—¿Qué posibilidades de avance en la educación ve para el próximo gobierno?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Hay un contexto positivo que tiene que ver con el conocimiento explicito por parte de todos los sectores políticos de que se requieren cambios importantes en educación y que esos cambios requieren recursos; hay cierto consenso general.
El tema es cómo se construyen expectativas. De alguna manera lograr concatenar cuáles son los resultados que se quieren encontrar en el corto, en el mediano y en el largo plazo. Hay que saber a quién evaluar, cómo evaluar y qué buscar. Si vamos a pensar que porque aumentemos el gasto educativo y cambiemos un plan de estudio vamos a tener mejores tasas de egreso en educación terciaria y secundaria a los dos años, estamos equivocados.
Todo eso se construye en la base del consenso previo con aquellos actores que tienen vínculos con el diseño y la ejecución de las políticas. El riesgo es caer en un bloqueo institucional en el que no sea posible aplicar nuevas políticas; creo que la sabiduría de transformar la educación en Uruguay es lograr hacer que las miradas y posicionamientos distintos converjan a un esquema que viabilice nuevas políticas educativas.
—En lo institucional ¿qué cambios se deberían hacer? ¿Qué puntos débiles habría que atacar desde el inicio?
—No soy experto en pedagogía, pero tengo algunas intuiciones fuertes.
La primera tiene que ver con que es imposible, en cualquiera de los niveles educativos, construir un cambio relevante si no se consolidan las comunidades educativas a nivel social. Como tema general debería funcionar para todos los niveles; debemos pensar un esquema donde los docentes, en lugar de tener un nivel de dedicación al centro relativamente marginal en su estructura de trabajo global, pertenezcan a una comunidad.
Pero eso parte de un cambio institucional, e institucional quiere decir que la forma que se piensa la actividad educativa sea también desde los centros educativos, sin que esto implique una autonomía plena. O sea, los diseños de esos centros tienen que estar asegurando que la calidad sea comparable, porque si no, puedo correr el riesgo de la fragmentación, con centros de alta calidad y otros de muy baja calidad.
Lo otro son cambios institucionales que permitan una articulación mayor entre los grados de formación. Es decir que el pasaje de educación primaria a secundaria sea menos dramático. Romper cierta lógica de rigidez; si tengo un nivel de formación adecuado y quiero migrar a formarme a nivel de la Universidad de la República, que se me reconozcan los avances que realicé en los diferentes centros educativos con otra facilidad y viceversa.