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En mayo de 2016, la confitería Cantegrill cerró sus puertas en la esquina de 21 de Setiembre y Williman, después de casi 70 años en ese lugar. El local funcionaba en la planta baja de una casa de tres pisos con una torre a modo de castillo: el sello inconfundible del arquitecto Humberto Pittamiglio. Con un importante deterioro edilicio, los dueños de la confitería decidieron vender la casa a un grupo inversor que iba a demolerla para construir en esa esquina un edificio de varios pisos de altura.
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La casa no tenía ninguna de las protecciones legales que amparan a los edificios: ni la declaración de Monumento Histórico Nacional, que otorga el Ministerio de Educación y Cultura a través de la Comisión de Patrimonio, ni la declaración de Bien de Interés Departamental a través de la Intendencia de Montevideo (IM). Entonces, nada impedía que el grupo inversor la demoliera.
De todas formas, la desaparición de esa peculiar casa despertó inquietud en los vecinos, en las autoridades departamentales y en los investigadores de la Facultad de Arquitectura. Por lo tanto, la IM aplicó durante seis meses una medida cautelar sobre el edificio y convocó a todos los implicados para integrar una comisión y discutir una solución.
El resultado fue una mixtura: se decidió conservar el bien, pero a la vez se permitió construir un edificio de 14 pisos detrás y encima de la casa, y con más altura de la habitual en la zona porque la empresa conserva la obra de Pittamiglio. Una inmobiliaria difundió el dibujo de lo que sería el edificio, que se llamará Alquimia. Entonces empezaron a sonar otras voces de alarma.
La arquitecta Laura Alemán integra el Instituto de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y fue una de las primeras personas en pronunciarse a título personal sobre este proyecto, que considera “traumático”. “La imagen me alteró. Hay acuerdo en que la Facultad se pronuncie públicamente sobre estas situaciones, pero como lleva un trámite y demora se me ocurrió escribir algo apenas vi la imagen y enviarle el texto a La Diaria. Todo lo que allí digo, como lo que digo aquí, es estrictamente personal”, explicó a Búsqueda.
Para la arquitecta, la solución a la que se llegó es una forma de complacer tanto al inversor como a las personas que quieren conservar el edificio. “Hay que mantener una decisión firme y clara: o demolemos o mantenemos, pero este Frankenstein no es un buen resultado para la ciudad. Hay que evaluar los edificios en otros términos, que son más de ética que de estética. La IM debe velar por el espacio público y permitir estos proyectos cuando hacen un aporte notorio que mejora la situación urbana. Este claramente no es el caso”.
Delegados del Instituto de Historia de la Arquitectura habían participado en la comisión convocada por la IM, pero con posiciones divergentes porque había profesionales que no estaban de acuerdo con conservar el edificio. Alemán defendía la otra postura: “Hay que tener en cuenta el arraigo en la zona y su articulación con el barrio. El edificio preserva una escala humana que Montevideo tiene y no debe perder. Y hay que considerar la autoría. Pittamiglio era un raro: además de arquitecto era alquimista, un personaje absolutamente excéntrico. Su arquitectura es muy extraña y se aleja de los criterios habituales, y eso también es un elemento a tener en cuenta. Cuando se tienen tres o cuatro obras de un autor y se demuele una, se está demoliendo un porcentaje altísimo”.
Tal vez la obra más emblemática de Pittamiglio es el castillo que lleva su nombre en la Rambla y que tiene en su fachada la proa de un barco con la Victoria de Samotracia. Otros de sus edificios son el San Felipe y Santiago, detrás de la Universidad de la República, y un castillo en Las Flores, en el departamento de Maldonado.
El Instituto de Historia de la Arquitectura tiene un área de trabajo vinculada a los temas patrimoniales. “Valorar qué es patrimonio no es una ciencia exacta. En general, surge de un acuerdo social: este bien me pertenece porque es parte de mi identidad y tiene valor porque así lo reconozco. Es algo difuso y subjetivo, pero también hay criterios internacionales que establecen pautas de cómo valorar el patrimonio. De todas formas, siempre hay una valoración histórica y estética”, explica Alemán, para quien la Facultad de Arquitectura tiene no solo el derecho sino la obligación de pronunciarse sobre estos temas.
“Ahora, cualquier edificio que no tiene protección legal está sujeto a demolición por un trámite meramente burocrático. No podemos proteger todo Montevideo o congelar toda la ciudad, pero hay que usar criterios diferentes a los actuales”. El MEC le pidió al Instituto de Historia un listado de las 100 obras modernas que necesitan protección. El Instituto envió una lista de 500. Las prioritarias son las casas unifamiliares, como las casonas del Prado, de Pocitos o de la Ciudad Vieja, que corren mayor riesgo de demolición porque las familias no pueden mantenerlas y tienen una gran presión inmobiliaria.
En los últimos años, en Montevideo hubo otros edificios que provocaron controversia. Uno de ellos fue la Casa Crespi. Construida por el arquitecto Luis Crespi en 1938, la casa estaba protegida como bien departamental; sin embargo, se aprobó la construcción, que comenzó en 2011, de un edificio en parte de su jardín que modifica la edificación.
También polémica fue la destrucción del edificio de la fábrica de alfombras Assimakos en 2014, que no tenía protección legal, y era una obra de Jorge Caprario. Alemán recuerda además lo sucedido con Solana del Mar, en Portezuelo, una hostería realizada por el arquitecto catalán Antonio Bonet. “Es una obra reconocida mundialmente, que figura en libros extranjeros. La compró un privado y con el aval de la Intendencia de Maldonado y con la firma de algún técnico habilitante fue absolutamente deformada. La alteración que le hicieron fue de tal gravedad, que lo que ves hoy allí no tiene que ver con lo que era. No se puede aprobar una reforma de Solana del Mar como si fuera el baño de una casa”.
En estos días, una de las inmobiliarias que promovían el proyecto Alquimia sacó de su página web la imagen que causó tanta polémica. Búsqueda intentó comunicarse con Planificación de la IM para saber en qué proceso están los permisos para la construcción, pero Ramón Méndez, su director, no quiso hacer declaraciones por estar hace poco tiempo en ese cargo. Tampoco fue posible lograr información de otras áreas vinculadas al acondicionamiento urbano.
Para Alemán, hay situaciones en Montevideo que han mejorado y se han protegido muchos edificios en 18 de Julio. De todas formas, aclara: “Me inquieta que el tema patrimonio se transforme en una palabra hueca, en un discurso políticamente correcto. Nos tiene que correr la sangre por las venas, tiene que ser algo que nos dé pena, emoción, que nos angustie. Por la vía meramente burocrática no funciona. Hay que amar la arquitectura para defenderla”.