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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn los últimos meses y en la situación que vive el país, un grupo de legisladores está muy apurado porque en Uruguay se apruebe una ley de eutanasia y suicidio asistido, que no es una necesidad de la población, y sí lo son la universalización de los cuidados paliativos para que todos los uruguayos tengan la debida atención y no tengan que sufrir al final de sus vidas ni durante enfermedades crónicas y severas.
Lo que escucho a diario y veo en las redes sociales es un gran desconocimiento sobre el tema, en profesionales de todos los ámbitos, en el personal de la salud, en periodistas y en legisladores, que creen que es una cuestión de libertad individual y que la eutanasia es la solución al sufrimiento de las personas.
He trabajado al lado de los pacientes que viven las más duras enfermedades desde hace 30 años y he atendido a más de 8.000 pacientes, de los cuales me sobran los dedos de una mano para contar los que hayan pedido morir. A su vez, los que piden morir, una vez aliviados, desisten. ¿Los uruguayos que están padeciendo estas enfermedades quieren morir o quieren aliviar su sufrimiento? Mi experiencia me dice que la eutanasia no es ninguna solución, sino un problema cuyas consecuencias sociales serían devastadoras, probadas ya en otros países que naturalizan el descarte de los ancianos con demencia, pacientes oncológicos e incluso personas con discapacidad. Una vez que cruzamos la línea, las excepciones no terminan, porque matar a un ser humano se vuelve una práctica justificada con toda clase de falacias.
Muchos siguen confundiendo las voluntades anticipadas con hacer Eutanasia pasiva, la sedación paliativa hecha en ámbitos de urgencia o domicilio por síntomas graves incontrolables con eutanasia activa y directa, y usar varios fármacos a la vez en una sedación, por ejemplo, por varios síntomas, dolor vómitos asociados, con cóctel lítico. Así la población se convence de fantasías que no responden a la realidad. Porque en Uruguay la eutanasia no se practica en las sombras. El mito se instaló dado que el médico en general no tiene ni los tiempos ni las herramientas para una deseable buena comunicación que esclarezca el objetivo y el proceso de la sedación paliativa. Los médicos no actuamos con la intención de matar ni matamos a nuestros enfermos con la vida amenazada, sino que aliviamos el sufrimiento.
El actual proyecto de eutanasia y suicidio asistido es incompatible con nuestro Código de Ética Médica, que siendo ley y aprobada por un plebiscito por todos los médicos del Uruguay, no admite que el médico le dé muerte a su paciente, porque es una acción contraria a la vocación médica. No nos forman para matar a la gente, sino para curarla y si no podemos, aliviarla y evitarle sufrimientos, acompañándola hasta el final, para que muera dignamente, en paz, acompañando también a la familia. Pero ahora quieren cambiar los fundamentos de la acción médica.
¿Por qué los médicos estamos tan callados ante tal atropello? ¿No es indignante lo que escuchamos a diario fruto de la ignorancia y el prejuicio? ¿Vamos a permitir que un grupo de legisladores nos presionen para cambiar nuestro Código de Ética? ¿Cómo proteger a los pacientes vulnerables ante presiones familiares y sociales?
Como médicos, como seres humanos, ¿cómo viviremos que nos carguen con la deshumanizante misión de dar muerte a los pacientes que lo pidan?, ¿cómo quedarán afectadas nuestras relaciones con los pacientes y con sus familias si nos convertimos en algo que nunca fuimos?, ¿como médicos nos hemos puesto a pensar en los efectos de una ley como esta en la práctica diaria?, ¿nos clasificarán laboralmente entre los que practican y no practican eutanasia para otorgar trabajo?, ¿habrá cambios en nuestro laudo salarial por no practicar o practicar?, ¿quién asumirá el costo de las demandas legales?, ¿cómo se prevendrán y resolverán las presiones institucionales en torno al tema?
Nuestro gremio médico debería plantear un serio proceso de profundo debate y de serena reflexión sobre estos aspectos antes de respaldar el proyecto de ley de eutanasia y suicidio médicamente asistido dando por sentado el aval de 15.000 médicos por el apoyo de solo 240 en una encuesta que omite —creo, ex profeso— la alternativa de los cuidados paliativos para aliviar el sufrimiento.
¿Estamos preparados para una violenta perversión de la medicina? ¿Lo permitiremos? La última vez que sucedió algo así, fueron condenados como crímenes de lesa humanidad, pero parece que la sociedad olvida rápido cuando se disfraza de compasión la eliminación de seres humanos.
Todos los que pretenden convencer a la sociedad sobre la eutanasia como un bien, se refieren a la libertad del paciente a elegir cómo morir y a la compasión con el que sufre. ¿No está eso ya regulado en la Ley de Voluntades Anticipadas? ¿Pero quieren que además cometamos homicidio o seamos cómplices de suicidio de nuestros pacientes y de un mayor número de suicidios en la población? ¿Son los pacientes que sufren libres como quienes promueven la eutanasia? En los momentos de la vida donde necesitamos más apoyo, atención, cariño, cuidado, alivio y paciencia, quieren decirnos que podemos elegir dejar de ser una “carga” para los demás. ¿Seguiremos viendo como meros espectadores que atropellen la ética médica? ¿Qué legado les dejamos a las próximas generaciones de médicos? Lo mínimo sería que hablemos más en serio de estos temas, discutamos y exijamos ser consultados y que quienes legislan sean más responsables en consultar al organismo representativo de la ética médica: el Colegio Médico del Uruguay; así como a la Sociedad Uruguaya de Medicina y Cuidados Paliativos. No temamos involucrarnos, se trata de la vida de nuestros pacientes, de la nuestra y del futuro de todos los uruguayos.
Dra. Ana Guedes
Médica especializada en Medicina Interna y Oncología
Diplomada en Cuidados Paliativos y en Bioética