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Noticias provenientes de la vecina orilla dan cuenta de la sorpresa que ha causado en el ambiente artístico la aplicación de una llamada “visa de artista”, (valor 100 dólares) que tienen que pagar los artistas extranjeros cada vez que actúan en escenarios argentinos.
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El tema no es tanto el costo de la tal “visa”, sino la sanción por omitir su pago. El Cuarteto de Nos, que, como su nombre lo indica, debería haber pagado 400 dólares por subirse a un escenario porteño, no los pagó de entrada porque sus integrantes ignoraban su existencia, y cuando se bajaron, antes de permitirles ir al baño, los eficientes sabuesos de la AFIP (que es la DGI argentina) les cobraron a los infractores la módica suma de 16.000 dólares, 400 por las “visas”, y 15.600 de multa por no haberlas pagado en tiempo. Está bien que algunas letras del Cuarteto son transgresoras, pero lo que queda claro es que sus autores son unos defraudadores fiscales de marca mayor.
Me contaba un amigo que estaba la semana pasada comiendo solo en un restaurante de Puerto Madero, y junto a él almorzaba una familia típicamente uruguaya, por los modismos y las expresiones que usaban conversando entre ellos. El padre de familia estaba disfrutando un hermoso bife de chorizo, y el atento mozo se le acercó y le preguntó “¿está a su gusto la carne?”. A lo que el oriental replicó “¡sí, tá riquísimo!”. Y acto seguido se dirigió a su inquieto hijo menor, que se estaba peleando con un hermanito, y le dijo “¡dejá tranquilo a tu hermano, ¿ta?”
Minutos más tarde aparecieron en escena unos señores de marrón, con rostro adusto y aspecto intimidatorio. Se le acercaron a la familia presuntamente uruguaya y le preguntaron al jefe de familia “¿ustedes son uruguayos?”, a lo que el pater contestó amablemente que sí.
—“Bien” —dijo entonces uno de los dos, extrayendo de entre sus ropas un carnet que lo identificaba como inspector de la AFIP —“procederé a cobrarles en este acto la tasa de ingesta de alimentos argentinos por parte de extranjeros, que asciende a la suma de 25 dólares por cabeza, pero que en el caso de ustedes será de 50 por cabeza, porque hay un recargo de 100% aplicable a los yoruguas, perdón, a los uruguayos, decretado la semana pasada a causa del conflicto con la pastera contaminante, bueno, usted sabe, eso no se lo tengo que explicar, así quemmm, bueno 50 por 4 me da 200 dólares, que si me hace el favor…” —y le extendió un recibo mientras el indefenso ciudadano uruguayo entre el asombro y la protesta (que fue calmada con la amenaza de requerir la inmediata presencia policial para respaldar el acto recaudatorio) desembolsaba la suma facturada.
Supe también de otro caso de una familia chilena (extranjera, para el apetito fiscal argentino) que visitaba en Parque Temaikén, disfrutando la observación de los innumerables animales que lo pueblan. Los niños no paraban de asombrarse ante los pumas, las cigüeñas, los elefantes y los peces del maravilloso acuario.
En determinado momento aparecen circulando cuatro sujetos con libretas de recibos en la mano. Detienen a la familia y le dicen a los padres de los niños “ustedes son extranjeros, los detectamos por la manera de hablar”.
—“Tai claro, huevón, que somo shileno, ¿cachai?” —replicó el turista trasandino, confirmando las sospechas del grupo de asalto, uno de los cuales, presuntamente el jefe, se identificó como inspector recaudador de la AFIP, y procedió a explicarle la razón de la detención.
—“Hay una nueva tasa por observación infantil foránea de animales en cautiverio ubicados en el territorio de la nación, y otra por la observación de mayores extranjeros de los mismos animales. El monto es de 5 dólares por animal observado por los pibes, y de 7 en el caso de los mayores de 18 años. Los venimos siguiendo desde que entraron, y llevan ustedes ya observados 45 animales diferentes, por lo que procederé a cobrarles este tributo” —dijo el inspector, a lo que el chileno reaccionó de la manera esperada en cualquier ser normal.
—“¡Tai loco, jueputa! ¡Le vai a cobrar a tu madrina, ladrón sinvergüenza! ¡Al tiro nos vamo de aquí, huevón!” —vociferó el pobre hombre, quien de inmediato fue detenido por otro de los integrantes del grupo, que se identificó como oficial de la policía federal, en apoyo a las gestiones de la AFIP.
—“Queda usted detenido por desacato, por lo que a la tasa que le corresponde pagar por la observación de los animales, se le agrega una multa por el desacato especialmente agravado por el uso de interjecciones insultantes, que es de 2 dólares por insulto, y, a ver, acá tengo grabado lo que usted acaba de decir” —dijo el policía de particular extrayendo de uno de sus bolsillos un minigrabador –“son 180 palabras, 360 dólares en total para obtener su liberación, más 530 por concepto de la tasa de observación de animales, son 890 dólares”.
—“¿Y qué pasa si no los tengo encima, huevón?” —preguntó vencido el infractor y defraudador extranjero.
—“Vas en cana, boludo, más te vale pagar ahora, o hay calabozo para vos, ¿mentendés?” —replicó el jefe muy suelto de cuerpo.
Circula asimismo la versión de que a los turistas que usan taxis, en camino al destino solicitado los tacheros hacen una parada en una sucursal de cobranzas de la AFIP (abiertas las 24 horas del día), donde les cobran un impuesto al desplazamiento de extranjeros en autos de alquiler circulantes en el territorio argentino.
Está claro que las finanzas argentinas están en la lona, y que se están quedando sin reservas y sin guita, pero lo que nunca se les acabará a los argentinos es su creatividad.