tecnologías”, dice Silveira, gestor académico y frenteamplista independiente.

    El actual CDC —que integran, además de Silveira, Graciela do Mato y Andrés Gil— mantuvo varias reuniones con el presidente Luis Lacalle Pou y el ministro de Educación, Pablo da Silveira, que recibieron sus opiniones sobre los cambios proyectados para definir el nuevo esquema de gobernanza de la institución universitaria. Y también les ofrecieron seguir en sus cargos.

    Para Silveira, el proyecto de ley diseñado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) respeta la autonomía universitaria y acompasa las tendencias mundiales en cuanto a la forma de gobernar la educación superior. Si bien opinó que la propuesta del MEC está “bien rumbeada”, sostuvo que el modelo planteado “no necesariamente es fácil de deglutir para la cultura uruguaya”.

    En cualquier caso, el consejero de la Utec aseguró que “la autonomía institucional absoluta, en el fondo, no es realista”.

    Lo que sigue es el resumen de una entrevista de Silveira con Búsqueda.

    —Lacalle Pou y Da Silveira pretenden aprobar este mes un proyecto de ley que establece un esquema de gobernanza definitivo para la Utec que contrasta con la idea de cogobierno promovida por la oposición. ¿Qué opina?

    —Hace ya bastante tiempo que planteamos que era necesario llegar a un gobierno definitivo en la Utec. Si el proyecto de ley que hoy se está discutiendo es el ideal, no lo sé. Se trata de discutir la gobernanza, no el cogobierno. Y no hay un sistema de gobernanza ideal. No creo que este proyecto que se está discutiendo sea el ideal. Probablemente no haya una ley ideal. El modelo de gobernanza que se propone no necesariamente es fácil de deglutir para la cultura uruguaya.

    —El Poder Ejecutivo decidió “no romper” lo que se cree que “funciona bien” y da “buenos resultados”, en palabras del ministro Da Silveira. ¿Eso también supone mantener a los tres consejeros de la Utec, cuyos cargos cesan el 1º de diciembre?

    —Que sepamos no hay nombres arriba de la mesa. Pero algo tiene que haber en este período interregno hasta que se designen los nuevos nombres. Supongo que el día que voten la ley dirán: “Tenemos los nuevos nombres, son estos”. Hoy nadie del consejo sabe eso.

    —¿El presidente les planteó seguir?

    —Sí, el presidente y el ministro nos plantearon seguir. Eso sucedió en los últimos días, ¿ta? A ver, nos plantearon seguir de manera informal. “¿Ustedes estarían dispuestos a seguir?”, esa fue la pregunta.

    —¿Y cuál fue la respuesta?

    —Y la respuesta nuestra fue: “Bueno, depende, si hay apoyo de todos los partidos”. Porque acá hay una cosa que es fundamental, que es la legitimidad de la gobernanza. Las universidades se legitiman si la gente cree en vos, que seas más o menos capaz de hacer lo que te mandaron hacer, si sos un tipo creíble.

    —Bueno, si el gobierno les da la confianza para seguir…

    —Sí, pero también te la tiene que dar la oposición. Te lo tienen que dar todos, porque en un modelo en donde el Poder Ejecutivo tiene tal poder de decisión para designar a las autoridades universitarias estas deben estar legitimadas realmente por todos. Tiene que haber un respaldo de todo el poder constituido.

    —¿Y el Frente Amplio los respalda?

    —No lo sabemos. No hemos tenido una charla directa sobre este tema.

    —¿No hablaron con el Frente?

    —Sí, pero no discutimos esto. Discutimos el porqué de la gobernanza definitiva, sobre los aspectos de gobernanza universitaria. Básicamente, el tema se centró siempre en el cogobierno. El tema era si cogobierno sí o cogobierno no.

    —¿Y cuál es su posición?

    —Que acá es un problema discutir la gobernanza y no el cogobierno. Este tema está en la tapa del libro de todas las universidades del mundo. ¿Qué es una buena gobernanza a nivel de la educación superior? Es la posibilidad de tomar decisiones de calidad que tengan que ver con la supervisión de las relaciones internas de la universidad y de los actores externos, por aquello de que es un bien público. Y más en una universidad como la nuestra, que está desconcentrada absolutamente en su gestión. Pero no hay un modelo de gobernanza perfecto. Las universidades autorreguladas o de gobiernos internos —que tienen lo que acá conocemos como cogobierno pero que es mucho más que eso— están revisando de alguna manera su forma de gobernanza porque la autonomía institucional absoluta, en el fondo, no es realista.

    —¿Por qué?

    —Porque hay un factor muy importante, y es que las universidades públicas dependen de dineros públicos, presupuestales. Entonces tu autonomía termina en el momento en que empiezan los problemas presupuestales. Hay un aspecto que vos no controlás. Si yo genero mis propios ingresos, ahí puedo decir: “Sí, yo soy autónomo 100%”. Pero justamente nuestra tarea es no generar nuestros propios ingresos. Es el Estado quien debe sostener a la universidad. Entonces yo tengo que tener con el Estado una relación en la cual la confianza sea mutua y contar con la legitimidad de la universidad en su conjunto. Y ahí tengo que vincularme con los actores internos: estudiantes, docentes, funcionarios o personal técnico y de apoyo; y con todos los actores externos, nacionales e internacionales. Por eso yo creo que no hay un sistema de gobernanza ideal y que debemos darnos la posibilidad de probar este modelo. Primero, poner un gobierno definitivo. Segundo, saber que ese modelo de gobernanza propuesto quizás no sea el mejor de todos.

    —¿Y entonces? ¿La propuesta oficial está bien rumbeada?

    —Sí, yo creo que la propuesta está bien rumbeada. Establece algunas cosas necesarias, formaliza actores que no estaban, como el Consejo Académico Consultivo, donde están representantes de diversos actores clave universitarios y de la sociedad.

    —La oposición cuestiona que quienes deciden en definitiva son los cuatro integrantes del CDC, que priorizarán las políticas del gobierno de turno, por lo que “partidizarán” a la institución, en palabras del senador Sebastián Sabini.

    —Ehhh. Si fuera así, sería muy malo. Si el que corta el bacalao cree que es el dueño del bacalao y que lo puede cortar como quiere, está frito. Eso le haría un enorme daño a la universidad y rápidamente dejaría de ser esta institución de la que estamos hablando. Vos no podés gobernar de espaldas a un consejo consultivo integrado por actores sociales claves para el funcionamiento.

    —Pero ese consejo no es vinculante.

    —Es cierto. Ahora, ¿podés gobernar de espaldas a toda esa gente? ¿Podés ignorar a los consejos consultivos regionales? Yo creo que no. Sería el suicido de la universidad. Es como ahora, ¿vos creés que el bacalao alguna vez lo cortó el consejo? Nunca.

    —La ley original de la Utec contemplaba la representación de los trabajadores y los empresarios en el Consejo.

    —Esa es una cosa que se podría rever algún día.

    —¿Y está bien quitarlos?

    —No sé si está bien. Pero me parece que por lo menos se hizo un esfuerzo por tratar de pensar un gobierno definitivo. Soy un firme defensor de la democracia, ahora, ¿a mí me garantiza que el mejor rector es el más votado o el que está más capacitado para gobernar una universidad? El secreto es elegir al mejor rector. De repente coincide en que es el más votado, pero el voto no me garantiza la calidad académica de un rector ni su capacidad de gestión. Los gobiernos universitarios tradicionales siempre tendieron a autorregularse, pero insisto: en el mundo eso viene cambiando desde los años 70 y 80, y en Latinoamérica, desde el 2000. Y no lo digo yo, porque sería un atrevido, lo dice la literatura internacional.

    —¿En qué medida cambió la relación de la Universidad Tecnológica con los gobiernos de distinto signo?

    —Nunca ningún gobierno, de los tres que llevamos desde que yo estoy en la Utec, interfirió para nada en la autonomía de la universidad. Eso me parece que es un factor a destacar; ningún gobierno nos dijo: “Hagan tal o cual cosa”. ¡Nunca! Nunca nadie intervino en las ordenanzas internas ni en la forma organizacional. Nunca nadie nos dijo nada, nada, nada. Al contrario, nosotros salimos a tratar de ver dónde podíamos colaborar en que hubiera ofertas educativas alineadas con políticas de Estado de largo plazo. Fue un poco lo que pasó con Ceibal y la ANII, donde podrían haber intervenido mucho más y, sin embargo, ningún gobierno toqueteó estos organismos en su diseño básico, más allá de cambiar instrumentos y enfoques. En esas cosas el Uruguay se da todavía ese lujito de que en los lugares donde no hay grandes líos las políticas de Estado se mantienen.

    —Siendo una universidad pensada para desarrollarse en el interior del país, ¿por qué la sede de la Utec sigue ubicada en el Latu de Montevideo, que representa el 1% de la universidad?

    —Por una razón absolutamente pragmática y logística. Porque la mayoría de nuestras reuniones como consejo y de las que se realizan en la alta dirección de la parte de gestión se dan en el Centro de Montevideo, de Ejido hacia Ciudad Vieja. Nuestras relaciones con los organismos nacionales e internacionales se dan acá, porque el gobierno, el Parlamento y todos los ministerios están en Montevideo. Acá se realiza el 99% de las reuniones. Otro problema que no es menor es dónde ponés al rectorado. Vos decís de poner el consejo en el interior. Muy bien. ¿Dónde? ¿En un Instituto Tecnológico Regional? Ahí hay un problema de balance si posicionás un territorio por encima de otros, y se puede crear un desequilibrio sin quererlo. Y un problema adicional es conseguir recursos humanos de alta gerencia, que puedan y quieran instalarse en el interior del país. Esta idea la consideramos múltiples veces en estos años. Hay que pensarlo de manera cuidadosa. Aun así, creo que deberíamos irnos al interior. Un objetivo es tener una buena parte del aparato de gobernanza, no solo la gobernanza política institucional, sino también de gestión instalada en el interior. Ese es un objetivo 2025-2030 clarísimo. ¿Cómo se podrá hacer? Cuando nombren a un gobierno definitivo que sepa que tiene cinco años por delante y unas reglas de juego estables y claras.