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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYa en democracia, en la fiesta de cumpleaños de mi tío, el antes contraalmirante y senador Juan José Zorrilla, me presentó al contador Danilo Astori.
Quiero acercar mi homenaje y recordar al que debió ser presidente: Danilo Astori.
Desde la Facultad de Ciencias Económicas, todos los estudiantes y profesores lo querían, por ser buen docente y sobre todo una persona íntegra.
Cuando recién electo el primer gobierno de Tabaré Vázquez, fui invitado con Vázquez y Astori a Buenos Aires, a una conferencia para inversores. Una empresa italiana, Ghella, de primera línea, con el Bepfa Bank de Alemania, quedaron impresionados con la seriedad de la propuesta económica de Astori, y estudiamos juntos megaproyectos de inversión en Uruguay, para el desarrollo del Uruguay y la región. También con Weyerheauser de EE.UU y ENCE de España.
Como analista de procesos, y como muchos que aún hoy no comprenden qué pasó, yo no entendía cómo Astori perdió la postulación presidencial en 2009. Con la bonanza de los commodities y la situación internacional, si se hubiera mantenido su línea era muy posible la remontada de Uruguay, aún más pronunciada que Chile, para dar un paso enorme hacia una sociedad más educada, más productiva, más solidaria y en camino del desarrollo sostenible. Una oportunidad dorada. Otra oportunidad perdida.
Recién en 2019, cuando antes de las elecciones se dieron cuenta de que tenían un espía de Mujica desde hacía años, y Asamblea Uruguay lo hiciera renunciar a Pintado en el Senado, todo el entramado quedó a la luz.
No era solamente que Mujica tuviera apoyo financiero inocultable de las reservas de los tupamaros y sus andanzas, del apoyo de Soros, Kirchner y Chávez, que sumaron millones y después pagó en especies. Tenía en primera fila de Astori el espía que le soplaba todos los movimientos, los caudillos que visitaba, las conversaciones del contador, ¡y Mujica llegaba siempre antes!
Otros, como antes habían abandonado a Seregni por un arreglo entre Vázquez y Sanguinetti, también lo abandonaron a Astori. Sería más manejable Mujica que Astori para ellos. Y el país se perdió una oportunidad de tener un presidente de concertación, con ideas claras y seriedad, que pudo haber guiado al país hacia un futuro ordenado, concertando voluntades, moderno, sin corrupción y solidario.
En los 50 años de febrero de 1973, en febrero próximo recordaremos al comandante Zorrilla y a los marinos que defendieron las instituciones y la Constitución. Y a los civiles que no claudicaron, como Amílcar Vasconcellos, como Jorge Sapelli, incluso a los que dentro del Frente no se engañaron con las proclamas peruanistas ni las falsas promesas de los confabulados generales.
Un Uruguay serio y solidario, democrático y volcado al progreso, aún es posible. Como lo quiso Artigas, como lo quisieron los próceres, como quiso y no pudo ser Danilo Astori presidente.
Ing. José M. Zorrilla